No hace falta cruzar el Atlántico ni plantarse en Río de Janeiro para toparse, salvando las distancias, con una imagen que recuerda al famoso Cristo Redentor. En plena provincia de Toledo, la pequeña localidad de La Nava de Ricomalillo presume desde hace un año de su propio “cristo” elevado sobre el paisaje, convirtiéndose en un nuevo reclamo para curiosos y viajeros.
Ubicado en la comarca de La Jara, este municipio toledano, de apenas 500 habitantes, cuenta con una identidad muy ligada a su historia —marcada, entre otros hitos, por el hallazgo del Tesoro de Guarrazar— y a su entorno natural. En ese escenario surgió, hace ya dos décadas, la idea de levantar un monumento al Sagrado Corazón de Jesús. El reto no era menor: pocos vecinos y recursos limitados para una obra de gran envergadura.

Con esfuerzo colectivo, los habitantes lograron reunir el dinero necesario y encargaron la escultura al artista extremeño Rodrigo Espada Belmonte. El resultado fue una figura de ocho metros de altura y cerca de 35 toneladas de peso.
Sin embargo, tras su llegada al municipio —dividida en dos grandes piezas—, la falta de medios impidió completar el último paso: subirla hasta lo alto del cerro del Mogorro. Durante casi 15 años, la imagen permaneció almacenada en una parcela municipal, a la espera de una solución.
El traslado definitivo no fue sencillo. Desde el punto donde se encontraba hasta la cima del cerro, la escultura tuvo que recorrer un complicado trayecto de unos 4,5 kilómetros. Finalmente, gracias a la colaboración entre la comunidad parroquial y el Ayuntamiento, la imagen fue colocada en su ubicación definitiva, dominando el paisaje de la zona.

La inauguración oficial tuvo lugar en junio de 2025, con la bendición del arzobispo de Toledo, monseñor Francisco Cerro Chaves, quien puso palabras al significado simbólico del monumento.
Durante el acto, destacó que la imagen es “una luz en la noche para peregrinos, para caminantes, para los que van en su coche, para los que van hacia arriba o hacia abajo. Cristo es la luz y Cristo con su corazón. Es una luz que ilumina a este mundo; en este mundo tan lleno de conflictos, de guerras de sufrimientos; ahí, Jesucristo ilumina el camino de todos los peregrinos”.
El arzobispo también subrayó el componente espiritual de la iniciativa, señalando que “estamos aquí diciéndole a Jesús que reine en nuestros corazones, en el corazón de cada uno de nosotros”. En la misma línea, insistió en la necesidad de referentes que transmitan valores: “Necesitamos siempre una imagen de Jesús que nos hable del amor de los amores y que nos invite a la reconciliación, a la paz, a caminar juntos, como decimos en nuestro sínodo diocesano”.

Hoy, la figura del Sagrado Corazón ya se alza visible para quienes circulan por la N-502, la carretera que cruza la comarca de La Jara de norte a sur.
Allí, sobre el cerro del Mogorro, este particular “Cristo de La Jara” se ha convertido en un nuevo símbolo para el municipio y en una estampa que, sin salir de Castilla-La Mancha, evoca —aunque sea de forma metafórica— a uno de los monumentos más reconocibles del mundo.
