Moriscote, la aldea de Albacete donde viven más gatos que vecinos

Entre calles tranquilas y montañas, una pequeña pedanía de la Sierra del Segura ha encontrado en los felinos a sus habitantes más numerosos

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Los animales de compañía forman parte de la vida de muchas personas. Hay quien convive con un perro, quien tiene un gato en casa o quien simplemente disfruta del cariño que aportan los animales.

Pero, ¿te imaginas vivir en una aldea donde haya más gatos que vecinos? Eso es precisamente lo que ocurre en Moriscote, un pequeño rincón de la provincia de Albacete donde los felinos se han convertido en los auténticos protagonistas.

Situada a unos 45 minutos de la capital albaceteña y camino de la Sierra del Segura, Moriscote es una pequeña aldea castellano-manchega repartida entre los términos municipales de Aýna, Liétor y Alcadozo. Se trata de un lugar diminuto y muy tranquilo que arrastra desde hace décadas el problema de la despoblación. De hecho, ya a mediados del siglo XIX apenas contaba con cuatro casas registradas.

Hoy en día la situación no es muy distinta. Se calcula que en Moriscote viven entre cinco y ocho personas. Sin embargo, la cifra cambia radicalmente cuando se habla de gatos. En sus calles y rincones habita una colonia felina que ronda la veintena larga de ejemplares, llegando a superar los 25 animales. Los gatos cuadruplican así el número de vecinos humanos de esta peculiar pedanía.

Lejos de convertirse en un problema, los felinos han terminado dando identidad propia a Moriscote. Las vecinas del pueblo impulsaron la asociación Gatos de Moriscote, un proyecto que busca cuidar y proteger a los animales mientras sueñan con convertir la aldea en un futuro refugio oficial para gatos.

A través de la cuenta de Instagram @gatosdemoriscote, muestran el día a día de la colonia y explican cómo alimentan, cuidan y controlan la población mediante el método CES —captura, esterilización y suelta—, una fórmula muy utilizada para gestionar colonias felinas. Todo el trabajo se realiza de forma voluntaria y la asociación se financia vendiendo productos en mercadillos solidarios.

Las redes sociales también han servido para contar las historias de muchos de los gatos que viven allí. Una de las más conocidas es la de “Guitarrica”, un gato nacido en las calles de Moriscote que enfermó y acabó falleciendo. Su historia fue el impulso definitivo para crear la asociación y ayudar a otros animales que viven en situaciones similares.

En sus publicaciones recuerdan que “Guitarrica ya no está aquí físicamente, pero sigue presente en cada mirada felina, en cada ronroneo y en cada ayuda que puedan recibir el resto de la manada”. Desde entonces, gatos como Silvestre, Kiara, Nube, Panda o Bigotes forman parte de esta singular familia felina que ha puesto a Moriscote en el mapa.

Lo que parecía una pequeña aldea más de la Sierra del Segura se ha transformado en un curioso ejemplo de convivencia entre personas y animales. Un lugar casi vacío de habitantes, pero lleno de maullidos.

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