La Audiencia Provincial de Toledo ha celebrado este martes el juicio contra un expárroco acusado de un delito continuado de abuso sexual a un menor de 16 años, hechos presuntamente cometidos entre 2015 y 2020, por los que se enfrenta a una petición de seis años de cárcel. El denunciante tenía 15 años en el momento de los primeros episodios.
La vista oral se ha desarrollado a puerta cerrada, a petición del Ministerio Público, y tanto la Fiscalía como la acusación particular han mantenido la petición de condena tras el juicio. La acusación particular se ha adherido a la solicitud del Ministerio Público, ya que no pudo realizar petición propia por el momento procesal en el que se incorporó a la causa.
Durante el juicio, el acusado se ha negado a responder a las preguntas de la Fiscalía y de la acusación particular, limitándose a contestar únicamente a su propio letrado. Así lo ha explicado a los medios de comunicación la abogada del denunciante, Laura Jiménez Campos, tras la finalización de la vista. Jiménez Campos ha señalado que consideran probados los hechos: «Los hechos que ha cometido el acusado son ciertos y esperamos realmente que se haga justicia.
Las sensaciones son bastante positivas pese a que ha sido una declaración bastante dura por la parte del perjudicado y entendemos que la sentencia saldrá favorable y que se haga justicia», ha remarcado la letrada.
La denuncia fue presentada hace aproximadamente tres años a través del Arzobispado de Toledo, según ha detallado Jiménez Campos. No obstante, según las conclusiones provisionales del fiscal, que han sido elevadas a definitivas tras la vista oral, los hechos se remontan a 2015, cuando el acusado era párroco del municipio toledano de Añover de Tajo, donde ejerció desde 1998 hasta 2017.
El denunciante comenzó a ser monaguillo en 2015, mientras cursaba la ESO, y el acusado se ofreció a darle clases particulares de latín en su domicilio, próximo a la parroquia. Según el fiscal, fue en ese contexto donde comenzaron los abusos, que se produjeron de forma continuada durante el curso y en el transcurso de las clases, que tenían lugar dos veces por semana. Al año siguiente, el menor tuvo problemas de salud y fue ingresado en el hospital, donde el acusado lo visitaba con frecuencia, incrementando así su trato con él.
En septiembre de 2017, el denunciante ingresó en el Seminario Menor de Toledo. El párroco procesado continuó visitándole y, en algunas ocasiones, le invitaba a comer fuera e incluso llegó a quedarse a dormir en casa del acusado, donde, según la Fiscalía, se repitieron los mismos episodios sin consentimiento del menor.


