viernes, 20 marzo 2026

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Miguel, Andrés, Leonor, tres imperios en la M-30 y la paradoja de los 200.000

Tres historias de éxito nacidas en Cuenca que conquistaron Madrid sin perder sus raíces

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Se cansa uno de hacer didáctica a la hora de hablar de la España rural, ese concepto tan mal sobado por algunos oportunistas para intentar sacar algún rendimiento de lo que ya no da más de sí. En el plano público, es fácil detectar si quien habla de los pueblos lo hace por vocación o por ambición. Que los que somos de aquí ya sabemos que uno solo se acuerda de su pueblo cuando llueve.

Fue en el año 2017 cuando la provincia de Cuenca perdió la barrera de los 200.000 habitantes. El éxodo era más bien una sangría y el territorio se había limitado a convertirse en una fábrica de conquenses, de los cuales exportaba casi todos.

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El capricho de la estadística provocó incluso algunos de los titulares más dolorosos de escribir para un periodista conquense. Con los datos en la mano, la primera quinta parte del nuevo siglo había servido para poder decir con rotundidad que éramos más conquenses fuera de Cuenca que en nuestro propio territorio. Algo menos de 300.000 DNIs lucían nuestra provincia en el anverso, de los que más de 150.000 solo podían hacerlo en el epígrafe de “lugar de nacimiento”.

Nueve años después, con una Ley contra la Despoblación ya a pleno rendimiento y con una carta de servicios empresariales que empieza a nutrirse, por fin, más allá del empleo público, la situación empieza a revertirse. Y así fue que el mes pasado pudimos titular que la provincia de Cuenca recuperaba a su simbólico paisano número 200.000 para superar esa barrera de censados. Si nace usted mañana en Cuenca, querido paisano, tiene usted más oportunidades de elegir quedarse de las que muchos tuvieron.

Porque el éxodo rural no es un invento moderno y Cuenca contribuyó, de qué manera, a engrosar las chabolas que proliferaron al sur de Madrid en la primera mitad del pasado siglo, más allá del río, si es que uno mira desde la Puerta del Sol. Y aquí tuvieron que prosperar nuestros paisanos a base de dar de comer a la capital. Lo que tienen las cosas del comer.

MIGUEL, LA CARNE Y LA HONRA PALETA

Miguel Crespo nació en Belinchón, pero lleva toda la vida despachando en Madrid. Va para 60 años que se pone el mandil rayado verde y negro, siempre a cabeza tapada, para atender al madrileño y al de fuera y cubrir su necesidad de carne.

Casi al azar tuvo que hacerse hueco en el Mercado de Antón Martín, el más populoso e insalubre de la época pasada. Y, como la raíz no se olvida por mucha chuleta que uno tenga que cortar, se instaló con el nombre de “El Paleto de Cuenca”. Y no saben con cuánta honra.

Ya octogenario, va camino de dar cumplimiento al primer eslogan que lució en un cartel: “Si quieres llegar a los 90, come jamón del Paleto de Cuenca”. Y así se hizo hueco y consolidó una fama que le llevó a servir carne y embutido a todo el barrio de La Latina y a gente del extrarradio.

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De tanto que afiló el cuchillo, ensanchó sus mostradores y, más allá del vigente en el mercado, junto a la calle Atocha, levantó la persiana en el mercado de La Paloma, y aquí es donde quizá se jubile algún día.

Aquí, la calidad es innegociable, porque luce Cuenca en el letrero. Y lo que en su día fueron chacinas y filetes se acompaña ahora de bollería, queso y vino. No solo para el madrileño de a pie: también sirve en los principales comercios y restaurantes de la capital del reino. No dispensa a nadie al que no llame “cliente de toda la vida”.

Nacido en el 50, contaba catorce velas sopladas cuando se fue a Madrid, sirviendo en una casa en la que cobraba cinco pesetas la jornada. En el 67, con las perras ahorradas, alquiló un pequeño despacho de carne en el extinto Mercado de Barceló, preludio de la tienda que regentó cerca de la calle Alcalá. Ahí empezó a construir una historia de éxito, tanto que a los 21 era dueño de dos toldos que se tambalearon con la llamada obligatoria del servicio militar. A la vuelta, todo eran deudas y desconfianza hacia quien se hizo cargo del negocio de manera interina.

Su indumentaria de jersey y pantalón le valió el mote de “Paleto”, y el apellido “de Cuenca” se convirtió en inseparable. A uno le basta con mirar sus vitrinas para ver cómo destilan paisanaje.

ANDRÉS, CUANDO LA CALIDAD NO SE DISCUTE

Otro medio siglo relata Andrés desde su mantequería del Paseo de los Olmos. Con Valdeolivas en el corazón, supo que ya no volvería a su tierra en cuanto heredó la gestión del negocio instalado en el barrio de Acacias, que aún sube el telón cada mañana mientras la habitual clientela hace cola antes de la apertura.

La clave del éxito fue sencilla: despachar solo productos de alta calidad y de todos los rincones de España, con todo aquello que luzca etiqueta de Cuenca en los lugares privilegiados de la estantería.

El padre de Andrés dejó Valdeolivas a los 13 años y encontró acomodo en Casa Pepe, el preludio de la mantequería que sigue vigente. A la muerte de don José tuvo que hacerse cargo para no dejar huérfanos a unos clientes que se encomendaban a su mano artesana a la hora de recomendar una vianda. Vinos, conservas, dulces, legumbres… para levantar una fortaleza de la calidad extrema donde la miel de su pueblo o el queso manchego reinan sobre todos los demás.

Andrés construyó legado y sus hijos siguen la estela, y si lo hacen es, ni más ni menos, que por pura constancia. La reinvención durante la pandemia y el reparto online mantuvieron a flote la marca de una pequeña tienda que vence a las grandes superficies comerciales del interior de la M-30 a base de etiqueta premium.

Más de 2.000 referencias que, para ser vendidas por Andrés, han de pasar sí o sí un minucioso casting de paladar y sentimiento.

LEONOR, O CÓMO CRUJIR COMO NINGUNA

De Fuente de Pedro Naharro salieron en 1975 Leonor y Julián para, a saber qué, en la capital de España, donde el destino les guardaba una misión: despachar las patatas fritas más crujientes al norte del Manzanares.

Con los girasoles de su pueblo en la memoria, vinieron a llamar “Sol de Castilla” a la marca que lleva ya más de medio siglo vendiendo patatas y pipas, dos materias primas que se quedaron cortas y se aliaron con frutos secos y caramelos para dar forma a lo que sería una pequeña gran empresa.

Con ADN labriego, recalaron en casa de Crisanto, un amigo del pueblo que, desde el mismísimo distrito de Cascorro, les encomendó freír patatas, lo que fue el punto de partida de una aventura empresarial que aún perdura.

Aprendida la lección y con la mili mediante, eligieron Getafe para empezar a producir, tostando una pipa al mismo tiempo que se freía una patata. Y de chasquido en chasquido, el sur de Madrid empezó a ser suyo. Bien lo recuerdan en el campo de fútbol de Las Margaritas.

Con pequeña ambición y tesón desmedido fue como hicieron que su logotipo llegara a colgar de más de una docena de carteles en toda la ciudad. Pipa y patata, las reinas de la corte, se arroparon así de un séquito de pipas, pistachos, anacardos, cortezas y quicos.

La primera tienda de la plaza del General Palacios tuvo su primera compañera diez años después, en Móstoles. La conquista siguió apuntalándose en el sur de Madrid hasta llegar a Valdemoro, dando el salto a la capital en el 92, aperturando en la calle Cartagena. Peña Prieta, Francos Rodríguez, Bravo Murillo y Paseo de las Delicias completaron todos los escaparates donde el sol de su tierra se vende y se disfruta.

Y, cómo no, con Cuenca en el corazón y en el mostrador. Que Leonor y su recua también dispensan pistachos de Motilla.

Tres historias, tres ejemplos de cómo salir de Cuenca se hace solo a la fuerza; tres historias que demuestran que un conquense jamás rompe el hilo con su tierra.

Humberto del Horno
Humberto del Hornohttps://somosclm.com
Humberto del Horno (Cuenca, 1985), licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, llegó en 2011 a la Delegación de Europa Press en Castilla-La Mancha, que dirige desde 2013. Actualmente compagina este cargo con columnas en La Tribuna de Cuenca y El Digital de Albacete, además de colaborar en tertulias de Radio Castilla-La Mancha y en el programa Estando Contigo de la televisión regional.

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