jueves, 12 marzo 2026

· Manzanares | Toledo ·

Con C de cobardía

Artículo de opinión de la vicesecretaria de Mujer e Igualdad del PP-CLM y senadora, María Patricio

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Si algo define hoy al socialismo no es la valentía moral que proclama, sino la cobardía política que practica.

Hay letras que describen a la perfección una forma de hacer política y, en este caso, es la C.

España vive atrapada en una situación política cada vez más absurda, un Gobierno que sigue ocupando el poder pero que no puede ejercerlo. Un Ejecutivo incapaz de aprobar Presupuestos, dependiente de socios que le retiran el apoyo según convenga y condenado a sobrevivir decreto a decreto mientras la legislatura se convierte en una travesía cada vez más difícil. Porque cuando un gobierno ya no tiene fuerza parlamentaria, ni estabilidad política, ni capacidad real para sacar adelante su agenda, lo que queda no es liderazgo. Lo que queda es desgaste, un desgaste que sufrimos todos los españoles. Y ese desgaste no empieza por G de gestión. Empieza por C de caduco.

Y es que, lo que estamos viviendo en España parece el guión de un thriller mafioso, un gobierno que acumula escándalos que habrían provocado terremotos políticos en cualquier democracia seria pero en el Partido Socialista se ha instalado una lógica inquietante, cuando el acusado es de los suyos, la exigencia moral se vuelve sorprendentemente flexible. Y conviene decirlo con claridad, esta no es la historia de un presidente engañado por su entorno, sino la de un entorno que creció al amparo del presidente. Porque en España nadie duda que el fraude empieza en Ferraz y termina en el cuartel general del sanchismo, la Moncloa. Una forma de gobernar que tampoco empieza por G, empieza por C de corrupción.

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Muchos de estos escándalos comparten un elemento especialmente repugnante, las “sobrinas”, un eufemismo miserable con el que algunos intentan disfrazar lo que en realidad es prostitución. Y ahí es donde se desploma por completo el feminismo de escaparate del PSOE. Porque mientras el Gobierno presume de feminismo rodeado de pancartas, la realidad es que las mujeres se sienten hoy más inseguras que nunca. Fallan los sistemas de protección, se improvisan medidas que no funcionan, se aprueban leyes que terminan beneficiando a agresores y, cuando aparecen acosadores y puteros dentro del propio partido, se impone la ley del silencio. Un silencio que también practican los socialistas castellanomanchegos que callaron a pesar de estar advertidos de las consecuencias de la ley del “solo si es si” y callan ahora ante las tramas y denuncias. Ese es el verdadero balance de su feminismo. Y ese feminismo no empieza por M de mujer. Empieza por C de cínicos.

El panorama nacional es desolador, pero es que la realidad en Castilla-La Mancha tampoco invita precisamente al optimismo. Page presume de gestión mientras los problemas se acumulan sin solución. Anuncios en educación que en realidad son vacantes sin cubrir, ratios que suben y falta de recursos de todo tipo; el paro femenino sigue siendo el más alto de España; emprender es cada vez más difícil para autónomos ahogados por impuestos y burocracia; agricultores y ganadores ignorados; listas de espera sanitarias disparadas, carrera profesional paralizada e infraestructuras abandonadas sin que nadie asuma responsabilidades. Mucho titular triunfalista y chascarrillo fácil pero cuando uno analiza el día a día de los castellanomanchegos aparece una administración desordenada, improvisada y sin rumbo. El gobierno de Page ostenta su propia inicial, C de caótico.

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Si alguien todavía cree que Emiliano García-Page es una especie de socialista distinto, basta con observar que ocurre cuando llegan momentos decisivos. Mucho gesto crítico para marcar distancia, pero cuando toca decidir, siempre termina alineado con el sanchismo. Le gusta el teatrillo al supuesto barón rebelde pero la realidad es bastante menos épica, es parte del mismo engranaje político y nunca desaprovecha la ocasión de protegerlo, hace unos días lo teníamos haciendo campaña por el candidato sanchista de Castilla y León. Y resulta curioso que, con lo que le gustan los titulares, no haya dedicado ni uno solo a los presuntos trapicheos de su mentor, el señor Bono. No cabe duda, el papel de Page no empieza por C de crítico. Empieza por C de comprometido.

Pero no olvidemos al resto de socialistas castellanomanchegos. En el Congreso Federal del PSOE volvieron a respaldar a Pedro Sánchez sin reservas, conociendo perfectamente de dónde venía su liderazgo y las sombras que rodearon aquellas primarias que lo devolvieron al poder socialista. Nadie puede alegar ingenuidad a estas alturas. Ni Page, ni Bellido, ni Sara Simón, ni Rafa Esteban, ningún socialista de Castilla-La Mancha. Todos sabían lo que votaban y decidieron sostener el mismo proyecto político viciado y pervertido. Porque cuando se conoce la realidad y aun así se decide apoyar al responsable, no estamos hablando de disciplina de partido. Estamos hablando de la C de cómplices.

Y mientras todo esto ocurre, los españoles soportamos un Gobierno más preocupado por resistir que por gobernar. Y en Castilla-La Mancha ese desgaste se multiplica, porque aquí no sufrimos uno, sino dos gobiernos socialistas, a Sánchez y a Page. Dos caras de una misma moneda, misma forma de actuar, mismo silencio ante los problemas y misma obsesión por mantenerse en el poder a cualquier precio. Para ellos todo es estrategia, relato o propaganda. Para los ciudadanos, en cambio, se ha convertido en una etapa larga, agotadora y profundamente injusta.

Después de tantos escándalos y silencios, hay una letra que lo explica todo.

Porque lo que soportamos hoy los españoles tiene una inicial protagonista. Y no es la C, Es la S.

S de Socialismo.

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