La tomellosera Rocío Marquina ha sabido convertir la herencia familiar en excelencia propia. Siguiendo la estela de su padre, “Il Dottore Marquinetti”, se ha consagrado como maestra pizzera, demostrando talento, constancia y una gran pasión por su oficio. En el Restaurante Marquinetti, una de sus especialidades es la elaboración de pizzas sin gluten, disciplina de las más complejas por el manejo de harinas alternativas.
Como integrante de la Selección Española de Pizzeros Artesanos, su brillante trayectoria la ha llevado a proclamarse campeona del mundo de pizza picante y a acumular numerosos reconocimientos que la sitúan como una referencia destacada en el panorama internacional de la pizza.

– A menudo, la pizza se asocia con la comida rápida, algo que contrasta con su enfoque de calidad y creatividad gastronómica. ¿Cómo ha trabajado para reivindicar la pizza como un producto de alta cocina?
Mis padres fueron los que empezaron. Han luchado sobre todo desde la base, que son las harinas. Aunque siempre se dice que el secreto está en la masa, realmente está en las harinas, porque hay que tener un buen producto para poder hacer una buena masa. Y estudiar su química, la absorción que tiene y la fermentación.
Y mejorando el tema de las calorías, buscamos que sea mucho menos calórico. En cuanto al sabor, como tal, siempre hemos luchado por no entrar en lo típico de asociarla con el tomate, la mozzarella, el jamón o algún producto más.
Mi padre quería cambiar y se cuestionó: “¿por qué a una pizza no se le puede añadir un producto espectacular como bacalao negro”. Quiso romper un poco el molde y, como siempre nos dice, pensar en calidad. Entonces intentamos —y creo que lo estamos consiguiendo— llevar la pizza a un plato de alta cocina
La dureza del agua también juega un papel importante. Si bien es cierto que la de Madrid, por ejemplo, está perfecta, a la de Tomelloso tenemos que rebajarle el pH, porque es mucho más dura, y eso sí influye mucho a la hora del amasado porque no absorbe bien el agua cuando empieza a fermentar.
Entonces cuando vamos a cualquier sitio de España, siempre se analiza el pH del agua, para ver si es necesario rebajarlo. Porque, como digo, la receta tiene que ser exactamente igual: el mismo peso, el mismo pH de agua…

– La creatividad y el alto nivel técnico de los pizzeros españoles sitúa a España entre las grandes potencias mundiales del sector. En este contexto, ¿cada cuánto se celebra el Campeonato Mundial de la Pizza y cuáles son las distintas modalidades de competición existentes?
Los campeonatos se celebran cada año; o sea, no nos dejan respirar: todo el rato se quiere que se hagan cosas nuevas. Y, dependiendo del campeonato, siempre hay unas modalidades fijas, como la clásica romana, la napolitana, la pizza dulce, la pizza pala y la pizza al taglio o al corte, como se suele decir también. Esas, y la de dúo de equipo nacional, o sea, de naciones.
Luego, a veces, añaden alguna otra modalidad. Por ejemplo —me lo invento—, si está el parmesano como patrocinador, entonces, si tu pizza lleva parmesano, puede también entrar a competir en esa modalidad. Eso cambia cada año, pero las que he dicho antes casi siempre están.
Sin olvidarnos de las acrobáticas: están también por equipos y por freestyle. El freestyle y el equipo son, por decirlo de alguna manera, como una danza con la pizza, para que se entienda. También está la pizza “più larga”, que consiste en estirar un disco de masa tanto como sea posible utilizando únicamente las manos. Se mide el diámetro sin que se rompa, no puede tener ningún mini agujerito.
Y luego está la de velocidad, cuya prueba consiste en realizar el estirado de 5 discos de masa tan rápido como sea posible. Las bolas de masa son proporcionadas por la Organización para todos los participantes y tendrán un peso de 200 gramos cada una. Cada uno de los participantes estará acompañado por un juez, que pondrá en marcha el cronómetro desde el momento en que empiece el estirado, hasta que los 5 discos de masa cubran completamente las bandejas de medición de 30 centímetros.
– Una competición comienza mucho antes del propio día de la prueba. ¿Con cuánta antelación se prepara su participación en un campeonato y cómo afronta ese trabajo previo?
El año pasado, por circunstancias y eventos, no pude ir. Y este año, al de Parma, que se hace ahora en abril, como coincide con el nuestro, tampoco puedo ir; irán mis compañeros.
Cuando participo en un campeonato, comienzo a prepararlo con meses de antelación, primero vas teniendo ideas, te fijas en cosas, para después empezar a hacer pruebas porque siempre tienes que hacer retoques. La primera vez es difícil que la pizza salga perfecta, así que tienes que empezar con tiempo para perfeccionar, dar a probar y decir: “¿Le pongo esto? ¿Le quito lo otro?”.
Mismamente, el ejemplo de una pizza que nos llevó tres meses terminarla fue la pizza “El Greco”, como digo desde la fase de inspirarnos, en seleccionar productos de la tierra que destacarán y luego están las pruebas, porque no es solo decir: “Bueno, le pongo tomate, jamón y ya está”. No, es ver qué ingrediente puede ir en horno, cuál fuera o cuál a media cocción.
– A mediados de abril se celebra la quinta edición del Campeonato de España de Pizzas Gourmet. En su papel de jueza, ¿cuál es su labor y qué criterios se tienen en cuenta para evaluar de manera justa y rigurosa los trabajos de los participantes?

Mi labor es, por así decirlo, puntuar la cocción de la pizza, el estiramiento y la destreza que tenga el pizzero o la pizzera que la está trabajando. También valoro cómo deja el puesto: si está limpio, organizado… Eso es lo que juzgo.
Y, siempre digo que nunca penalizo los nervios, porque soy la primera que lleva compitiendo muchos años y, todavía, cuando salgo a competir me pongo nerviosa. Entonces sé que, a veces, los nervios te juegan malas pasadas, así que intento ser cercana e incluso les doy algún consejo, si veo que lo necesitan. Les digo que estén tranquilos, que el tiempo va bien; no los agobio ni estoy constantemente encima de ellos con una mirada de presión.
A veces también pregunto qué lleva su pizza y, si veo algún ingrediente que quizá funcionaría mejor dentro o fuera del horno, les doy mi opinión. Siempre intento ayudar, la verdad. Para mí, el manejo es clave, porque se nota cuando un pizzero tiene buena destreza. También es verdad que, aunque hagas muchas pizzas perfectas, en competición pueden pasar mil cosas: se puede romper, colocar mal en el horno o que un ingrediente pese demasiado.
Por eso siempre digo: “Tranquilo, aunque te pases de tiempo, es mejor que la pizza llegue perfecta al jurado. Si hace falta, haz otra, no pasa nada”. Intento ayudar porque yo he estado muchas veces en su lugar, y cuando alguien es cercano y te calma, se agradece mucho. Eso sí, también me dicen que soy un poco exigente en la valoración, pero creo que juzgo como me han enseñado y como me gustaría que me juzgaran a mí.
– El sello Marquinetti, se ha consolidado como referencia en el sector gastronómico y cuenta con tres áreas clave: restaurante, escuela de pizzeros y asesoría para restauración. En un sector con tanta competencia, ¿qué distingue a cada una de ellas y cómo afrontan el desafío de diferenciarse de otras franquicias?
En el restaurante, yo creo que lo que nos diferencia es mantenerse con la misma calidad. Porque cualquiera puede subir muy rápido, pero mantenerse ahí es muy difícil. Entonces, en restauración, siempre intentamos mantener el servicio lo mejor posible: que una pizza, si vienes tres semanas seguidas y pides la misma, siempre sepa igual, que la calidad no baje. Siempre intentamos mantener la calidad; mejorar, por supuesto, todo lo que se pueda mejorar, pero sin bajar nunca el nivel. De hecho, mi padre nos “mataría” si eso pasara.
Antes mi padre tenía un huerto temporal, pero ha hecho un invernadero y vamos a empezar a trabajarlo para poder abastecernos durante todo el año, tanto de tomate Cherry como de calabacines y todos los vegetales que usamos en el restaurante. La idea es ser un poco más ecológicos y autoabastecernos.
En cuanto a la escuela, lo que queremos es diferenciarnos. Hoy en día hay muchos cursos online y aplicaciones, pero nosotros queremos que, si vienes a hacer un curso con nosotros, salgas sabiendo hacer esa masa de verdad. Y no solo eso: también enseñamos a solucionar problemas, como el tema del agua, el pH o las temperaturas del horno en verano e invierno.
No se trata solo de dar teoría y practicar un poco, sino de aconsejar y dar soluciones. Incluso cuando ya se van a casa con su título, si tienen cualquier problema, seguimos ayudándoles. No es hacer el curso y olvidarnos, sino acompañarlos en lo que necesiten.
Queremos que la gente se vaya sabiendo hacer lo que sabemos nosotros. Está claro que la experiencia influye, porque llevamos mucho tiempo, pero lo fundamental es entender las masas y cómo funcionan. Que luego en casa puedan aplicarlo. De hecho, hay alumnos que participan en campeonatos y luego nos cuentan sus pruebas: mezclas de harinas, hidrataciones… Así que ellos también aprenden, y nosotros aprendemos de ellos.
En el tema de asesoramiento, lo que intentamos es trabajar con cada negocio. Sabemos que cada uno tiene su forma de trabajar, pero buscamos que la cocina y la organización sean lo más cómodas posible en servicio. Porque bonito puede ser cualquier local, pero cuando tienes que dar de comer a mucha gente, necesitas practicidad: tener claros los fuegos, la nevera cerca, los recorridos…
También en sala: facilitar el trabajo a los camareros, que tengan puntos donde reabastecerse de cubiertos y material para ser más rápidos. Y, por supuesto, la coordinación con cocina: cómo marchan las mesas, qué platos salen antes, cuáles tienen que esperar…
En cuanto a tecnología, hoy en día los programas de hostelería le ganan mucho a la libreta en rapidez y organización: para comandas, proveedores, albaranes, contabilidad. Entonces intento aconsejar sobre los sistemas que yo utilizo. Y, sobre todo, no se trata solo de dar unas pautas y marcharte. Nosotros trabajamos con ellos: estamos en la inauguración, vemos los problemas que van surgiendo en el día a día y buscamos soluciones. O, al menos, lo intentamos.

– Con motivo de Reyes, se ha convertido en una seña de identidad de Marquinetti sorprender a sus clientes escondiendo lingotes de oro en algunas de sus pizzas ¿Cómo nació esta propuesta?, ¿cuándo decidieron ponerla en marcha y qué sensaciones les deja ver la reacción de los comensales afortunados?
En verdad, los lingotes no van en las pizzas, pero los tenemos justo en el obrador para que todo el mundo vea que es real, que no es ninguna fantasía.
Esto fue hace unos seis años —no estoy muy segura—. Mi padre no puede estarse quieto; siempre está inventando algo. Y, hablando de los Reyes, de cuál era nuestro favorito cuando éramos pequeños pensó: “Oye, los Reyes llevaron oro”.
Al principio empezamos con dos, creo, y ya vamos por ocho lingotes que regalamos. Y todo viene un poco de la idea del roscón de Reyes: tenemos unos amigos pasteleros y siempre hablábamos de la ilusión que hace la sorpresa del roscón. Entonces mi padre dijo: “Oye, ¿por qué no hacemos esto?”. Y ya que en Navidad la gente gasta tanto, pues también ayudamos un poco y, además, agradecemos a nuestros clientes que nos apoyen durante todo el año.
Así nació. Y es una locura. De hecho, no hay ni una mesa libre esos días, ni una. Y le ha tocado a gente de aquí, de Tomelloso, de La Solana, de Villarrubia, pero también viene mucha gente de fuera de Tomelloso.
También tenemos clientes de toda la vida, desde cuando nos llamábamos Pizza Express. Y sé que le ha tocado a mucha gente; incluso creo que este año le volvió a tocar a la misma persona.
Hay veces que nos dicen: “Esto está amañado, ¿no?”. Pero mi madre y yo somos las únicas que metemos los papelitos en las pizzas. Precocinamos todas y, una vez que la masa se precocina, el borde se hincha y es imposible distinguirlas.
Eso sí, estamos muy pendientes, porque a veces el lingote no sale. Entonces hacemos que todo el mundo abra el borde y no se lo coma sin mirar antes, porque recuerdo el primer año, que alguien se comió el papel y eso no se me va a olvidar nunca.
Es algo muy divertido y me hace muchísima ilusión, sobre todo ver la cara de la gente cuando le toca. Me encanta el día de Reyes, me da mucha alegría sobre todo cuando les toca a clientes habituales, gente que viene a verte cuando vuelve de viaje o en ocasiones especiales, porque, como digo siempre, sin los clientes no somos nada: vivimos gracias a ellos. Y ver esa felicidad compensa todo.
– El 9 de febrero se conmemora el Día Mundial de la Pizza. Como referente en el sector, ¿suele celebrar este día de alguna manera especial en su restaurante?
Pues este año, por ejemplo, cayó en nuestro día libre, así que no lo celebramos como tal, ni de forma especial ni con grandes acciones, como hacen las franquicias u otros tipos de negocios, que utilizan estos días como una herramienta de marketing, publicidad o para atraer clientes con ofertas o descuentos.
Para mí, la pizza tiene un día especial, y eso ya es un orgullo, pero creo que todos los platos deberían tener su reconocimiento. A mí me encanta comer y creo que es importante que todo el mundo valore y aprecie la pizza como se merece, no solo en un día concreto.
Es cierto que mucha gente aprovecha ese día para pedir pizza, lo cual es totalmente válido, pero creo que no debería limitarse a una sola fecha, al menos yo en lo personal, intento que la pizza se disfrute y se valore siempre. Para mí, la pizza debería ser algo que se disfrute y se valore todos los días.
– La Inteligencia Artificial ha irrumpido con fuerza en muchos entornos laborales. En su caso, para seguir a la vanguardia de la alta cocina, ya sea en la optimización de procesos, análisis de tendencias o desarrollo de nuevas recetas ¿considera que el uso de esta tecnología es clave o, por el contrario, cree que la esencia de la cocina debe mantenerse fiel a la tradición y al toque humano?
Creo que sí, que ayuda. Está claro que el toque humano es lo que lo hace real, pero también es cierto que el mundo evoluciona y todos tenemos que evolucionar con él; no podemos quedarnos atrás. Eso no quiere decir que la tradición no siga, porque, por supuesto, tiene que seguir.
Pero sí creo que es una herramienta de trabajo buena, por lo menos en el mío. Por ejemplo, de repente estoy en el sofá y se me viene una idea a la cabeza. Está claro que puedo coger una libreta y escribir, pero a lo mejor no me sé explicar bien por escrito. Entonces puedo usar la inteligencia artificial y decirle: “Mira, quiero que me guardes este pensamiento, o esta idea”. Incluso te puede ayudar a ordenarlas.
Hay millones de ingredientes y combinaciones, y puedes preguntar, por ejemplo: “¿Qué picante crees que le puede ir mejor a unas gachas?” y te sugiere una guindilla concreta. Pero, claro, por mucho que te diga la inteligencia artificial que esa es la mejor combinación, tú la vas a probar y le vas a dar tu toque.
A mí, por lo menos, me ayuda a organizar. Por ejemplo, para estructurar una receta: en vez de hacer una grabación de voz que luego tienes que escuchar entera, puedes decirle: “Mira, he hecho una receta, lleva esto y esto, y se hace así”. Y automáticamente tiene facilidad para resumirla y dejártela bien explicada: qué lleva, qué cantidades, los pasos… y enseguida lo tienes, pero el toque humano de probar, oler, combinar siempre tiene que estar, y más en la cocina.
Vivencias Compartidas
– Ha conseguido llevar su pasión por la pizza a lo más alto, con premios, reconocimientos y una gran influencia en el sector. ¿Cómo le ha cambiado el éxito su vida?
La verdad es que, aunque aquí nos conoce mucha gente, tampoco es que vaya por la calle quitándome de encima paparazzis ni nada de eso. En lo personal, mi vida es normal.
Sí es cierto que, por ejemplo, si voy a cenar a algún sitio o abren una pizzería nueva y quiero ir a probarla, hay algo que no me gusta: la gente se pone nerviosa o intenta darme lo mejor. Y yo soy una persona totalmente normal; no voy a juzgar, sino a probar por curiosidad. De hecho, hay gente de aquí que lo hace muy bien, y para mí es un orgullo. Ojalá ganen siempre los de mi pueblo.
Donde más lo noto es en eventos. Ahí sí que me da un poco de vergüenza cuando me piden fotos o algo así. A mí me llama la atención porque, al final, soy una persona normal y humilde. Entonces, cuando pasa eso, se me hace un poco extraño. No me creo más que nadie, pero sí es cierto que se nota ese cambio.

– ¿Qué le sigue motivando cada día para innovar y seguir creciendo?
Lo que a mí me hace seguir creciendo, sinceramente, son mis padres. Son mis referentes totalmente; si me preguntan quién es mi ídolo, lo tengo clarísimo: son ellos dos.
Quiero parecerme a ellos lo máximo posible, porque han sido muy luchadores para llegar a donde están. Les ha costado muchísimo y han conseguido cambiar un poco la perspectiva que la gente tenía.
Después de todo ese esfuerzo que les ha supuesto construir lo que tienen, a mí me gustaría, al menos, mantener el legado que nos están dejando como hijos, que somos la tercera generación, aunque ojalá, pudiese superarlos, aunque creo que es muy difícil.
Sobre todo, que se sientan orgullosos de lo que han creado y de que nosotros lo seguimos manteniendo, siendo fieles a lo que ellos siempre han sido.
– Rocío, llevar el apellido Marquina dentro del mundo de la pizza, ¿le ha allanado el camino o, por el contrario, ha supuesto un reto añadido a la hora de construir su propia trayectoria profesional?
Son un poco las dos cosas. Sí es cierto que, gracias al apellido que tengo y a ser hija de quien soy, se me han facilitado muchos caminos: conocer gente, proveedores que me ofrecen productos nuevos y eso ayuda. A mi padre, por ejemplo, le costó mucho ganarse el respeto en Italia cuando empezó a competir, y a mí eso me ha abierto puertas.
Pero, por otro lado, también me lo tengo que ganar yo. Y cuesta. De hecho, muchas veces supone mucha más presión. Porque no es lo mismo ganar una vez que cuando se espera de ti, por quién eres, que ganes todos los años. Cada vez cuesta más sorprender, porque ya tienen la idea de ti de que siempre llevas algo innovador, algo que les impacte.
Entonces, cada vez que voy a un campeonato siempre siento mucha presión y si gano cualquier premio, aunque no sea el primero, respiro. Y más ahora, con las redes sociales y las reseñas. Si un año no ganas, parece que ya no eres buena o que no cuidas tu trabajo. En ese sentido, es un peso importante. A mí, por ejemplo, dar de comer a 500 personas no me da miedo; pero competir sí, porque implica dejar el negocio, que mi madre se quede sola al cargo, improvisar si algo falla y todo eso me genera bastante respeto, incluso ansiedad. Siento que tengo que traer algo a casa sí o sí, que tengo que mantener ese nivel, porque si no, pueden criticarte mucho. Es una responsabilidad constante, un peso que siempre llevas encima.
– ¿Dónde encuentra la inspiración para crear nuevas recetas? ¿Le viene de viajes, de recuerdos, de ingredientes concretos…?
Pues para mí es un poco de todo. En los viajes, por ejemplo, cuando viajo a Italia, por supuesto, pero también a otros sitios, como cuando fuimos a China a trabajar, saco muchísima inspiración. Me encanta Asia, su cultura y su comida. Aunque también me gusta la gastronomía mexicana.
De los viajes saco muchas ideas, porque, comes la comida tal y como es en su origen, y eso inspira mucho. Por ejemplo, la comida china que comemos aquí no es la tradicional. Se ha ido adaptando y de hecho, para este año tengo alguna idea basada en sabores y recuerdos de allí.
Pero también me inspiro mucho en mi familia: en los platos de mi madre, de mis abuelas, incluso de mi suegra. Tengo, por ejemplo, una pizza que quiero hacer inspirada en ella. Son platos de cuchara, como decimos: un potaje, unas albóndigas, un cocido… Intento transformarlos en pizza.
Claro, también depende del campeonato. Al que voy, por ejemplo, es de picante, así que hay platos que son más difíciles de adaptar, como un cocido picante. Pero intento coger esos platos cotidianos, los de toda la vida, que para mí son los más especiales.
También me inspiran los olores: si estoy en algún sitio y algo me llama la atención, pregunto qué están cocinando. Al final, siempre saco ideas de recuerdos. Y cuando voy a un campeonato, casi siempre llevo algún plato que está inspirado en alguien cercano a mí o en algún recuerdo familiar.

– La pizza es un plato versátil que admite combinaciones que parecen inimaginables hasta que alguien se atreve a probarlas. ¿Cuál ha sido la combinación más arriesgada que ha creado y qué respuesta tuvo?
Pues, para mí, no creo que fuera algo extremadamente arriesgado, pero en el campeonato sí lo era. En el último en el que estuve, en Calabria, presenté algo diferente.
La pizza llevaba petazetas de lima recubiertos de chocolate blanco. En una pizza picante, meter petazetas o chocolate… para ellos era casi un sacrilegio. Recuerdo que mi padre me dijo: “Rocío, a lo mejor es un poco arriesgado, ya sabes cómo son allí”. Y yo le contesté: “Papá, no voy a pensar en si les va a gustar o no; voy a hacer lo que realmente me gusta a mí y, si gano, bien; y si no, tampoco pasa nada”.
Y, de hecho, gané. Les gustó mucho. Luego, los propios jurados me dijeron que les había encantado porque le recordaba a su infancia, a los típicos petazetas que todos hemos comido.
Y eso es lo que a mí me gusta: que una pizza, te evoque algo, un recuerdo de la infancia o un momento con amigos o familia. Eso es lo que intento hacer siempre. A veces sale bien y gano, y otras veces no, pero siempre intento arriesgar.
– ¿Cuenta con un comité de confianza para testar sus nuevas creaciones antes de incluirlas en su carta? ¿Cómo es ese proceso de selección y validación de un nuevo sabor?
Siempre tengo un comité, la verdad. Mis chicos, los que trabajan conmigo, son mis conejillos de indias. Mi familia y mis amigos también prueban cosas, pero al final siempre llega la versión final de la pizza, por así decirlo.
Hago una prueba y les digo “probad esto”, “¿pica mucho?”, “¿le falta algo?”, “voy a cambiar esto, ¿qué os parece así?”. Trabajamos 18 personas, tengo mucha gente para contrastar opiniones, y eso me viene muy bien porque me ayuda a ver si una idea puede funcionar de cara a un campeonato o no. Y la verdad es que me ayudan muchísimo. Porque a veces yo pienso que algo es espectacular, pero me dicen: “Rocío, esto no cuadra mucho con este sabor”. Y gracias a ellos lo ajusto.
Es cierto que soy muy exigente, y mi padre también lo era conmigo; yo era siempre su última palabra. Pero ellos me ayudan mucho, porque puedes tener muchas ideas, pero si algo no encaja bien, no funciona.
– Si tuviera que elegir una pizza que representara su trayectoria y esencia como chef, ¿cuál sería y por qué?
Ahora tengo muchas ideas nuevas que destacarían más por lo raras, pero recuerdo muchas de hace años. Creo que fue mi primera pizza de competición, cuando tenía 15 o 16 años, era una pizza inspirada en un plato que ahora tenemos en carta: llevaba atún rojo con una salsa de mango y ajo. Le pusimos esféricos de pimiento, sésamo, y también llevaba esferificaciones de soja hechas por nosotros. En aquel momento no había tanta facilidad como ahora; de hecho, mi padre llegó a crear una máquina para hacer esféricos más rápido.
Esa fue una de las pizzas que más me marcó, y aunque no ganó, no la voy a olvidar nunca.
Para aquel jurado era una locura. Había jurados muy clásicos, que no lo entendían. Pero recuerdo a un cocinero muy reconocido, con estrella Michelin en Italia, que me dijo que iba por muy buen camino, que nadie hacía lo que estábamos haciendo nosotros y esas palabras me marcaron mucho. Me hicieron pensar: “Tengo que seguir haciendo lo que realmente creo”. Y eso fue lo que me impulsó a seguir.
– Frente a una sociedad que suele medir el éxito en logros materiales o victorias externas, la canción Quiero Vida, de El Arrebato, pone en valor lo sencillo y lo cotidiano. ¿Cómo traslada esa filosofía a su cocina y a su forma de vivir?

Pues para mí es mantener los pies en la tierra y no olvidarme nunca de dónde vengo ni de lo que le ha costado todo a mi familia. Siento que lo he tenido más fácil, así que intento recordar siempre el esfuerzo que han hecho mis padres para que mis hermanos y yo tengamos las facilidades que tenemos ahora.
Creo que soy una persona humilde, porque desde muy pequeña mis padres me han enseñado lo que cuestan las cosas. Recuerdo, por ejemplo, que cuando era pequeña quería una bici —no se me va a olvidar nunca— y mi padre me dijo: “Vale, pues en la feria del pueblo vas a estar recogiendo mesas, y tendrás la bici”.
Esas cosas te enseñan a valorar el esfuerzo y a entender que nada se consigue sin trabajo. Eso es lo que me ha quedado siempre. Y creo que lo importante es tener los pies en la tierra y recordar siempre de dónde vienes.
Mis padres me han enseñado a no sentirme más que nadie. Y cualquiera que venga a casa es bienvenido, como en su propia casa. Con los clientes intento ser igual: cercana, porque al final lo que me hace feliz es hacer feliz a la gente comiendo.

Nuestra Tierra en el Corazón
– ¿Cuál es el paisaje de Castilla La Mancha más inspirador que ha visto y qué sensaciones le evocó?
Personalmente, Noblejas es muy especial, porque es de donde es mi madre y parte de mi familia. El pueblo está en un cerro, y es un lugar al que iba siempre a ver a mis abuelos, porque justo ellos tenían la casa abajo. Allí está la Fuente Vieja, como siempre se le ha dicho en Noblejas, donde las mujeres lavaban la ropa a mano.
Creo que es uno de los paisajes más bonitos que he visto de esta tierra, por cómo está ubicado, por sus calles y por todo lo que me transmite.
Podría decir Toledo, que es precioso también, Incluso Tomelloso, aunque nos digan que es un pueblo muy llano, también tiene su esencia y su belleza. Sobre todo, cuando ves las cepas podadas todas por igual… no sé, creo que todo tiene su encanto.
– En su opinión, ¿qué características hacen que nuestra comunidad autónoma sea un destino destacado para visitantes?
Pues lo primero, definiría a la gente de Castilla-La Mancha, en general, como humilde.
Luego, el sabor, por supuesto. Porque, es cierto que la gastronomía que hay en nuestra comunidad es impresionante y cada pueblecito que visitas en nuestra zona no deja de sorprendernos por sus platos típicos. Para mí, como digo, en cada lugar al que vas y pruebas, está el sabor. Y eso también forma parte de mantener la tradición de esos platos, aunque también se innove y elaboren, no sé, un esférico de galianos, por ejemplo.
También la tradición arquitectónica creo que es importante para evitar que se perdiera algo como son los bombos, que son tan conocidos. Se murió el último hombre que sabía hacerlos y ya nadie más sabe. Pero todavía queda gente en Castilla-La Mancha que sigue con sus raíces, que sigue haciendo y demostrando.
Creo que la gente joven, como yo y como muchos que vienen detrás, valora todo eso. Castilla-La Mancha lo tiene todo, solo, como dicen algunos, le falta la playa; pero bueno, tenemos las Lagunas de Ruidera.
– Para finalizar, ¿qué frase o eslogan inspirador compartiría con nosotros para reforzar el orgullo por nuestras raíces y los talentos que nos unen como comunidad?
Creo que ese eslogan podría ser: “Donde nace lo extraordinario”. Porque es cierto que mi padre siempre me ha dicho que, en todos los sitios donde ha ido, siempre había alguien de Castilla-La Mancha. Y siempre hay alguien que destaca en algún campo, ya sea por ciencia, por gastronomía, por agricultura, o en ganadería.


