Antonio Leal se despide de las Cortes de Castilla-La Mancha tras 860 plenos

El ujier mayor, funcionario desde los inicios del Parlamento autonómico en 1983, recibió el cariño de compañeros, diputados y autoridades en su última sesión antes de la jubilación

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El pleno ordinario celebrado el pasado jueves 30 de abril en el Convento de San Gil no fue uno más para las Cortes de Castilla-La Mancha. Aunque la sesión transcurrió con normalidad en el hemiciclo, entre bambalinas tuvo un significado especial: fue el último pleno de Antonio Leal, ujier mayor de la Cámara y el funcionario más veterano de la institución.

Leal se jubila después de haber trabajado en las Cortes regionales desde sus inicios, en 1983, cuando el Parlamento autonómico acababa de nacer en el Castillo de San Servando y él tenía solo 22 años. El del jueves fue su pleno número 860, una cifra que resume más de cuatro décadas de servicio discreto, constante y ligado a la vida diaria de la institución.

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Con motivo de su jubilación, Antonio Leal recibió numerosas muestras de afecto por parte de compañeros y compañeras de la Cámara, tanto funcionarios como personal externo, además de diputados y diputadas de los tres grupos parlamentarios. También estuvo presente el presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page.

Uno de los momentos más especiales de la jornada se produjo antes del inicio de la sesión, cuando Leal recibió la visita de Javier Irízar, quien fue el primer presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha. El gesto conectó simbólicamente los primeros pasos del Parlamento autonómico con la despedida de uno de los trabajadores que ha acompañado toda su historia.

Según se destacó durante la jornada, Antonio Leal asegura que, de una trayectoria tan larga, con momentos buenos y malos, se queda sobre todo con los buenos. Y, entre ellos, con las personas. El cariño recibido en su último pleno pareció confirmar esa forma de entender su paso por la institución.

Al final de la sesión, el presidente de las Cortes de Castilla-La Mancha, Pablo Bellido, cerró el pleno con unas palabras de homenaje no solo a Leal, sino también a toda una generación de trabajadores y trabajadoras que, durante cerca de cuatro décadas, ha contribuido a poner en marcha y consolidar la Cámara autonómica.

“En homenaje a Antonio Leal y a los trabajadores y trabajadoras que han servido a este parlamento, quiero que demos un aplauso reconociendo su servicio y sabiendo que su ejemplo va a perdurar”, pidió Bellido a los diputados y diputadas, que se pusieron en pie para ovacionarle.

El presidente de la Cámara agradeció además el trabajo de quienes hacen posible el funcionamiento cotidiano del Parlamento desde un segundo plano. “Aquí nos reunimos periódicamente quienes representamos a los hombres y mujeres de nuestra tierra, cada uno desde nuestra ideología y visión de la vida, intentando hacerlo lo mejor posible y siempre con un alto nivel de respeto, pero para hacer este trabajo nos servimos de trabajadores y trabajadoras de esta casa, que prestan su servicio con generosidad y con lealtad”, señaló.

La despedida tuvo también un tono íntimo y cercano. Quienes compartieron la jornada reconocían que Antonio Leal es una persona algo vergonzosa, lo que hizo aún más significativa una despedida marcada por los aplausos, las fotografías y las emociones. Su último pleno dejó así una imagen poco habitual en la actividad parlamentaria: la de una Cámara puesta en pie para reconocer a quien ha contribuido, desde el trabajo diario y silencioso, a que cada pleno pudiera desarrollarse con normalidad.

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