Las Luminarias de Fontanarejo: una tradición de fuego, romero y memoria

En esta tradición, los vecinos queman de forma simultánea haces de romero a las puertas de sus casas

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Cuando cae la última luz de abril sobre Fontanarejo, en la provincia de Ciudad Real, el municipio se transforma en un escenario envuelto por un denso humo blanco y aromático que invade calles, plazas y viviendas, debido a las Luminarias.

En esta tradición, los vecinos queman de forma simultánea haces de romero a las puertas de sus casas, lo que provoca en pocos instantes una espesa nube de humo que cubre por completo el casco urbano y convierte el pueblo en un gran sahumerio al aire libre.

Las Luminarias, una fiesta a la que recientemente se le ha otorgado la categoría de interés turístico provincial, tiene lugar cada 30 de abril, al atardecer, cuando el reloj marca las nueve en punto de la noche y suena el repique manual de campanas desde el campanario, una acción que solo se realiza una vez al año y que recae tradicionalmente en los quintos del año.

Ese sonido es la señal que desencadena que cada vecino encienda en la puerta de su casa una hoguera de romero que ha recogido en el campo y que en cuestión de segundos, expande el humo por todo el pueblo hasta dar la sensación de que Fontanarejo está ardiendo.

El historiador Álvaro García Pérez indica a EFE que “lo primero que impacta a quien no conoce la fiesta es precisamente esa transformación del espacio, el hecho de que el pueblo desaparezca bajo el humo» y que «es un acto profundamente comunitario en el que todo el pueblo participa de forma sincronizada”.

Sobre su origen, García Pérez insiste en que se trata de una tradición con siglos de historia, pero con una base documental compleja.

“Durante mucho tiempo se ha repetido que las Luminarias nacen como respuesta a la peste medieval, pero cuando uno revisa las cronologías, esa explicación no encaja del todo con la fundación del propio núcleo urbano”, señala.

Sin embargo, reconoce que la relación entre fuego, humo y protección frente a enfermedades sí está presente en numerosos contextos históricos.

El historiador apunta a un marco más preciso en el siglo XVI, cuando diversas fuentes médicas documentan el uso de humaredas de plantas aromáticas como medida sanitaria.

“Hay textos de la época en los que se recomienda expresamente quemar romero, tomillo o enebro para purificar el aire en contextos de epidemia. Eso encaja mucho más con lo que después se consolida en la tradición local”, explica.

En este sentido, García Pérez cita las instrucciones del doctor Mudarra en 1599 como un posible punto de conexión, ya que en esos documentos se describe de forma «muy clara la necesidad de realizar grandes humaredas con plantas aromáticas».

Así, y aunque reconoce que no se puede afirmar que ese sea el origen directo de las Luminarias, añade que «sí es evidente que existe una práctica sanitaria que se parece mucho a lo que hoy se celebra de forma ritualizada».

El investigador también destaca un elemento que considera clave: la evolución demográfica del municipio.

“Entre los siglos XVI y XVIII hay una caída poblacional que no es habitual. No sabemos exactamente a qué se debe, pero sí indica que algo importante ocurrió en ese periodo histórico”, apunta.

Con el paso del tiempo, lo que pudo ser una medida preventiva frente a enfermedades habría perdido su función original para transformarse en una celebración identitaria.

“Las tradiciones no se mantienen porque sí. Se transforman, se reinterpretan y acaban formando parte de la identidad colectiva”, afirma García Pérez.

En la actualidad, las Luminarias se han consolidado como uno de los signos más reconocibles de Fontanarejo, por lo que más allá de su posible origen histórico, el historiador subraya su valor actual.

“Lo importante no es solo saber de dónde vienen, sino entender qué significan hoy. Cuando el humo cubre el pueblo, lo que se está produciendo es una forma de unión colectiva muy difícil de encontrar en otros lugares”, concluye García Pérez.

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