viernes, 20 marzo 2026

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El Patronato de Protección a la Mujer: reconocimiento tardío a las víctimas de una “cárcel moral” del franquismo

El Gobierno entrega documentos de reconocimiento a mujeres represaliadas por el Patronato, mientras investigadoras y supervivientes reclaman justicia, acceso a archivos y una revisión crítica

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Este viernes, 41 años después de la extinción del Patronato de Protección a la Mujer, varias de las mujeres que pasaron por sus centros han sido reconocidas como víctimas por el Comisionado para la celebración de los 50 años de España en Libertad. El acto, conducido por Carmen Guillén, autora del libro ‘Redimir y adoctrinar: El Patronato de Protección a la Mujer’, ha servido para visibilizar la violencia institucional sufrida y reclamar una investigación sobre las graves violaciones de derechos humanos cometidas por esta institución, que permaneció activa hasta bien entrada la Transición.

Guillén ha subrayado el carácter simbólico del evento: “Es un acto simbólico, porque por fin se las reconoce como víctimas de ese sistema represivo. Pero no es el final del camino.

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Es importante para que el Estado nos dé acceso no solamente a los archivos estatales, sino también a los archivos de las congregaciones religiosas, que se cree una comisión de investigación oficial, que podamos unir todas las piezas de este puzzle, que es muy amplio, y que se incluya el patronato en los contenidos educativos para difundir su historia”.

Una de las principales demandas es esclarecer la implicación del Patronato en el robo de bebés, una práctica que, según Guillén, “despojó a miles de mujeres de su maternidad y a otras tantas personas de su identidad”.

Para ello, la autora considera imprescindible “crear un banco de ADN a nivel nacional y oficial y ver hasta qué punto, dentro de la institución y también fuera, se produjeron estas situaciones que seguramente son las de mayor vulnerabilidad de los derechos humanos de todas las actividades que tuvieron lugar dentro del Patronato”.

Guillén, profesora en el área de Historia de la Ciencia en la Facultad de Medicina de Albacete (UCLM), ha insistido en la necesidad de apoyo político para avanzar en el reconocimiento y la investigación: “Es necesario el apoyo de gran parte de los partidos políticos”.

Recuerda que el Patronato, creado en 1941, tenía como objetivo “redimir a la mujer caída y cuidar a la que está en peligro de caer, esa que no viviese conforme a la doctrina del nacionalcatolicismo, que no fuera sumisa, decente, ni entendiese el matrimonio, la familia y el hogar como único horizonte vital”.

Las congregaciones religiosas desempeñaron un papel fundamental en el funcionamiento del Patronato. Guillén señala que fueron la “clave de bóveda” de la institución: “Sin ellas, esta institución no hubiera podido existir cuando surgió en el año 1941. Prestaron a su causa toda su infraestructura, tanto arquitectónica como personal”. Sin embargo, lamenta que “ninguna de ellas ha pedido perdón ni ha hecho una revisión crítica de lo que fue su modelo asistencial en aquellos años”. Incluso algunas, como las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento, “han borrado de su web la actividad entre el 34 y el 2018”.

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En referencia a un acto organizado el año pasado por la Conferencia Española de Religiosos, Guillén denuncia que “no se nombraron todas las violencias que tuvieron lugar dentro de la institución, y se censuraron los discursos de las supervivientes, porque no se les permitió hablar de bebés robados, de suicidios, de autolesiones… ni se dio acceso a los archivos. Con lo cual, ese perdón no tiene ningún tipo de relevancia ni de significado real, porque no llegó a término”.

El silencio que ha rodeado al Patronato se ha visto reforzado por la falta de documentación. La Junta Nacional del Patronato llegó a conservar 1.186 cajas de documentos, pero una inundación redujo ese fondo a solo 31, dificultando el estudio de la institución.

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Además, durante años apenas hubo testimonios de mujeres dispuestas a contar lo que sucedía en los centros. Sin embargo, el testimonio de Consuelo García del Cid y el trabajo de investigadoras como Guillén han animado a otras supervivientes a romper el silencio. “En el mes y medio que llevo de publicación del libro ya he recibido por lo menos diez contactos de mujeres que están dispuestas a incorporarse a ese grupo de supervivientes”, afirma Guillén.

La autora destaca la importancia de los relatos orales y la labor de unas 70 investigadoras que están resignificando el Patronato dentro de la historia española. Reconoce que, por “empatía”, lo sucedido en estos centros “interpela más” a las mujeres que a los hombres: “Lo veo en el público que acude a charlas o a presentaciones de libro. Lo normal es que el público femenino sea el mayoritario. Ahí tenemos una asignatura pendiente, la de llegar también a la población masculina”.

Guillén insiste en la necesidad de que toda la sociedad escuche los relatos de las supervivientes, “para no ser partícipes de volver a ese momento histórico, que, por desgracia, se filtra en esos discursos que tienen ecos de ese pasado”.

Concluye advirtiendo que “por desgracia, esto lo seguimos viendo en la actualidad cuando se pone en duda el testimonio de una víctima de agresión sexual, cuando se la culpabiliza, cuando se cuestiona si una mujer tiene cierta forma de vivir su sexualidad, o con discursos de mandato de maternidad.

Todo eso son ecos de ese pasado al que tenemos que poner freno, porque los derechos son algo que se consiguen, pero no son para siempre. Tenemos que estar permanentemente en lucha y en alerta para no perderlos”.

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