Los informativos internacionales miran estos días hacia Oriente Medio, con Irán e Israel como principales protagonistas de un conflicto que mantiene en vilo a medio mundo. Cada nueva escalada reabre una pregunta incómoda: ¿estamos preparados para una guerra? ¿Deberíamos tener siempre a mano un kit de emergencia? ¿Sería descabellado pensar en construir un búnker para proteger a nuestra familia y amigos?
Aunque pueda parecer sacado de una película, en España existen refugios antinucleares y uno de los más grandes está en Talavera de la Reina, en la provincia de Toledo. Lo curioso es que no se encuentra en una base militar ni en un edificio oficial, sino escondido bajo un hotel.
Se trata del búnker situado bajo el actual Hotel Ébora, antiguo Hotel Beatriz. Este refugio se levantó durante la Guerra Fría, en un contexto marcado por la tensión constante entre el bloque capitalista, liderado por Estados Unidos, y el bloque comunista, encabezado por la Unión Soviética. El hotel fue inaugurado en 1983, en los últimos años de aquel periodo en el que el miedo a un conflicto nuclear formaba parte del día a día.
El refugio ocupa los bajos del edificio y se extiende a lo largo de unos 600 metros cuadrados de hormigón armado. Puede acoger hasta 400 personas y está pensado para contar con todo lo necesario para resistir en caso de emergencia. Dispone de seis salidas de emergencia distribuidas en distintos puntos de la ciudad, cuatro puertas acorazadas de dos toneladas cada una y un sistema presurizado pensado para evitar la entrada de agentes contaminantes.

A día de hoy, el búnker no está preparado en su totalidad para ser un refugio inminente, pero su interior está pensado para que albergar instalaciones básicas para una estancia prolongada: aseos, dos cámaras frigoríficas y congeladores, tres cocinas, dos hornos y una cocina industrial completa. Todo para que, en caso de una catástrofe, quienes se refugien allí puedan sobrevivir durante el tiempo necesario.
La idea de construir este búnker surgió del abuelo de la actual gerente del hotel, quien había vivido la Guerra Civil siendo niño. Aquella experiencia marcó su visión de futuro y decidió que, si algún día levantaba un hotel, incluiría un refugio para proteger a los suyos ante cualquier situación similar.
Hoy, décadas después del final de la Guerra Fría y con un panorama internacional que vuelve a tensarse por momentos, la existencia de este enorme búnker bajo un hotel de Talavera invita a reflexionar. Puede que muchos nunca lo necesiten, pero ahí sigue, oculto bajo tierra, como testigo de una época en la que el miedo a lo nuclear dejó huella incluso en los cimientos de un edificio hotelero.



