s√°bado, 13 julio, 2024

La Constitución, garante de la Democracia, la igualdad y el futuro de Toledo

Artículo de opinión de Carlos Velázquez, alcalde de Toledo

El 6 de diciembre de 1978 el pueblo espa√Īol ratific√≥ con m√°s del 87 % de los votos emitidos nuestra Carta Magna. Naci√≥ fruto del consenso, del entendimiento y, sobre todo, de la responsabilidad de las fuerzas pol√≠ticas de aquel momento. Desde entonces, Espa√Īa ha sabido avanzar en un estado de bienestar fuerte, consolidado con el paso de los a√Īos y que nos ha dado un marco de estabilidad incuestionable hasta nuestros d√≠as.

Define la Real Academia Espa√Īola la palabra ‚Äúalma‚ÄĚ como aquello que da vida o impulso a algo. Por tanto, se trata, tambi√©n, de una parte ligada a la persona que, aunque no se pueda ver, es esencial para su conducta y comportamiento. Es decir, rige sus actuaciones sobre la base de la conciencia interior y, tambi√©n, pone l√≠mite entre lo que est√° bien y lo que est√° mal.

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El propio Is√≥crates, antes de la era cristiana, ten√≠a la percepci√≥n de que la Constituci√≥n es el alma de los Estados. Con ello, podr√≠amos decir que aquel esp√≠ritu de 1978 nos ha acompa√Īado durante estos 45 a√Īos y ha marcado las actuaciones de nuestro pa√≠s.

Este texto, que sirve de base a nuestro Ordenamiento Jur√≠dico, garantiza la convivencia democr√°tica y consolida un estado de derecho en el que el propio pueblo espa√Īol es soberano. Es garantista en derechos y libertades y los blinda, dotando de una especial protecci√≥n a aquellos que son fundamentales para el individuo y su relaci√≥n dentro de la colectividad.

Por tanto, seguir el marco de la Constituci√≥n es avanzar en el desarrollo de la Democracia y solamente si nos mantenemos dentro de ella se puede alcanzar el progreso. No podemos ni debemos consentir que se tire por la borda todo lo conseguido. Los padres de la Constituci√≥n son un reflejo del consenso que se alcanz√≥ en el 78, del que fue part√≠cipe toda la sociedad. Y es ah√≠ donde los poderes p√ļblicos debemos seguir ahondando, buscando el consenso que beneficie al conjunto de la naci√≥n y nunca los intereses que primen a una sola parte.

Hace unos d√≠as, durante la votaci√≥n de investidura de la XV Legislatura, ve√≠amos votar unidos al Partido Socialista con aquellos que pretenden dividir a Espa√Īa y fracturar la integridad del territorio lapidando as√≠ el derecho a la igualdad de todos los espa√Īoles.

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Nuestra Carta Magna, precisamente, en su Art√≠culo 2, hace alusi√≥n a la indisoluble unidad de la naci√≥n espa√Īola y al principio de solidaridad entre todas aquellas regiones que la integran.

No se puede incumplir el principio de que todos los espa√Īoles son iguales ante la Ley. Y, por si fuera poco, faltar a la separaci√≥n de poderes, de la que fue precursor Montesquieu.

En este hecho, in√©dito en 45 a√Īos de Democracia, entran en juego dos acepciones de la palabra ‚Äúalma‚ÄĚ. Por un lado, nos referimos al conjunto de la naci√≥n, representado por la Constituci√≥n, y que ha marcado la estabilidad del pa√≠s durante toda la Transici√≥n. Por otro, est√° la de quienes votan deliberadamente en las Cortes Generales y consienten posturas que da√Īan la integridad del Estado.

La Constituci√≥n cumple 45 a√Īos de vida, que nos invitan a reflexionar sobre el camino que debemos seguir. Pues si el alma de cada uno de esos siete ponentes de la Constituci√≥n fue determinante para el conjunto del Estado, hoy, cerrando ya 2023, lo sigue siendo por parte de quienes tienen que tomar las decisiones en las Cortes Generales. Y de ello depender√° el futuro del conjunto de la naci√≥n y, por supuesto, el de la ciudad de Toledo.

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