No les voy a engañar: a un periodista que se hace viejo a veces le perturba el hecho de no poder adaptarse a lo que viene. De no ser útil, de no ser certero o de no saber comunicar como se comunica ahora.
Para un plumilla que empezó a estudiar este oficio en un ecosistema que le obligaba a ser una «persona orquesta», a veces se le atraganta este nuevo lenguaje en el que se puede comunicar, y de qué manera, solo con un vídeo corto.
Sin complejos, compartiendo el espacio de este gran espectro que supone poner un altavoz a las historias que hay que contar, hoy les quiero hablar de algunos de esos ejemplos que ensanchan Castilla-La Mancha en vertical y en tu pequeña pantalla.
JULIÁN AÑIL, O ESCARBAR EN LA HISTORIA PARA HACER PRESENTE

Desde Miguelturra, Julián, que se apellida Rodrigo pero que adoptó «Añil», @julian_anil, como sobrenombre para lucir a La Mancha y sus patios, a costa de combatir el poco espacio que el espectro de internet le deja a la letra «Ñ», campa por su pequeña parcela simplemente poniendo el altavoz a historias que debían contarse.
«Historiador y manchego», se define, aliñando esta premisa con un «En busca de la grandeza de lo sencillo» como declaración de intenciones. Julián, con un estilo de los que penetran, apuntala su trabajo en lo más sencillo que nutrió a los juglares de otra época: el relato, puro y duro.
Aunque se presenta como «Divulgador de La Mancha», bien sé yo que quiere divulgar comarcas más allá. De momento, y con 12.000 seguidores en Instagram, ilustra la paleta de colores de su cuenta con una materia prima sencilla: liturgia, mancheguidad, tradiciones e historias que contar.
«Las palabras nos dan identidad». Así reza una de sus publicaciones, en la que pone sobre la mesa el diccionario churriego y el «De tal cepa, tal sarmiento», una iniciativa que, desde la Casa de la Capellanía de su pueblo, terminará tomando forma de mural, más hermoso que la propia Torre del Cristo.
Lo que empezó explicando el origen de las palabras miguelturreñas ha terminado por convertirse en un escaparate de lo que esconde su provincia. Desde las Minas de Almadén hasta el porqué de que Cagancho quedara regular en Almagro, Julián, con la didáctica de un eterno maestro, arroja luz sobre la historia de su provincia con un formato que cala.
«Dicen que Castilla-La Mancha es campo, pero es muy camp, una corriente que celebra lo extravagante», explica en otra publicación en la que da cabida al humor de nuestra tierra, desde Millán Salcedo hasta Mari Carmen y sus muñecos.
Con tinte almodovariano, expone a los iconos que nos hicieron grandes para dejar claro lo camp de la región, utilizando incluso a la Saritísima para ilustrar el concepto.
Quijote, queso manchego o la «casa de abuela» como paradigma de arte alfombran un perfil que no solo engrandece nuestra historia, sino también nuestra identidad.
MARIO EZNO, DE PUEBLO Y SOBRE CUERDAS

Mario, @marioezno, es cómico, artista, divulgador; divulgador, artista, cómico. No sabría cómo definirle. Mi puerta de entrada a su universo fue una publicación de 102.000 «me gusta» en Instagram. Se cruzó en mi vida un 31 de mayo, Día de Castilla-La Mancha, con un relato que atraviesa por pura paisanidad.
«Si vas por la A-4 y ves llanos, secarral y horizonte, ya crees que todo es así, pero no. Lo que no sabes es que esta tierra callada guarda volcanes dormidos en Campos de Calatrava, que hay lagunas que parecen de otro planeta en Ruidera, que hay sierras que se tiñen de verde por Cuenca y Guadalajara», rezaba un post que tocó cientos de miles de corazones, entre ellos el que firma esta tribuna.
Cómo, con una sencillez solo posible si te crías en Huete, se puede hacer más paisanaje que cualquier Estatuto, no lo sé. Lo que sí sé es que lo que hace Mario con su arte es ADN de aquí, del nuestro, del suyo y del mío. Cualquiera de las premisas que ofrece en su particular cuenta, que se asoma a más de un cuarto de millón de personas tras la pantalla, es oro identitario.
«En Castilla-La Mancha lo importante no es lo que hay, sino cómo se vive», asegura el optense en su perfil, donde defiende que, sin grandes ciudades, lo que tenemos en la trastienda son «pueblos con plazas donde no pasa nada», algo que, sin duda, forma parte de lo más bonito de nuestra idiosincrasia.
TTV EN LA PANTALLA

Sergio Gómez Delgado dejó de ser ese nombre y esos apellidos para convertirse en @ser0noser en Instagram. Con una cuenta sin pretensiones, colocó a Toledo en un escaparate 2.0 que nadie vio venir, y lo hizo de la única forma que sabía: con un estilo tan auténtico como inimitable.
Un chico «sencillo», si le preguntan, que quiso hacerse hueco a base de ser un tablón de anuncios de todo lo que pasaba en la capital regional para acabar convirtiéndose en toda una autoridad toledana.
Desde la base de una creatividad desmedida, empezó con la eterna prueba del ensayo y error hasta que se lanzó a publicar, dio el paso y acabó siendo el mejor embajador de una ciudad que no te la terminas por mucho que la empieces.
Desde el mundo de la publicidad, superó la vergüenza de las primeras publicaciones a costa de vencer el miedo a que le tildaran de tonto, algo a lo que no tuvo que enfrentarse porque, desde el principio, fue capaz de conectar con el público.
Notó que lo que hacía gustaba y, además, funcionaba, y crear contenido para colocar a Toledo en una chincheta todavía más grande en el mapa dejó de ser una ambición para convertirse en una realidad.
Sin estrategia, solo con una naturalidad rompedora, fue capaz de esculpir un estilo que ya forma parte de la marca «Toledo» en internet y más allá. Sin que se le quedara pequeño, supo que en nuestra región había materia prima suficiente como para ensanchar su altavoz y contar todo lo bonito que tenemos de la forma más bonita que las redes pueden soportar.
Defensor del Tajo hasta impulsar su limpieza, embajador eterno de las Tres Culturas y tan influyente que hasta la política le ha echado el guante, Sergio sepultó los traumas para erigirse en portavoz de una ciudad y una provincia que, aunque aún no lo sepan, le deben muchas de las postales que hoy se compran en ellas. Y todo ello con una firma: una sonrisa imborrable que hace que todo lo que venga detrás resulte tremendamente adictivo.
MIGUEL, DISFRUTAR Y GORDEAR DESDE ALBACETE

Contar Castilla-La Mancha también se puede hacer desde un plato, desde un fogón. Desde @MiguelGordeando, con epicentro en Albacete, más de 40.000 personas están alistadas a su particular liturgia de elevar el tono de la gastronomía.
Un disfrutón de la vida a quien, de base, le gusta comer, algo que en Albacete nunca fue difícil. Con la seña de identidad de los productos manchegos como epicentro, ha sido capaz de poner un altavoz a todo lo bien que se come en nuestra región para que a nadie le quede la más mínima duda.
Dos años de creación de contenido que encontraron su explosión con una ruta por las heladerías de Albacete que se viralizó casi sin quererlo. Aquello terminó convirtiéndose en el punto de inflexión: el número de dedos que detenían el scroll se multiplicó. Asomarse a los fogones albaceteños empezó así a convertirse en una liturgia necesaria.
Con la sinceridad como centro de operaciones, su autoridad se ha hecho hueco. Le basta con comer, disfrutar y opinar de todo lo que se lleva a la boca en la ciudad para terminar convirtiéndose en ese mejor amigo al que pedir consejo si quieres comer bien en Albacete.
En un mundo en el que opinar sobre lo que se pone en un plato es más fácil de lo que parece, sus reseñas aportan un valor añadido a las mesas de una ciudad que se reivindica cada vez más. Y cómo no va a hacerlo, si hasta brillan estrellas Michelin en sus mapas.
No es crítico gastronómico, y así se define. Ni quiere serlo. Y de esa honestidad nace la autenticidad de sus valoraciones, que siempre, sin mácula, parten de un respeto innegociable.
LU. NO MORBO, SÍ TODO LO DEMÁS

Lucía (@lu.antimorbo), supongo, no quiso influir en nada. Pero, con Guadalajara en el DNI y viviendo en Madrid, esta muchacha alcarreña, con la sola intención de contar sus verdades, se acerca ya a los 100.000 seguidores.
Juglar de la vida real, zumbada —para qué engañarnos—, Lucía se limita a pensar en voz alta y con la cámara encendida, con un estilo ataráxico a todas luces que hace que, aunque no quieras, termines identificándote con ella y con su relato.
Ser natural le sale solo porque es natural desde que nació y, con una forma de hacer tan sencilla como vivir, es una chica más que sopla aire fresco desde el teléfono, siempre que así lo quiera el algoritmo. Imposible no darle a seguir.
Más allá de un costumbrismo propio de este siglo, Antimorbo ofrece en su carta de servicios un proyecto musical tan personal como su crítica social, clasificable solo si se entiende desde la intensidad.
Con frases exhortativas que no necesitan más artificio, le basta su tono de voz para criticar, liberar y hacer pensar al mismo tiempo, consiguiendo que cualquier receptor de su mensaje no tenga más remedio que asentir con la cabeza mientras sonríe, aceptando su ironía como herramienta de resistencia.
