La situación de las aguas subterráneas en la Mancha Húmeda continúa deteriorándose. Un estudio hidrogeológico presentado este lunes por la Diputación de Ciudad Real revela que 2.182 pozos del gran acuífero aparecen ya secos, una cifra que representa el 7,5 % de las cerca de 29.200 captaciones legales analizadas.
Las previsiones tampoco invitan al optimismo. El informe estima que, si se mantiene la tendencia actual, el porcentaje de pozos secos podría alcanzar el 13 % en los próximos cinco años y llegar hasta el 17 % en 2036, como consecuencia del prolongado periodo de sequía que atraviesa el acuífero.
El trabajo se ha desarrollado dentro del proyecto RealWater, impulsado por la Diputación de Ciudad Real junto a Aqualia y Emaser, con la colaboración de la Confederación Hidrográfica del Guadiana, Tragsatec y las Comunidades de Usuarios de Aguas Subterráneas (CUAS). Aunque los datos completos se harán públicos próximamente, este lunes se adelantaron sus principales conclusiones.
Para elaborar el estudio se han analizado más de 300 estudios hidrogeológicos, alrededor de 500 columnas geológicas y las miles de captaciones legales existentes en las masas de agua objeto de investigación.
Zonas donde el descenso del agua es más acusado
Los técnicos advierten de que la situación podría ser incluso más preocupante de lo que reflejan las cifras, ya que muchos pozos que todavía conservan agua han visto reducida su capacidad para proporcionar caudales suficientes. Esta circunstancia obliga, en algunos casos, a disminuir los tiempos de riego o limitar las extracciones.
El informe también constata que el acuífero acumula unos once años de ciclo seco continuado, un periodo que ha provocado importantes descensos en los niveles piezométricos.
En el entorno de las Tablas de Daimiel, las bajadas rondan los 20 metros, mientras que en áreas centrales y orientales del acuífero llegan a situarse entre los 25 y casi los 30 metros, alcanzando en algunos puntos mínimos históricos.
Entre las zonas más afectadas figuran el área comprendida entre Tomelloso y Socuéllamos, el sur de Daimiel y distintos sectores periféricos del Acuífero 23, donde la disminución del nivel del agua ya está teniendo un impacto directo sobre las captaciones y la actividad agraria.
