Con la celebración del Día del Libro cada 23 de abril, es inevitable mirar hacia esos lugares que han dado vida a grandes historias. Uno de ellos está en Castilla-La Mancha, casi escondido entre cañones y curvas del río Júcar. Se trata de Alarcón, un pequeño municipio conquense de menos de 200 habitantes que sirvió de inspiración a Eloy Moreno para su novela El Regalo.
En sus páginas, el autor describe sensaciones difíciles de explicar, como ese sitio al que uno viaja “cuando suena el timbre del recreo” o “al cerrar los ojos antes de soplar las velas”. Un lugar que, como él mismo sugiere, podría ser muchas cosas a la vez, incluso “el viento en el que flotamos al recibir uno de esos abrazos que nos sostienen”.
Ese escenario literario tiene nombre y apellidos. Es Alarcón, una villa histórica que aparece casi de repente tras una larga recta flanqueada por cipreses. “Nos acercamos a través de una inmensa recta”, relata el autor, evocando una sensación que primero puede resultar inquietante, aunque después se transforma en todo lo contrario.

La llegada al municipio no deja indiferente. El viajero se encuentra con una imagen difícil de olvidar: un pueblo rodeado por el río, encaramado a un peñasco. “Nos acercamos a un precipicio desde el que se veía cómo un río rodeaba aquella pequeña ciudad”, describe Moreno. Esa forma casi circular del Júcar convierte el lugar en una especie de isla natural, perfecta para la historia que plantea la novela.
Al cruzar sus murallas, prácticamente intactas, el visitante se adentra en un entramado de puertas, torres y caminos que conducen hasta su imponente castillo. “Comencé a distinguir un pequeño castillo que parecía flotar sobre una pequeña ciudad”, escribe el autor. Esta fortaleza, hoy Parador de Turismo, es uno de los grandes símbolos del municipio y ofrece una perspectiva única del entorno. Desde lo alto, la sensación es clara: “cuando uno sube allí […] se da cuenta de lo pequeño que es el mundo”.

Pero Alarcón no es solo su castillo. Pasear por sus calles empedradas es descubrir rincones llenos de historia, desde iglesias y palacios hasta pequeñas casas encaladas. En ese recorrido aparece incluso la evocadora “habitación de las quejas”, descrita en la novela como un lugar iluminado por una tenue vela, que añade un toque casi mágico al conjunto.
La Plaza del Infante Don Juan Manuel es otro de los puntos clave, junto a la iglesia de San Juan Bautista, que hoy alberga las pinturas murales de Jesús Mateo. Esta obra contemporánea, finalizada en 2002, se ha convertido en uno de los grandes atractivos culturales del municipio.

Además, los seguidores de El Regalo pueden recorrer el pueblo guiados por placas que señalan los escenarios de la novela: desde el bar hasta la pastelería o el colegio. Un proyecto que ha implicado a vecinos, empresas y al propio autor, reforzando el vínculo entre la ficción y la realidad.
El entorno natural también juega un papel protagonista. Senderos que parten del casco urbano permiten adentrarse en las hoces del Júcar, como el PR-CU 71, que ofrece vistas privilegiadas del paisaje. “A cada metro, parecía aprisionar aún más La Isla”, escribe Moreno sobre este entorno, donde la naturaleza envuelve por completo al visitante.
A pesar de su tamaño, Alarcón cuenta con todos los servicios necesarios para una escapada, incluyendo una oferta gastronómica muy ligada a la tradición manchega. Platos de caza, recetas con azafrán o productos como el ajo morado, el queso manchego o la miel forman parte de una cocina con raíces profundas.

La novela, publicada en 2015, cuenta la historia de un hombre con una vida aparentemente perfecta que, de repente, cambia por completo. Ese viaje le lleva a un lugar diferente, “La Isla”, donde descubre otra forma de entender la vida. Un escenario que, en realidad, tiene mucho de este rincón conquense.
Como resume el propio autor: “En aquel momento no era consciente de que acababa de llegar a un lugar del que ya no podría escapar”. Quizá eso mismo es lo que le ocurre a quien visita Alarcón: que, de alguna manera, siempre termina volviendo.


