Paseante, sí hay paseo: sendas tranquilas para sentir Castilla-La Mancha más allá de las rutas del colesterol

Cinco rutas, cinco paisajes y una forma diferente de descubrir Castilla-La Mancha sin prisas

Tener un mapa de 80.000 kilómetros cuadrados distribuidos en más de 20 comarcas, cada una con su horizonte y cada otra con su color, permite al territorio que lo sustenta lucir un sistema nervioso de rutas, caminos y paseos envidiable si se mira desde fuera.

Ocurre aquí, no se crean, más allá de las rutas imposibles reservadas solo a los humanos mejor preparados para afrontar baches y desniveles sin resollar.

Estos caminillos que salpican la página como si fueran miguitas de pan para saber recuperar la senda de vuelta a casa están diseñados para el que va tranquilo, para el que no tiene prisa o para el dominguero de Quechua y Domyos.

No hablo de la ruta cotidiana. No encontrará aquí la típica: la vía verde de Ciudad Real; la vuelta al Valle en Toledo; a Palomera desde Cuenca… Estas propuestas que aquí les dejo tienen todas el mismo diseño, anclado en premisas claras: rutas circulares, de diez kilómetros, con poco desnivel y un paisaje irrepetible, sumando a esta carta de servicios el hecho de que no serán las típicas, lo que le permitirá transitarlas con menos tráfico. Cojan las zapatillas y recuerden: en el campo, se madruga y se saluda. Siempre.

BURUJÓN: EL CAÑÓN DEL COLORADO CON ACENTO TOLEDANO

Descubrir la provincia de Toledo a golpe de entresijo solo se puede hacer pisando polvo. Por cada postal de cada uno de sus mil emblemas, hay otros tantos caminos que los atraviesan. Pasa con las Barrancas de Burujón, balcón al vacío al que bien podrían haberse lanzado Thelma y Louise.

El aparcamiento es tan fácil como el trazado y, además, ofrece merendero, o almorzadero, depende de lo que madrugue uno. Con diez kilómetros circulares, tenga en cuenta el senderista que no encontrará sombra, por si la necesitara.

El objetivo es ver las cárcavas que esculpió el viento en alianza con el eterno Tajo, un baile que brinda un paisaje espectacular, monumento natural reconocido desde hace tres lustros. Si la brisa viene desde el embalse de Castrejón, el aire que se respire será todavía más impoluto.

Con miradores amparando toda la senda, el camino ofrece la estrategia del menos a más, para, desde el más absoluto, regresar a lo liviano. Panorámicas de tierras labradas y cortados a ninguna parte salpican el camino, con el Tajo murmurando si acaso se transita en silencio.

El Pico del Cambrón, con su mirador, te transporta a la senda ecológica que, por fin, te asomará a un vacío que corta el aire. Hora del bocadillo y vuelta.

AL FIN DEL MUNDO Y VUELTA EN LA SIERRA DE ALBACETE

Cualquiera querría ir al fin del mundo si tuviera la certeza de que acabaría regresando. Si hay algo parecido, desde luego, esa chincheta en el mapa estaría en la provincia de Albacete, en ese paraje de los Calares del Río Mundo, que tomó su nombre porque, de un vistazo, es capaz de hacerte sentir que de verdad lo posees.

Si preguntas a alguien de la zona, la etimología cambia y te ofrece el término ‘Chorros’ para identificar la zona que estamos buscando. Si el paseante tiene la suerte de caer en sus dominios cuando todavía el calor no impera, el azar de cuándo llueva o deje de hacerlo podrá permitirle, además, contemplar las espectaculares cascadas que discurren por sus paredes.

Cuando estas estallan en cada uno de los aclamados ‘reventones’ que las inmortalizan cada tanto y siempre cuando hace frío, entre noviembre y febrero con más probabilidad, el líquido elemento que emerge de la tierra es el que dibujará, en el lienzo que supone el entorno de Riópar, una experiencia siempre única por mucho que se repita en el tiempo.

Si perdura es porque el tiempo se paró aquí para fijar su epicentro en una fotografía que lo es de una diversidad paisajística que se conserva porque no envejece.

Para empezar el paseo, lo ideal es hacerlo desde Casa de la Noguera, colocando el punto más alejado de la ruta en los propios chorros del río, que nos aguardan en un valle escondido entre la verticalidad de un paisaje caprichoso. La salida del agua que permite todo lo demás corona la postal a casi cien metros por encima de la cabeza de quien se atreva a mirar.

Desde Casa de la Noguera abordamos la línea de puntos que tendremos que unir por un terreno de pista forestal que en ningún caso se complica. Tras cruzar el propio Mundo por un pequeño puente, las baldosas amarillas no dejarán de acompañarnos hasta tocar el hito que nos indicará que hay que regresar, pero no por el mismo camino.

La ruta de vuelta, siempre hacia el norte, nos la tapiza una senda descendente custodiada por un bosque de pinos y una fuente erigida en madera que vivió tiempos mejores.

Los tramos finales están presididos por la Haza de la Sabina, antiguas ruinas y abrevaderos que nos llevarán sí o sí hasta el arroyo del Roblellano. El lavadero público nos anuncia que hemos llegado a destino. Ya solo queda repasar todas las fotos que nos llevaremos en el zurrón, porque, en el alma, esta ruta quedará esculpida para siempre.

LA ESCALERA GRANDE Y LA RAYA PEQUEÑA

A un puñado de kilómetros de la capital conquense, lo suficientemente escasos como para que merezca la pena el desvío o la inclusión de esta ruta en un plan fugaz de fin de semana, está la senda entre el Escalerón y la Raya.

A lo largo de diez kilómetros, bastan dos horas y media para completarla y no es suficiente una vida para olvidarla. Empezaremos en Uña, el portal de entrada a la Serranía de Cuenca, tan protegido por el secreto de lo que es como ansioso por dejarse descubrir.

Muelas, cortados, cañones y una senda para recordar son los cuatro puntos cardinales de un camino del que se empieza a tomar constancia de su etimología cuando quien lo pasea se enfrenta a la Raya. El pasado kárstico de esta zona de la provincia, que anuncia al Sistema Ibérico, le da alojamiento.

Durante los pasos que se pueden encadenar en esta zona privilegiada, hay fotografías imperdibles. Los compañeros de viaje, desde buitres leonados hasta hileras de coníferas interminables, dan a la sucesión de pasos la virtud de cortarnos el aliento desde su primer tramo, desde Uña hasta el Escalerón.

La laguna de Uña será la encargada de llenarnos la mochila de aire para desearnos suerte en el camino, consciente de que quien lo empieza todavía no sabe que, en algún momento tras el ascenso, tendrá que, desde lo alto, echar la vista atrás para volver a contemplarla, esta vez de forma panorámica, desde tan arriba que a uno le salen alas.

Subir al Escalerón no es difícil. Tras salvar un pequeño desnivel que ronda los cien metros, el primer mirador de todo el camino ofrecerá una vista única justo antes de entrar en un bosque de sabinas, pinos y brezos, sin descartar algún acebo. Enfilando el oeste y dejando atrás los árboles, el Puntal de la Tola es el punto exacto en el mapa a partir del cual el vacío será compañero a nuestros pies, al menos hasta el Rincón de Uña, sin duda un mirador que, desde ese momento, se quedará a vivir en nuestra retina.

Es ahí donde Uña y su laguna vuelven a ponerse frente a nuestros ojos, esta vez con la distancia que otorga el cielo. Si el día es de suerte, el vuelo de los buitres será testigo.

Cuando toca orientarse hacia el sur, la Raya será el siguiente objetivo. La senda se empequeñece hasta encajar al paseante entre la roca, donde desde el clima hasta el paisaje cambian a la fuerza. La roca caliza y el paso del tiempo brindan ahora una grieta en la pared que sirve para bautizar este paraje.

Obligatorio girar la cabeza al dejarla atrás para poder disfrutar de otra de sus caras. A partir de ahí, un dulce descenso que nos llevará al punto inicial. Al mismo sitio, pero, sin duda, a distinto lugar.

PASEO HÚMEDO DE SILENCIO ROTO

En esta búsqueda de paseos tranquilos, la provincia de Ciudad Real se convierte en el mejor de los catálogos gracias a esa llanura encerrada entre picos y volcanes que supone La Mancha ciudadrealeña. En el casting final, finalmente son las Tablas de Daimiel y una de sus múltiples opciones las que se cuelan en este muestrario de rutas del colesterol.

Con salida en el Centro de Visitantes, que bien merece una visita detenida, es este el punto en el que se abre una puerta a otra dimensión. Más de 300 especies vegetales, bien en superficie, bien bajo el agua; la propuesta faunística también es de categoría. Serán compañeros de viaje desde tejones hasta ginetas, zorros, conejos, liebres o murciélagos enanos, erizos y comadrejas. Y todo ello sin contar con las aves.

Con tres itinerarios que se entrelazan, completar la premisa de que la ronda sume diez kilómetros solo será posible si se recorren los tres. Empecemos por el camino hacia la Isla del Pan, pintado de amarillo en los murales, un aperitivo de dos kilómetros.

Esta senda cose gran parte de la veintena de islas que completan el mapa de las Tablas. Tayares, Maturro o Pan serán algunos de los ejemplos que se unen a golpe de pasarela de madera, ofreciendo así atalayas que posibilitan casi tocar el ecosistema, o al menos escucharlo al paso del primer ruiseñor.

El segundo camino, el de la Laguna Permanente, viene de rojo, con casi un kilómetro que, si se hace de ida y vuelta, permite atravesar observatorios donde las acuáticas se ven en cinemascope. Más allá de garzas comunes y martinetes, y de algún cormorán en los días de suerte de invierno, la paciencia puede guiarnos hasta el avistamiento de la nutria.

El camino azul, con el epígrafe de ‘Itinerario del Prado’, ofrece cuatro kilómetros entre la ida y la vuelta que suponen la cima de todo el parque nacional, de forma que se convierte en el mejor punto para que la vista sea panorámica.

Un paseo en conjunto que se completa con la visita al Molino de Molemocho para terminar de redondear la jornada, impregnados de naturaleza y con la sensación cierta de que los tesoros de la región son inabarcables.

UN BARRANCO, UNA VIRGEN Y UNA HOZ

Guadalajara, ese trozo de tierra que parece mentira que sea una sola provincia, encierra en ese Alto Tajo miles de cicatrices en forma de caminos a ninguna parte y a todas a la vez. El Barranco de la Virgen de la Hoz tiene todo dispuesto para esa pequeña ruta de diez kilómetros que nos ayude a coger una rutina saludable a la vuelta de las vacaciones.

Entre Corduente o el santuario para arrancar nuestro periplo, elegiremos lo segundo, que cuenta con dos kilómetros más que serán necesarios para redondear nuestra cuenta kilométrica. Una minúscula ermita a los pies de una piedra tan roja que parece su centinela. Cosas del hierro oxidado y capricho de la naturaleza.

La Virgen de la Hoz será aquí quien nos bendiga en la salida y, al lado, por si fuera necesario y aunque no lo fuera, tres caños para llenar las cantimploras.

Con esta disposición de elementos, la ruta a realizar, de subida a los miradores con Corduente al otro lado, nos permitirá disfrutar mejor de la vista que si hubiéramos optado por la cruz de la moneda.

Escaleras arriba, allí donde los cables sirven tanto de punto de apoyo como de mojón en el camino, hay que iniciar una pequeña subida que irá dejando encima del tapete de nuestro ángulo de visión distintas postales en forma de panorámicas.

Si nos dejamos guiar por los carteles explicativos, aprenderemos la lección que nos dice que justo aquí, pero hace más de 200 millones de años, quien transitaba esta latitud era un río, el responsable de esculpir a su paso la maravilla que está ahora ante nuestros ojos.

Esta etapa nos lleva al mirador desde donde se atisba el río Gallo, solo el primero de los descansos con vistas que nos esperan. A continuación, el Mirador de la Cueva, que nos devolverá al camino original antes de un tercer apeadero que nos pone cara a cara con el río que hace unos pasos era solo un horizonte. El mismo río que nos susurrará al oído en los últimos pasos de esta ruta hasta volver al punto de partida.

Aquí tiene las cinco propuestas, cinco formas diferentes de conocer Castilla-La Mancha. Una vez terminada cada una de las rutas, tendrá que elegir si bocadillo o buena mesa. En cualquiera de estas cinco propuestas tendrá a mano unos buenos fogones. Pero eso, si les parece, lo dejamos para otra entrega, que así podré cobrarle doble al director.

Humberto del Horno
Humberto del Hornohttps://somosclm.com
Humberto del Horno (Cuenca, 1985), licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, llegó en 2011 a la Delegación de Europa Press en Castilla-La Mancha, que dirige desde 2013. Actualmente compagina este cargo con columnas en La Tribuna de Cuenca y El Digital de Albacete, además de colaborar en tertulias de Radio Castilla-La Mancha y en el programa Estando Contigo de la televisión regional.

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