Para uno que trabaja en la costumbre de juntar letras para contar historias, sabe distinto cuando lo hace usando como muleta la primera persona. En el espacio que corresponde a este día 20 aprovecharé la experiencia propia para ilustrar, al menos, la premisa.
Mil caminos van a Santiago, también mil ilusiones, igual que mil excusas y, del mismo modo, mil intenciones con mil propósitos distintos. A todas ellas, intuyo, las atraviesa un pellizco transversal, y es el calambrazo de cuando ves la Catedral asomar por el horizonte.
Son hasta seis las distintas llegadas oficiales a la plaza del Obradoiro, de las cuales ya he transitado tres, consiguiendo la Compostela; esto es, acreditar al menos los últimos cien kilómetros si es que la ruta se completa a pie.
Todas las demás sendas de las vieiras amarillas que atraviesan el mapa de España terminan, antes o después, por confluir en alguna de esas seis llegadas. Los caminos Portugués, Inglés, Primitivo, Francés, del Norte y Sanabrés confluyen en la casa del Apóstol. Sus hitos, alzados a 100 kilómetros de la gesta, se colocan en Tui, Ferrol, Lugo, Sarria, Baamonde y Orense, pero vienen de mucho más allá. En Castilla-La Mancha hay buenos ejemplos. Coja los bártulos, que nos vamos.
EL CAMINO MANCHEGO, PROPIO Y DE PURA CEPA
Esta particular ruta, propia y manchega a más no poder, recorre un total de 135 kilómetros y lo hace con la iglesia de Santiago de Ciudad Real como punto de partida, para terminar fundiéndose con el Camino del Levante, con la línea de meta fijada en la Puerta de Bisagra.
Castillos, molinos, volcanes y olivares en el paisaje. No hace falta nada más; si acaso, ese aire que solo se destila en La Mancha. Este camino ofrece una quietud que sepulta al peregrino, con el añadido del halo de don Quijote como compañía y con las huellas de la Orden de Santiago.
El trazado ya lo insinuó el antiguo Camino Real que conectaba las dos capitales de provincia, con cinco etapas que ofrecen al caminante visitas que probablemente nadie agendaría porque sí.
El Campo de Calatrava es el primer anfitrión hasta que Malagón asoma por el horizonte. Los Montes de Toledo, que ilustran la vista, abrirán paso hasta el Santuario del Cristo de La Mancha, epicentro de la fe del manchego por mérito propio.
Los Yébenes requieren parada, sobre todo si es la hora de comer, y la cuesta abajo empieza para terminar en Sonseca. Todo ello para preludiar el saludo del Tajo, que enseña el camino hasta Toledo. La monumental Puerta de Bisagra será el objetivo. Si llega pronto, pase a tomar el chocolate del Kiosko Catalino.
No faltarán las flechas amarillas para indicar la dirección, en un camino que finalmente se acabará quedando corto. Puede, si así lo desea, hacerlo de nuevo a la inversa. Y por qué no.
DE VALENCIA O ALICANTE A ZAMORA POR C-LM: LOS CAMINOS DEL SURESTE Y DEL LEVANTE
Si uno quiere conectar el Mediterráneo con Santiago de Compostela, tendrá que atravesar nuestra tierra. Eso ya lo sabían los romanos, y así lo atestiguan las calzadas que aún perduran.
Ya se peregrinaba así desde hace 500 años, que esto no es nuevo. Caudete es el primer punto castellanomanchego que recibe al peregrino desde Villena, que habrá elegido llegar hasta allí viniendo de Alicante o de Valencia. Ahí se enfila Castilla-La Mancha, tan extensa que ofrece hasta 400 kilómetros en nuestra región antes de pisar Ávila, regateando Madrid.
Cereales, lagunas y pocas cuestas alfombran la mayoría del camino, que pasará por Albacete y repostará miguelitos en La Roda. Minaya y El Provencio plantean la primera frontera, que apenas se nota a juzgar por el paisaje. La que ahora es Cuenca se transformará en Toledo al tocar el timbre de El Toboso.
Subir al castillo de Almonacid es el aperitivo antes de degustar Toledo, allí donde también culmina el Camino Manchego. Poco frecuentado, permite al peregrino refugiarse en su soledad, si es que así lo ha deseado. Que estar en silencio en la llanura manchega vale el doble.
DE CAUDETE A ATIENZA: LA RUTA DE LA LANA
Los esquiladores trashumantes elegían esta vía para llevar su lana, la mejor del mundo, hasta Burgos, capital del comercio de este tejido allá por el siglo XVI. Termina por encajar en el Camino Francés, pero, hasta entonces, se te pega Castilla-La Mancha hasta el último hueso.
De todos los paseos a Santiago que pasan por Castilla-La Mancha, este es, sin duda, el que más desniveles presenta. Las montañas, aun así, son más compañía que impedimento.
Caudete, como primera parada, ofrece río, patrimonio y montaña, en una ruta que terminará por deslizar incluso arte rupestre levantino. Es solo el principio. Almansa o Alpera son los primeros ejemplos de postales que se te clavarán en el fondo de la memoria.
Asaltar Cuenca al pasar por El Herrumblar obliga ahora a respirar más hondo, porque, en cuanto termine La Mancha conquense, la montaña exigirá apretar los dientes y las rodillas. Cosas del Sistema Ibérico.
Pasar por Cuenca capital es, sin duda, un privilegio dentro de este cometido antes de ir a Albalate y Valdeolivas, que nos despedirán rumbo a la provincia de Guadalajara. Cifuentes y Mandayona anuncian Atienza, siempre majestuosa. La sombra del Cid planea en esta parte del recorrido, mezclándose con la esencia medieval que jamás se irá de sus entrañas. Ya queda poco para Soria. Ya queda menos para Santiago.
DE LORCA A MORA, EL CAMINO DEL ARGAR
De todas las columnas vertebrales que atraviesan el país para peregrinar a Santiago de Compostela, la Ruta del Argar se acomoda en la lista de las menos conocidas, y eso la hace más especial.
Un camino con salida en Lorca y final en Mora, a las puertas del Camino del Levante, la vía atraviesa Castilla-La Mancha desde que entra por Socovos. Salpicado de montañas, el inicio de este camino transita por Elche de la Sierra, Riópar, Vianos y Viveros hasta que la llanura da un respiro al caminante a la altura de las Lagunas de Ruidera.
Desde aquí, Santiago parece más cerca. Será porque no molesta ninguna altura en el horizonte. Tomelloso, Alcázar y Madridejos serán las últimas paradas, y todas ellas obligan al peregrino a detenerse.
Coser Castilla-La Mancha a patadas por esta opción abre en canal lo más profundo de La Mancha justo después de las sierras de Albacete. No hay una manera mejor de sentir en el paladar lo que ofrece nuestra región.
BONUS: EL CAMINO DEL AZAHAR QUE ROZA PÉTROLA Y FUENTE-ÁLAMO
Cuando acabe todos los caminos, tiene una opción más de buscar la Compostela desde tierra patria. El Camino del Azahar, que nace en Cartagena hasta fundirse con el Camino del Levante, ofrece dos bailes más en nuestra región.
Su último resquicio abre en canal dos pueblos de Albacete que los albaceteños no proclaman, porque los quieren para ellos solos. Fuente-Álamo y Pétrola despiden esta opción en el tramo final que viene del segundo de los caminos murcianos. Cualquiera de los dos atrapa y enamora.
No se olvide el peregrino de una cosa. Si es que decidiera continuar hasta Santiago, tendrá por todas estas alternativas la posibilidad de llenar el zurrón de la mejor gastronomía del mundo. Imagínese abrazar al Apóstol y compartir con él un trozo de queso. Mil años de perdón.
