viernes, 10 abril 2026

· Manzanares | Toledo ·

Anatomía de la risa castellanomanchega: ingeniería, asfaltado y peregrinaje del camino de la comedia patria

Un recorrido por los nombres, referentes y herederos que han levantado, consolidado y mantenido vivo el humor hecho en Castilla-La Mancha

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INGENIERÍA

Se abre el telón y aparecen dos tipos, uno alto y larguirucho, otro más retaco. Esmoquin, bombín, impolutos. El primero es el que lleva la batuta del relato, mientras el otro le mira con cara de circunstancia. El bajito toma el testigo y avisa a los que escuchan enfrente.

—En efecto, vamos a enseñarles cómo se sirve un vaso de agua. Y a partir de este instante, mi compañero irá traduciendo todo al francés, que es una lengua que domina perfectamente.

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Se abre el plató. 1974. Una joven de pelo cobrizo entra en escena acompañada de una señora mayor, a la que sostiene en el regazo.

—¿Qué hace usted tan maquillada?
—Que me han pintado para el programa. Mire usted cómo me han puesto. En mis tiempos íbamos con la cara lavada, fresca como una lechuga. En mis tiempos, ¿sabe usted?, yo en mis tiempos causaba furor con mi caída de ojos… tanto que se me cayeron los dos. Pero no se nos caían las lentillas. ¡Se nos caían los ojos!
—No sea usted exagerada. ¿Y qué opina usted de la apertura?
—¡Ay, la apertura! Me he enterado por ahí de que, con tanta apertura que hay en el extranjero, hay gente que va desnuda.
—¡¡¡Doña Rogelia!!!

Se abre la última noche del año. Se enciende el televisor. A un joven acostumbrado a hacer reír de programa en programa le han prohibido desde dirección y a última hora emplear un cordero vivo para su sketch. La juventud que posee le permite todavía destilar ardor guerrero y protestar, qué más da si es delante de toda España.

Y lo hace como sabe, ataviado con una peluca y con el ingenio que aprendió en Brazatortas como punta de lanza. Sentado a una mesa, junto a un viejo teléfono de rosetón de aquel color que no era ni verde ni marrón y era de los dos a la vez.

—Bienvenidos todos a Encarna de noche —espetaba como pistoletazo de salida antes de atender llamadas, la primera de ellas desde Algete—.
—Tengo a dos chicos haciendo la mili aquí en Móstoles y digo: voy a freírles unas empanadillas antes de llamar a Encarna de noche, que si no luego se me queman, y esa ha sido la cosa mía de llamarte —contestó la interlocutora.

Se abre el programa y ahí está. El joven quiere buscar novia y no se le ocurre otra cosa que ir a la tele para encontrar lo que se le resistía en los bares del pueblo. La entradilla del show televisivo le presenta con detalle: “Le gusta hacer deporte, también le gusta leer, colecciona antigüedades y es aficionado al bricolaje”.

Ataviado con chaqueta de lana cerrada a un botón, con camisa blanca y corbata y tras unas gafas gruesas que le obligan a achicar la mirada, nuestro protagonista desembarca en su aventura para decidirse por una de las tantas chicas que le pretenden. Está nervioso, se le nota, y de tanto que lo está, contagia al presentador. Finalmente se hace la luz. El mozo ha decidido y aprieta con decisión el pulsador que certifica que su corazón ya tiene dueño.

—Bartolo, ¿quién será la afortunada? ¿Pilar, Rosi, Ruth, María José, Claudia? ¿Por quién te has decidido?
—¡Por usted, señor Puente! ¡Por su firmeza, por su buen hacer, don Puente, por esa virilidad! ¡Le quiero desde la primera vez que le vi en televisión anunciando el atún! —respondió el efebo, pretendiendo lamer la calva del conductor del programa.

José Luis Coll, Mari Carmen y sus muñecos, Millán Salcedo, José Mota… de algún modo, fueron los ingenieros que diseñaron el trazado por el que acabaría discurriendo la comedia castellanomanchega con el paso de los años. Pioneros, referentes e iconos: a ellos se les debe gran parte del honor de que el humor de nuestra tierra sea santo y seña que identifica a quien es, en el fondo y pese a todo, buena persona.

ASFALTADO

Miércoles por la noche, uno cualquiera de 2003. Un grupo de universitarios se agolpa frente a la pantalla del portátil de uno de ellos, esquivando ceniceros y pasándose caladas de lo que sea. Empieza la sintonía que anuncia la gloria, el cuerno de Góndor que vaticina 30 minutos de pura risa. Los primeros acordes del sintetizador que suceden a un reloj de cuco ya auguran la carcajada. Marcianos, robots, psicodelia colorinchi y un “titoti, titotitoti” que se repite hasta el arranque. “La hora chanante”, grita la tele. “¡Chanante!”, vociferan los estudiantes al otro lado de YouTube.

Siempre la misma estructura. El protagonista del Testimonio del programa anterior será el presentador del programa de hoy. En cualquiera de los dos casos, siempre la misma pose, siempre el mismo gesto, siempre la misma voz que nunca se desprende del acento de siempre. Es Joaquín Reyes, la parte de un todo que completan Julián López, Ernesto Sevilla, Carlos Areces, Raúl Cimas, Pablo Chiapella y Aníbal Gómez.

Artesanos de la risa, alquitranaron el camino de la comedia regional a golpe de humor, personajes redondos y un lenguaje de chanza que bailaba con lo absurdo para dar brillo al formato de sketch. Un camino que empezó casi clandestino y que ya es eterno.

PEREGRINOS

Con el camino de baldosas amarillas perfectamente colocado, peregrinar hasta la Oz de la comedia es un paseo triunfal. Pero hay que transitarlo. Y esta disciplina, en la región, vive ahora un buen momento, con una inercia ascendente que presagia que el techo no llegará nunca.

El octavo arte, tan balsámico como retorcido a veces, goza de buena salud en Castilla-La Mancha, y así lo atestigua el Gacha’s Comedy. Una cita ya afianzada en el calendario cultural de la región y que año a año permite vislumbrar cómo la artesanía de hacer reír es en nuestra tierra necesaria y obligatoria. Un año más, han vuelto a llenar salas y a alzar la voz para colocar en el mapa una forma de ser que se extiende hasta la misma forma de reír.

Y por ahí van los peregrinos que no dejan de ensanchar la sonrisa de nuestras cinco provincias. Fran Pati, Agustín Durán, Mario Ezno, Berta Collado, la minúscula parte puertollanera de Eva Soriano, Jesús Arenas… un elenco de alquimistas del buen humor que consiguen, a su manera, elevar la risa a la categoría de buena costumbre.

Desde Klappenbach hasta Bernat Castany, cualquier filosofía que se preste en torno a la risa, su utilidad y su simbolismo estará coja, más aún la mía. Pero como uno acostumbra a escribir sobre lo que domina, me siento hoy más capacitado que nunca para atreverme a desafiar a los sabios con más corazón que pragmatismo.

Sé de la risa porque me río mucho, porque sé lo que me hace reír, que es casi todo. Y, como en casi nada, el entorno no es una casualidad. Criarme en esta tierra me abrió la puerta a un carácter universal que, a la fuerza, vendría a construirme sobre un encofrado de buen humor.

Nuestra retranca estaba ya en el Quijote, ya lo saben. Que el hidalgo fuera ingenioso no fue algo accesorio. Unir su principio y su fin nos obliga a detectar la sorna con la que la crítica de la época fue edificada. Que don Alonso Quijano regresara de Barcelona con dos tomos escritos sobre sus espaldas, hablando de los “abominables” libros de caballerías, ya enseñaba la patita de lo que pasa en nuestras fronteras.

EPÍLOGO

Y como está feo hablar de los santos sin mentar a Dios, que no se nos pase citar a don José Luis Cuerda.

Se abre la escena. De algún modo, Jimmy ha retorcido la obra de Dostoievski para terminar de usarla como herramienta para convencer a Aurora de que le preste un camastro donde dormir con su hijo, que es profesor en Oklahoma y está de año sabático. Y ahí están, Jimmy y Teodoro, dispuestos a dormir espalda con espalda mientras el sidecar permanece aparcado en la puerta.

—Supongo que me respetarás, ¿eh, Teodoro?
—¿Qué guarradas está usted pensando, padre?
—Déjate, déjate, que un hombre en la cama siempre es un hombre en la cama.

Y amaneció, que no fue poco. Se cierra el telón.

Humberto del Horno
Humberto del Hornohttps://somosclm.com
Humberto del Horno (Cuenca, 1985), licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, llegó en 2011 a la Delegación de Europa Press en Castilla-La Mancha, que dirige desde 2013. Actualmente compagina este cargo con columnas en La Tribuna de Cuenca y El Digital de Albacete, además de colaborar en tertulias de Radio Castilla-La Mancha y en el programa Estando Contigo de la televisión regional.

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