¿Quién no se ha planteado alguna vez dejarlo todo durante una temporada e irse a vivir lejos de la ciudad? Cambiar el tráfico por el sonido de los animales, cuidar un huerto, despertarse en mitad del campo y comprobar cómo sería una vida alejada del ritmo habitual. Para quienes alguna vez hayan sentido esa curiosidad, esta experiencia puede hacerse realidad durante unas semanas en plena provincia de Toledo.
Una granja situada a unos siete kilómetros de Polán busca voluntarios dispuestos a colaborar en las tareas cotidianas del lugar mientras conocen de cerca una forma de vida basada en la autosuficiencia rural. La propuesta está publicada en Workaway, una comunidad internacional en línea que conecta a viajeros y anfitriones de diferentes países para realizar voluntariados a cambio de alojamiento y comida.
En esta plataforma pueden encontrarse distintas posibilidades para vivir este tipo de experiencias en Castilla-La Mancha. En este caso, el destino está muy cerca de Toledo, pero lo suficientemente apartado como para que sus responsables adviertan desde el principio de algo importante: hay que disfrutar realmente de la vida en el campo.





Una finca con animales, huerto y pistachos
El proyecto lleva 14 años ligado a la autosuficiencia rural y combina el cuidado de la finca con intereses relacionados con el arte, la música, el circo, la biodiversidad y la convivencia. Después de varios años recibiendo a voluntarios y otros habitantes, sus responsables explican que actualmente atraviesan una etapa de reorganización para mejorar la convivencia.
Los voluntarios se alojan en la casa principal junto a Bárbara, de 47 años. Cerca, en varias casas móviles, reside otra familia formada por Sergio, de 38 años; Noemí, de 36; y sus hijos Zara, de 15, y Kevin, de 20.
La finca cuenta con pistachos, huerto y distintos animales. Entre las tareas propuestas está ayudar a esta familia con el mantenimiento y los arreglos del gallinero y sus alrededores, además del cuidado de tres ovejas.
También necesitan colaboración para organizar espacios comunes —como la cocina, el taller, la casa o una nave destinada a materiales reciclados—, realizar trabajos de bricolaje y mantenimiento y atender el huerto. En la casa viven además dos perras y un gato.
No hace falta llegar sabiendo hacerlo todo. La propuesta está dirigida tanto a personas con cierta experiencia como a quienes tengan ganas de aprender, aunque sí buscan voluntarios independientes. La razón es sencilla: quienes participen pasarán bastante tiempo solos en la granja.




Una experiencia rústica, no un «ecohotel»
El alojamiento disponible consiste en dos habitaciones básicas para los voluntarios y la finca dispone de baño seco. Sus responsables dejan claro en la descripción que se trata de una casa rústica en el campo, en una zona donde el agua no abunda, aunque aseguran que las necesidades básicas están cubiertas.
Durante la estancia, los viajeros pueden aprender sobre agricultura ecológica, cuidado de animales y formas de vida sostenibles. En invierno, también se contempla la elaboración de pan y pizza.
Otro de los requisitos es hablar algo de castellano o, al menos, tener interés por aprenderlo. La convivencia se plantea también como una oportunidad para conocer personas de distintas edades, países y procedencias, practicar idiomas y acercarse a la cultura local.
La propuesta está abierta igualmente a nómadas digitales, ya que, según indican sus responsables, la finca dispone de una buena conexión wifi.
Los trabajos en los que participan los voluntarios están relacionados con las áreas destinadas al autoabastecimiento. Según explica el anuncio, estas actividades no generan un beneficio económico y el poco dinero obtenido se utiliza para pagar la electricidad y aquellos productos que no producen o consiguen mediante reciclaje.
Pese a encontrarse en plena zona rural, la finca está a unos 20 kilómetros de Toledo, ciudad a la que se puede llegar en autobús para realizar una visita durante el día. Madrid se encuentra a unos 70 kilómetros y el trayecto en autobús dura alrededor de una hora y media, según la información publicada.
En los alrededores también hay lugares que pueden recorrerse andando, en bicicleta o en vehículo. El resto del tiempo transcurre entre animales, huerto, tareas de mantenimiento y una casa de campo que no pretende ofrecer comodidades turísticas, sino precisamente la experiencia de vivir durante una temporada lejos de la ciudad.
