Paula Sevilla, nacida en La Solana (Ciudad Real), mostró desde muy joven un gran interés por el deporte, especialmente por el fútbol y el atletismo, convirtiéndose con el paso de los años en una laureada velocista del panorama nacional y en un ejemplo de esfuerzo y progresión en el deporte de alto nivel.
A lo largo de su trayectoria ha competido principalmente en las pruebas de 100 y 200 metros, aunque finalmente dio el salto a los 400 metros, una disciplina muy exigente que requiere tanto velocidad como resistencia y en la que ha conseguido sus mejores resultados.
Entre sus logros, destaca su participación en los Juegos Olímpicos de París 2024, la medalla de bronce en la prueba de 400 metros en el Campeonato de Europa indoor de 2025, celebrado en Apeldoorn, donde además igualó el récord de España. Asimismo, ha conseguido importantes resultados formando parte de los equipos de relevos de España:
- En los Relevos Mundiales de 2025, celebrados en Guangzhou, logró la medalla de oro en el 4 × 400 metros (junto con Eva Santidrián, Daniela Fra y Blanca Hervás) y la medalla de plata en el 4 × 100 metros (junto con Esperança Cladera, Jaël Bestué y Maribel Pérez).
- En el Campeonato Mundial de Atletismo en pista cubierta de 2026, disputado en Polonia, obtuvo la medalla de plata en el 4 × 400 metros mixto (junto con Markel Fernández, David García y Blanca Hervás), además de la medalla de bronce en el 4 × 400 metros (con Ana Prieto, Rocío Arroyo y Blanca Hervás).
- Finalmente, en los Relevos Mundiales de 2026 celebrados en Botsuana, consiguió la medalla de plata en el 4 × 400 metros, repitiendo el mismo cuarteto y estableciendo un nuevo récord nacional.

– Los aficionados al deporte tendemos a simplificar, valorando los resultados y las medallas, sin detenernos en todo lo que hay detrás. ¿Cómo es su día a día y qué sacrificios implica preparar una competición al máximo nivel?
Resido en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid, y eso facilita mucho mi día a día. No tengo que preocuparme por preparar las comidas ni por muchas de las tareas domésticas que conlleva vivir en un piso o una casa, así que puedo centrarme mucho más en entrenar, estudiar y descansar.
Suelo organizar la jornada por bloques. Las mañanas las dedico a estudiar, realizar las prácticas o atender las obligaciones académicas que tenga en cada momento. Por las tardes llega el turno del entrenamiento, que es la parte central del día.
La planificación semanal también está muy definida. Los lunes, miércoles y viernes realizo sesiones de series; los martes y jueves el trabajo se centra en el gimnasio; y los sábados hago ejercicios de fuerza aplicada, arrastres y otros trabajos específicos orientados al rendimiento en competición.
En mi caso, para poder entrenar en las mejores condiciones, vivo lejos de mi familia. Sin duda, en el plano personal ese es el mayor sacrificio que hago porque implica renunciar a pasar más tiempo con las personas que más quiero. Te pierdes reuniones familiares, momentos con los amigos y muchas experiencias cotidianas porque mi prioridad es entrenar y preparar las competiciones de la mejor manera posible.
– El fenómeno “Golden Bubbles” se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles del atletismo español y a medida que llegan los buenos resultados crecen las expectativas. ¿De qué manera gestiona la presión de competir sabiendo que la exigencia es cada vez mayor?
Estoy trabajando con un psicólogo, Félix Marquiegui, y me ayuda muchísimo a gestionar la presión. Gran parte del trabajo consiste en centrarnos en el día a día, en ir paso a paso y en marcarnos objetivos que realmente estén a mi alcance y que respondan a lo que yo quiero conseguir porque muchas veces, las expectativas de los demás no coinciden con las tuyas, y hay personas que esperan cosas de ti que ni siquiera forman parte de tus propios objetivos. Por eso intento centrarme en mi camino, y en el presente, ya que no tiene sentido obsesionarse con lo que puede ocurrir, por ejemplo, dentro de cinco años.
Después, por supuesto, también están mis propias expectativas. Yo misma me exijo mucho y, en ocasiones, gestionar esa autoexigencia no es sencillo. En ese sentido, contar con la ayuda de Félix me ha permitido afrontar esa presión de una manera mucho más saludable y equilibrada.

– El relevo es una de las pruebas más complejas del atletismo cuyo resultado final depende del equipo. ¿Cómo se adquiere la capacidad de competir priorizando el rendimiento del colectivo?
Creo que es algo que se aprende y, además, a nosotras también nos ha llevado tiempo. Todo comenzó con el Plan Nacional de Relevos que puso en marcha la Federación Española en 2017. Gracias a ese programa empezamos a concentrarnos con más frecuencia a lo largo del año y a preparar de forma conjunta los grandes objetivos de los relevos.
Esa continuidad ha sido clave para entender todo lo que el relevo puede aportarte, algo que muchas veces no encuentras en la prueba individual. De hecho, a nivel europeo, la velocidad española ha conseguido algunos de sus mejores resultados precisamente gracias a los relevos, más que en las pruebas individuales.
Durante esas concentraciones aprendemos a convivir y, con el tiempo, también se crean vínculos personales. Como ocurre en cualquier grupo, hay compañeras con las que tienes más afinidad y otras con las que menos, pero termina formándose una relación de amistad y compañerismo que no se desarrolla de la misma manera cuando solo compites de forma individual.
Eso hace que acabes confiando plenamente en el equipo y que valores todo lo positivo que supone formar parte de él. Al fin y al cabo, venimos de un deporte individual en el que, muchas veces, tus rivales también son tus propias compañeras de selección. Sin embargo, con el tiempo aprendes a cambiar esa perspectiva. Entiendes que, aunque hoy estés compitiendo contra una compañera, cuando llega el relevo todas perseguimos el mismo objetivo y cuanto mejor le vaya a ella, mejor le irá también al equipo y, en consecuencia, a todas nosotras.
– Desde fuera, el intercambio del testigo parece uno de los momentos más delicados del relevo. ¿Cuánto trabajo técnico y de coordinación hay detrás de una transición bien hecha?
Creo que hay muchísimo trabajo detrás. De hecho, aquí sí diferenciaría claramente lo que supone preparar un relevo de 4×100 y uno de 4×400.
En el 4×100, el componente técnico es fundamental. El cambio de testigo es mucho más delicado porque las velocidades son muy elevadas y cualquier pequeño margen de error puede marcar la diferencia entre ganar una medalla o quedarse fuera de la carrera.
En cambio, en el 4×400 el peso recae mucho más en la estrategia: cómo distribuyes a las corredoras, en qué orden compite cada una y cómo planteas la prueba en función de las características del equipo y de los rivales. La técnica sigue siendo importante, por supuesto, pero la táctica adquiere un protagonismo mayor.
Todo ese trabajo no se construye de un día para otro. Como te decía antes, desde la puesta en marcha del Plan Nacional de Relevos se ha trabajado de forma muy específica para perfeccionar todos esos aspectos. Ahora, casi una década después, estamos empezando a recoger los frutos de ese proceso. Gracias a esa continuidad y a ese trabajo conjunto, España ha conseguido consolidarse entre las selecciones más competitivas de Europa y competir cada vez con más garantías también a nivel mundial.

– En la prueba de relevos cortos (4×100) suele correr la tercera posta, mientras que en el relevo largo (4×400) acostumbra a abrir la carrera. ¿Qué características debe reunir una atleta según la posta que realiza?
En el relevo corto, cada posta tiene unas características muy concretas. La primera relevista debe correr muy bien la curva y ser una atleta explosiva, porque es quien abre y lanza la carrera. La segunda suele ser una de las corredoras más rápidas del equipo, ya que es la que más metros recorre y, además, tiene la responsabilidad de recibir y entregar el testigo.
La tercera posta también es especialmente exigente. Debe ser una atleta capaz de mantener la velocidad durante un recorrido superior a los 100 metros y hacerlo, además, en curva. Por último, la cuarta relevista suele convertirse en una figura clave dentro del equipo. Es quien asume la mayor presión, porque es donde se deciden las carreras, por lo que suele ser una atleta rápida, con experiencia y con la capacidad de gestionar situaciones de máxima exigencia.
En el relevo 4×400, en cambio, la distribución de las postas depende más de la estrategia y del tipo de competición. En las últimas temporadas, yo suelo ser la encargada de lanzar la carrera. Me siento cómoda corriendo por mi calle, gestionando mi propio ritmo y posicionándome bien desde el inicio.
En esta prueba, uno de los aspectos más importantes es mantenerse dentro del grupo principal, porque correr acompañado siempre resulta más sencillo que hacerlo en solitario o tener que remontar después de quedarse descolgada. Mi función consiste en colocar al equipo en una buena posición dentro de ese grupo de cabeza para que mis compañeras puedan continuar la carrera en las mejores condiciones posibles.
A partir de ahí, cada una desempeña su papel para mantener esa posición y llegar con opciones al último relevo. Y, como ocurre en el 4×100, la mayor responsabilidad recae sobre la atleta que cruza la meta. Es quien afronta el desenlace de la carrera y quien debe gestionar toda la presión de los metros finales.
– Competir en pista cubierta o al aire libre exige adaptación en ritmos, estrategias y sensaciones muy diferentes. ¿Condiciona el entorno su rendimiento y su forma de afrontar una carrera?
La principal diferencia es que la pista cubierta tiene 200 metros y cuenta con peralte, mientras que la pista al aire libre mide 400 metros y es completamente llana. Por eso, la estrategia cambia mucho de una modalidad a otra.
En pista cubierta, es fundamental realizar un buen primer 200 para conseguir una buena posición en carrera, porque a partir de ese momento se coge calle libre y todas buscamos situarnos en el mejor lugar posible. Ganar esa primera mitad de la prueba y colocarte bien puede marcar la diferencia, ya que, si vas en cabeza, resulta muy complicado que alguien te adelante: tiene que ser una atleta claramente superior para abrirse, remontar y superarte.
En cambio, en aire libre cada atleta corre por su calle y la prueba es mucho más independiente. Cada una marca su propio ritmo; algunas corredoras optan por salir muy rápido y terminar sufriendo, mientras que otras plantean una carrera más progresiva. Por eso, la estrategia depende mucho del tipo de competición, de la carrera en la que estés y, por supuesto, de las rivales que tengas alrededor.
Es importante conocer cómo suelen competir las demás atletas y qué planteamiento pueden hacer. Al final, aunque la distancia sea la misma, los 400 metros en pista cubierta y al aire libre son casi dos mundos diferentes.
– Los 400 metros son una prueba donde hay que mantener una velocidad muy alta durante tiempo prolongado ¿es la acumulación de lactato el principal enemigo del atleta?
Sí, creo que esa es, principalmente, la clave para la que nos preparamos. El consejo que siempre me han dado es: «sal más fuerte y llega más fuerte». Al principio parece contradictorio, porque uno piensa que no tiene sentido empezar a un ritmo tan exigente para poder terminar mejor, pero en esta prueba es exactamente así.
Es una carrera en la que sales fuerte desde el inicio y, al llegar a los últimos metros, el ácido láctico aparece de forma natural como consecuencia del esfuerzo. Por eso gran parte de nuestro entrenamiento está orientado a retrasar su aparición y, cuando llega ese momento, aprender a gestionarlo.
Es un factor limitante que afecta de muchas maneras: las piernas dejan de responder igual, el cuerpo se bloquea y, de repente, tienes la sensación de que no sabes correr. Por eso, aprender a competir con esa acumulación de fatiga y saber mantener la técnica y la cabeza cuando aparece esa sensación es lo que realmente marca la diferencia en esta prueba.
– ¿Podría describir las sensaciones cuando aparece esa fatiga metabólica tan característica?
Realmente es como si de repente no supieras correr. Es verdad que las piernas dejan de responder con la misma fluidez, parece que te agarrotas, que el cuerpo se queda completamente rígido y que, aunque sigues dando zancadas, tienes la sensación de que no avanzas.
Hay momentos en los que la exigencia es máxima. Es una sensación muy dura, casi agónica, que suele aparecer a partir del último tramo de la prueba, especialmente en los 100 metros finales. En ese momento es una cuestión de resistencia mental: quien mejor consigue gestionar esa sensación y aguantar hasta el final es quien tiene más opciones de imponerse.
Cuando terminas la carrera puedes llegar a sentir ganas de vomitar, mareo, mucho calor e incluso dolor de cabeza.
Actualmente existen ayudas ergogénicas y estrategias de suplementación que pueden contribuir a mejorar el rendimiento. Por ejemplo, la beta-alanina ayuda a retrasar la acumulación de la fatiga asociada a la acidez muscular, mientras que el bicarbonato de sodio, que ahora está ganando mucha popularidad, también se utiliza para mejorar la capacidad de tolerar ese esfuerzo intenso.

– En un deporte donde el triunfo y el fracaso a veces los separan décimas de segundo, ¿cómo se gestiona una mala carrera o un error individual dentro de un relevo?
Nosotras no buscamos culpables; buscamos mejorar. Hoy puede ocurrirme a mí y mañana puede pasarle a otra compañera. Por eso creo que el ambiente de comunidad que tenemos dentro del relevo se nota muchísimo.
Sabes que cada persona que sale a competir va a dar lo mejor de sí misma en ese momento. Y si, por cualquier circunstancia, comete un error, entendemos que podría habernos pasado a cualquiera. No nos culpabilizamos entre nosotras, y eso ayuda mucho.
A nivel personal, es cierto que cuando ocurre algo así te sientes mal, porque no tienes la sensación de haberte fallado solo a ti misma, sino también al resto del equipo. Pero contar con ese entorno de confianza, de apoyo y de ausencia de reproches hace que sea mucho más fácil asumir el error, aprender de él y seguir adelante.

– En la película Corredora, dirigida por Laura García Alonso, se retrata la “lesión invisible” que padece la protagonista, una atleta de élite. ¿Por qué cree que en el ámbito deportivo todavía cuesta hablar abiertamente sobre la salud mental y la presión emocional?
En mi opinión, principalmente cuesta porque muchas veces no somos conscientes de que nos está ocurriendo algo a nivel mental. No siempre somos capaces de identificar el problema que estamos atravesando ni de asociarlo con nuestra salud mental.
Además, también implica aceptar una vulnerabilidad de cara al exterior. En un deporte individual, si reconoces que no estás al cien por cien, el resto de los competidores puede percibirlo. Y en un deporte colectivo ocurre algo similar: aunque tengas el apoyo del equipo, también existe la sensación de mostrar una debilidad que otros pueden interpretar como una oportunidad.
Creo que estas dos circunstancias hacen que, en muchas ocasiones, sea difícil dar el paso. Aun así, considero que estamos avanzando mucho. Cada vez conozco a más deportistas que trabajan con psicólogos y que entienden la importancia de cuidar también esa parte de la preparación. Incluso se habla con más naturalidad de los profesionales que acompañan a los atletas en este proceso.
Todavía queda camino por recorrer, pero creo que estamos avanzando hacia una sociedad en la que estos temas estén mucho más normalizados. Como ocurre con todo, siempre podemos seguir mejorando y construyendo, pero considero que vamos en la dirección adecuada.
Mirada personal
– En un deporte donde todo se mide al detalle, ¿tiene alguna manía o ritual antes de competir?
No me considero una persona muy maniática. Sí es cierto que todos los atletas solemos tener nuestras rutinas y planificamos el día de competición al detalle, incluso hasta la hora exacta de finalización de la prueba.
Aunque no lo considero una manía, sí me gusta competir con el pelo completamente liso y la coleta bien hecha. Al final, es un elemento más que forma parte de la carrera y necesito llevarla siempre de la misma manera, sobre todo para evitar que pueda convertirse en una molestia durante la competición.
Más allá de eso, no tengo muchas más costumbres o rituales.
– El atletismo de élite exige muchísimo física y mentalmente, ¿qué suele hacer para desconectar puntualmente del modo competición?
Habitualmente recurro a mi familia. Suelo volver a casa, que es como mi lugar seguro, y allí consigo desconectar muchísimo.
En el día a día también intento encontrar esos momentos de calma fuera del entrenamiento. Me gusta hablar con mi pareja y con mis padres, salir a pasear, ver series y leer. De hecho, hace unos días empecé la última novela de Arturo Pérez-Reverte, La isla de la mujer dormida, y estoy disfrutando mucho de ese momento de desconexión.
– La canción Persona Vitamina de Álvaro García habla de esas personas que brindan apoyo emocional y aportan energía positiva. En su caso, ¿quiénes son sus principales apoyos en los momentos difíciles?
Para mí, esas personas vitamina son mi madre, mi padre, mi hermano y mi pareja. Al final, son quienes comparten conmigo todo lo que ocurre en mi día a día. No pasa un día sin que hable con ellos y, por eso, tienen un papel fundamental en mi vida.
Son, en cierto modo, mis grandes apoyos emocionales, mis verdaderos compañeros de camino. Mi psicólogo ha hecho su trabajo, por supuesto, pero ellos también han sido una parte esencial del proceso y me han ayudado a llegar hasta donde estoy hoy.
– A lo largo de su trayectoria ha recibido importantes reconocimientos como el nombramiento de hija predilecta de La Solana y de Castilla-La Mancha, además de la Medalla de Oro al Mérito Deportivo regional en varias ocasiones. ¿Qué les diría a quienes sostienen que “nadie es profeta en su tierra”?
Les diría que, quizá, han nacido en la tierra equivocada, porque yo siempre me he sentido muy querida y reconocida. Desde pequeña han valorado mis logros y siempre he tenido la sensación de estar muy arropada por la gente que me rodea.
Además, me encanta que en las retransmisiones muchas veces se refieran a mí como “la de La Solana”. Creo que ese detalle tiene mucho valor, porque permite que la gente se identifique conmigo, que sienta una conexión más cercana y que me acompañe en el camino.
La verdad es que nunca he tenido ninguna queja. Me siento muy orgullosa de ser de La Solana y de Castilla-La Mancha, y solo puedo seguir agradeciendo ese apoyo y llevando con orgullo el nombre de mi pueblo allá donde compito.
– Crecer en La Solana, un lugar muy vinculado al trabajo en el campo implica convivir con la idea del esfuerzo constante. ¿De qué manera cree que esa cultura ha podido moldear su mentalidad como atleta de alto nivel?
Últimamente he reflexionado bastante sobre esto y creo que, al final, en La Solana y en Castilla-La Mancha tenemos una forma de hacer las cosas muy ligada al trabajo constante y silencioso. Somos un poco como hormiguitas: vamos sumando esfuerzo, avanzando poco a poco, sin necesidad de grandes gestos ni de ser ostentosos.
Creo que tenemos muy arraigada la cultura del esfuerzo, esa idea de trabajar cada día para intentar ser mejores. Y esa mentalidad se traslada también al deporte y a cualquier otro ámbito de la vida. Basta con mirar a quienes madrugan para ir al campo, a tantas personas que han construido su día a día a base de sacrificio y constancia.
Creo que esa forma de entender el trabajo nos ha marcado profundamente y, de alguna manera, también se refleja en nuestra manera de afrontar los retos deportivos y personales.
– Recientemente ha finalizado sus prácticas curriculares en la Fundación Deporte Joven, ¿qué le ha aportado esta experiencia y qué aprendizajes marcarán su futuro?
Para mí ha sido una etapa muy bonita. Una de las dificultades a las que nos enfrentamos los deportistas es que, muchas veces, acabamos encasillados únicamente en esa faceta. Nos preocupamos por lo que ocurrirá cuando termine la carrera deportiva, pero no siempre dedicamos tiempo a preparar nuestro futuro más allá de la competición.
Esta experiencia me ha permitido descubrir una realidad que desconocía. La Fundación Deporte Joven trabaja junto al Consejo Superior de Deportes, y gracias a ello he podido conocer toda la parte administrativa y de gestión que existe detrás del deporte, no solo la que se ve desde la pista. Ha sido un aprendizaje muy enriquecedor.
Además, me ha ayudado a comprobar que también puedo desenvolverme en un entorno laboral. Durante mucho tiempo sentía que mi rutina apenas había cambiado desde la adolescencia y poder demostrarme que soy capaz de asumir otros retos ha supuesto un impulso importante para mi confianza.
También he aprendido la importancia de no centrar toda tu vida únicamente en el deporte. Cuando los resultados no acompañan, es fácil que todo se venga abajo si no tienes otros proyectos o inquietudes que te ayuden a mantener el equilibrio. Contar con una formación académica y con experiencias profesionales que complementen mi desarrollo personal ha sido muy valioso.
Y, por supuesto, me llevo el factor humano. He tenido la suerte de compartir esta etapa con un equipo extraordinario, así que solo puedo sentirme muy agradecida y feliz por todo lo vivido.
– Después de todo lo conseguido hasta ahora, ¿qué objetivos o retos le siguen motivando en este momento de su carrera?
Como comentaba antes, voy paso a paso. Este año, por ejemplo, el gran objetivo es el Campeonato de Europa que se celebra en agosto en Birmingham, Reino Unido. Es una competición que, tradicionalmente, se adapta mejor a España porque nos sentimos más competitivos que a nivel mundial. En los Mundiales hay potencias atléticas muy fuertes y llegar a una final es mucho más complicado. En cambio, en un europeo las opciones son mayores y eso motiva muchísimo.
Después está ese sueño que siempre está presente. Ya tuve la oportunidad de disputar unos Juegos Olímpicos con el relevo, pero todavía no he competido en una prueba individual. Esa es una meta que siempre está ahí, como una pequeña voz que te recuerda que puedes intentarlo y que merece la pena seguir trabajando para conseguirlo.
Pero intento no mirar demasiado lejos. Prefiero centrarme en cada temporada: este año, el europeo; el próximo, el Mundial, para el que, además, el relevo ya está clasificado. Afronto cada reto cuando llega porque, si pienso constantemente en todo lo que queda por delante, termino agobiándome más de la cuenta.
Nuestra Tierra en el Corazón
– ¿Cuál es el paisaje de Castilla-La Mancha más inspirador que ha visto y qué sensaciones le evocó?
Personalmente te diría las Lagunas de Ruidera es un lugar con un significado muy especial para mí. Allí pasé gran parte de mi infancia: jugué, descubrí la naturaleza y guardo algunos de mis recuerdos más bonitos.
Además, creo sinceramente que las Lagunas de Ruidera son una de las grandes joyas de Castilla-La Mancha. Es un paisaje que inspira, que invita a detenerse y a disfrutar del entorno. A mí me inspira, pero estoy convencida de que puede hacerlo con cualquiera que las visite.
– En su opinión, ¿qué características hacen que nuestra comunidad autónoma sea un destino destacado para visitantes?
Me quedo con la tranquilidad, con la gente y con la gastronomía. Al final, creo que, muchas veces, las vacaciones terminan generándonos más estrés del que nos ayudan a aliviar. Por eso, si lo que buscas es desconectar de verdad, Castilla-La Mancha puede ofrecerte precisamente ese refugio.
Ya sea con amigos, en pareja o en familia, esta tierra invita a bajar el ritmo, a disfrutar del tiempo compartido y a reconectar con lo esencial. Y, por supuesto, está la gastronomía: aquí se come de maravilla, y eso siempre es un motivo más para volver.
– Para finalizar, ¿qué frase o eslogan inspirador compartiría con nosotros para reforzar el orgullo por nuestras raíces y los talentos que nos unen como comunidad?
“Donde están mis raíces, surge mi fuerza”.
Es verdad que, al final, siempre recurro al lugar que me vio crecer para reforzarme, para desconectar y para volver a conectar conmigo misma. Creo que es importante: regresar al origen no solo permite tomar distancia, sino también recordar quién eres y de dónde viene tu fortaleza.
