Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Luis Castro Luna

De El Picazo a un Mundial: el periodista Luis Castro Luna repasa su trayectoria, sus raíces, los sacrificios del oficio y los sueños cumplidos sin perder nunca el vínculo con Castilla-La Mancha

Luis es periodista deportivo y una de las voces castellanomanchegas que ha logrado abrirse camino en el panorama nacional. Natural de El Picazo (Cuenca), descubrió su vocación siendo un niño, cuando narraba partidos mientras jugaba con sus amigos a las chapas.

Tras casi dos décadas contando el deporte desde Castilla-La Mancha Media, dio el salto a Radio Nacional de España, donde forma parte del equipo de Deportes y desde donde ha cubierto el Mundial de fútbol de México, Estados Unidos y Canadá.

Cercano, apasionado y orgulloso de sus raíces, Luis entiende el deporte como una forma de contar historias, emocionar y conectar con las personas. Su trayectoria representa el ejemplo de que el trabajo y la perseverancia pueden llevarte muy lejos sin perder nunca el vínculo con la tierra que te vio nacer.

—Tras casi dos décadas en Castilla-La Mancha Media, dio el salto a RTVE. ¿Qué diferencias encontró entre trabajar en un medio autonómico y hacerlo en una corporación de ámbito nacional?

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Luis Castro Luna

Pues, en cuanto a la organización del trabajo, poca diferencia, en el sentido de que la televisión y la radio autonómicas cuentan con una muy buena estructura. No tienen nada que envidiar a otros grandes medios. Está todo organizado y se trabaja con programas informáticos y material muy similares a los que se utilizan en cualquier medio nacional.

La diferencia, obviamente sustancial, está en a quién te diriges. La audiencia potencial es totalmente distinta. A nivel nacional e incluso internacional, como es el caso de RTVE, que además tiene diferentes medios y canales a lo largo del mundo, el alcance crece exponencialmente. Y ahí sí puedes notar cierta diferencia, también en el tratamiento de la información, en a quién dirigirte o en cómo contar algunas cosas. Pero, en esencia, en cuanto a la organización del trabajo, no he notado muchas diferencias.

—Durante muchos años ha cubierto el deporte de Castilla-La Mancha. ¿Qué aprendió del deporte de proximidad que sigue aplicando hoy cuando informa sobre grandes acontecimientos internacionales?

Te diría que he aprendido todo. Estar en un medio, especialmente en uno local, provincial o autonómico, es una gran escuela de vida y de periodismo. La proximidad te permite estar cerca de los protagonistas, conocer sus historias y tratar directamente con los deportistas y las aficiones.

Eso me ha enseñado a entender que detrás de cada historia profesional hay también una historia humana. Hay que acercarse a las personas, conocerlas y, al mismo tiempo, informar siempre con rigor. En el ámbito regional, además, no puedes fallar cuando tienes al protagonista al lado contándote lo que ha ocurrido.

Todo ese aprendizaje me ha servido para afrontar después otros retos profesionales con otra perspectiva: saber escuchar, entender el contexto y contar las historias desde el lado más humano.

Creo que los medios locales y autonómicos son una gran escuela y que mucha gente debería pasar por ellos para descubrir dónde está realmente la esencia del periodismo.

—A menudo, el deporte regional queda eclipsado por las grandes competiciones. ¿Cree que desde los medios se le da el reconocimiento que merece?

Hay matices, un poco por entender esa pregunta, Alfonso. Me refiero a si hablamos de si hay que dar más información sobre temas locales en los medios nacionales o cuál es exactamente la referencia.

Yo creo que ese papel lo hacen muy bien los medios provinciales y autonómicos. El error sería que esos medios no dieran esa información y no se preocuparan por ponerla en valor.

Al final, un medio nacional, lamentablemente, se fija en una gran gesta. Si te pongo el ejemplo del tenis, se va a fijar en Carlos Alcaraz y posiblemente no se fije tanto en el segundo o el tercer tenista, aunque también estén realizando gestas importantes. No se les da la misma atención mediática.

Por tanto, te diría que, en su justa medida, habría que dar más reconocimiento a esas otras historias desde los medios nacionales, pero, lamentablemente, tampoco hay mucho espacio para hacerlo.

Creo que, en el caso de RTVE, donde estoy ahora, sí se intenta prestar también ese servicio público. Y donde estaba anteriormente, en Castilla-La Mancha Media, también se intentaba hacer. Con lo cual, cuanto más y mejor se haga, mejor, pero tampoco es tan fácil.

—Después de tantos años siguiendo el deporte de Castilla-La Mancha, conoce como pocos la realidad del fútbol regional. Desde su experiencia, ¿cómo ve el momento que atraviesa y cuáles son los principales retos que debe afrontar para consolidar su crecimiento y ser cada vez más competitivo?

Esta es una pregunta que exige una reflexión profunda. Si os fijáis en el mapa del fútbol nacional, en Primera y Segunda División, los grandes equipos están concentrados en los grandes núcleos urbanos y en las zonas costeras. Eso no es casualidad: es donde hay más población, más inversión y donde se mueve más capital.

Llevo trabajando e informando sobre los equipos regionales desde 2007 y, además, desde pequeño he vivido el fútbol desde dentro. He jugado hasta en Tercera División y en categorías regionales, así que conozco perfectamente cómo funciona. Y creo que uno de los grandes problemas es que se necesitan inversiones que perduren en el tiempo. No proyectos de cinco o diez años, sino apuestas a más largo plazo.

En Castilla-La Mancha, además, tenemos el problema de la masa social. Salvo Albacete, que ha conseguido aglutinar a aficionados de buena parte de la región, el resto son núcleos muy locales. El Conquense tiene fundamentalmente su afición en Cuenca; el Toledo, en su entorno; Talavera, Puertollano o Guadalajara tienen realidades similares, y es complicado generar una masa social suficientemente grande que permita sostener un proyecto de fútbol profesional.

Por eso, no se trata solo de que llegue alguien con dinero. Si no tiene apoyo institucional, si encuentra escollos burocráticos o el proyecto no tiene continuidad, es muy difícil mantenerse. Tiene que haber inversión, pero también respaldo de los ayuntamientos y las instituciones, y una afición que crezca y acompañe.

Ahora tenemos el ejemplo del Conquense. En estos dos últimos años está haciendo una apuesta muy fuerte y está cambiando el fútbol de Cuenca como yo no lo había visto antes. Lo importante es que ese proyecto sea capaz de mantenerse en el tiempo y encuentre el apoyo necesario, porque el fútbol no son matemáticas: poner dinero no garantiza llegar a lo más alto. Pero, si conseguimos proyectos sólidos, inversión, apoyo institucional y una masa social detrás, podremos intentar dar ese salto.

Ojalá que en el futuro podamos tener más equipos de Castilla-La Mancha en Segunda y no solo el Albacete, que también tiene que mantenerse.

—Narrar un Mundial es el sueño de muchos periodistas deportivos. ¿Cómo ha vivido una experiencia de tal calibre desde dentro?

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Luis Castro Luna

Alfonso, ha sido espectacular, un sueño cumplido. Nunca había vivido nada igual. He cubierto grandes partidos y otras competiciones, pero esto no es comparable. Quizá, dentro del periodismo deportivo, pueda equipararse a unos Juegos Olímpicos, pero la duración del Mundial y haber estado prácticamente dos meses fuera lo hacen todavía más especial.

Solo eres consciente de lo que significa cuando estás allí, rodeado de periodistas de todo el mundo, lo mejor de lo mejor, informando sobre el mayor evento deportivo del planeta y comprobando la repercusión que tienen tus palabras y tu trabajo.

Y hay algo más que me llevo: las personas. Después de tantos días fuera de casa, compartiendo experiencias muy intensas, acabas haciendo familia con muchos compañeros, pero también con aficionados, familiares de jugadores o miembros de la Federación y de la selección.

Siempre digo que no conoces realmente a una persona hasta que compartes tiempo con ella. En mi caso, me llevo compañeros con los que he hecho mucha piña, con los que he tenido un gran feeling y que espero conservar en el futuro, no solo como compañeros, sino también como amigos. Algunos, incluso, ya los considero parte de mi familia.

—Detrás de cada retransmisión hay muchas horas de preparación que el oyente ignora. ¿Cómo es el trabajo previo a la narración de un partido de un Mundial?

Efectivamente, lo que escuchas es el resultado final, pero el trabajo comienza mucho antes del Mundial. Vas preparando información sobre plantillas, equipos, contexto, datos y curiosidades, y durante la semana previa al partido intensificas esa preparación hasta decidir cómo lo vas a desgranar.

De todo lo preparado, durante la retransmisión quizá no salga ni el 30 %. A veces, porque no puedes monopolizar una transmisión en la que estamos diez personas y, otras, porque el propio partido te lleva por otro camino. Lo importante es tener una buena base de información que pueda enriquecer y seducir al oyente.

Y hay otra preparación fundamental: la concentración mental. Saber qué tienes que contar y estar preparado para no fallar. En este Mundial, además, mi papel era el de segunda voz, con micrófono inalámbrico, por lo que tenía que estar especialmente atento a las entrevistas. Había que ser rápido, interpretar cada situación y saber qué preguntar en cada momento. Si un equipo acaba de perder, por ejemplo, no puedes abordar la entrevista de la misma manera que si hubiera ganado.

También es importante recordar datos o situaciones de otros años que puedan enriquecer una entrevista. Por eso digo que este trabajo puede prepararse en un minuto o hasta el infinito: no hay un tiempo establecido. Pero cuanto mayor sea el trabajo previo, mejor será la retransmisión.

Como te decía, muchísima de esa información finalmente no sale al aire, pero no es trabajo perdido: sirve para enriquecer las futuras retransmisiones.

—Cubrir un Mundial implica mucha presión, pero en vuestro caso se ha sumado una importante diferencia horaria con España. ¿Cómo se ha organizado el equipo de enviados especiales para rendir al máximo cuando los horarios jugaban en contra?

Ha sido duro, a pesar de que teníamos una buena organización. Es una de las cosas que he considerado más difíciles. Teníamos una diferencia horaria con respecto a España de seis horas, en el mejor de los casos; otras veces, de ocho, e incluso llegamos a tener una diferencia de nueve horas.

Es decir, cuando nosotros nos íbamos a dormir, España amanecía con ganas de recibir información. Por tanto, ha sido complicado por el tema de los horarios. Dormías pocas horas, madrugabas y, cuando en España ya era mediodía, tú tenías que estar al cien por cien desde que te despertabas, o incluso trasnochando para poder entrar en directo, transmitir y contar las cosas que estaban sucediendo.

Y luego, al contrario: cuando a las once o doce de la noche España se iba a dormir, para nosotros eran las cuatro o cinco de la tarde y todavía había mucha información que cubrir en directo: ruedas de prensa, actos, partidos… Había que estar pendiente de todo.

Por tanto, ha supuesto un reto bastante complicado y un desgaste importante, porque ha sido muy difícil desconectar. Lo que solíamos hacer era dejar algunas cosas grabadas antes de dormir, pero a las cinco o seis de la mañana ya estábamos en pie para poder informar, porque sabes que tienes que hacerlo, porque estás allí para eso.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Luis Castro Luna

—¿Cómo afronta la narración de un partido cuando juega un equipo por el que siente una especial simpatía y consigue mantener la objetividad, separando la pasión del Luis aficionado de la responsabilidad del Luis periodista?

Es una buena pregunta. Un profesor que tuve decía que, si querías dedicarte a esto, nadie podía saber de qué equipo eras. Creo que, llevado al extremo, tampoco tiene sentido.

La gente puede saber de qué equipo eres y, evidentemente, no vas a reprimir tu felicidad, pero profesionalmente tienes la obligación de ser ecuánime e imparcial y de intentar que tus colores no condicionen tu trabajo.

Durante el Mundial teníamos una cámara para los nuevos formatos de streaming y, cuando marcaba España, muchas veces me olvidaba de que estaba ahí y me volvía loco celebrando el gol. Esa licencia te la puedes permitir siendo español y cubriendo a la selección.

En Castilla-La Mancha, por ejemplo, cuando juegan dos equipos de la región, aunque personalmente tengas más afinidad por uno, profesionalmente tienes que hacer tu trabajo con los dos y debes ser respetuoso con el contrario.

En definitiva, no tienes que ser un forofo. Puedes vivir el partido, alegrarte y transmitir emoción, pero intentando que tus preferencias no se vean en tu trabajo. Quizá no siempre se consiga al cien por cien, porque todos tenemos nuestros colores, pero ese debe ser siempre el objetivo.

—¿Hay algún momento, una entrevista o una anécdota vivida durante el Mundial que guarde con especial cariño?

Hay muchas y, a veces, me da un poco de rabia, porque son tantas las experiencias vividas que no eres realmente consciente de lo que estás disfrutando mientras ocurre. Es como cuando visitas un museo y ves tantas obras que dejas de apreciar lo extraordinarias que son. Con el Mundial me pasó algo parecido: los partidos, las entrevistas, los viajes y todo lo que sucede alrededor se convierten en algo cotidiano, aunque sabes que quizá no vuelvas a vivirlo.

Como anécdota graciosa, recuerdo lo que me pasó en el hotel de concentración de la selección en Chattanooga, donde vivimos unas semanas maravillosas. La Federación Española montó un centro de prensa para que pudiéramos trabajar todos los periodistas. Cada radio y cada televisión tenía su pequeño cubículo, con una mesa y las conexiones necesarias, y, justo antes de una rueda de prensa, me tropecé y rompí el cubículo donde trabajábamos. Lo hice delante de unos 60 compañeros que esperaban al jugador. Imagínate la vergüenza; se quedaron todos mirándome.

Pero, si tengo que quedarme con un momento, fue justo antes del primer partido de España en el Mundial, en Atlanta, contra Cabo Verde. Cuando llegué al estadio, liberé toda la tensión hablando con mis padres, mi hermana y mi mujer. De pequeño sueñas con estar algún día en un Mundial, pero cuando llegas a esta profesión descubres lo difícil que es conseguirlo. Estar allí y saber que formaba parte de aquello fue algo muy especial.

Esa llamada fue para agradecerles todo. Ese momento, en las horas previas a aquel partido, no se me olvidará nunca. Me emocioné entonces y todavía me emociono al recordarlo.

—En una profesión en constante evolución, ¿qué habilidades y actitudes considera imprescindibles para alguien que sueña con dedicarse al periodismo deportivo y trabajar algún día en un gran medio de comunicación?

A cada uno le puede funcionar una vivencia o una enseñanza diferente. En mi caso, me han funcionado la constancia y la ilusión. Creo que no tienes que perder nunca la ilusión por hacer lo que haces, tengas 20 o 65 años.

Es cierto que, cuando eres más joven, la propia energía y vitalidad de la juventud hacen que quieras comerte el mundo. Y, con el paso del tiempo, quizá tus capacidades mengüen en algunos aspectos, pero tienes que mantener la ilusión, ser constante y perseverante.

Y, sobre todo, tienes que estar en constante evolución y seguir aprendiendo, porque el periodismo y la comunicación han cambiado muchísimo.

¿Qué diferencia puedo tener yo respecto a una persona más joven? Quizá la experiencia me puede ayudar a resolver determinados problemas, pero eso no me hace mejor que otra persona. Yo no puedo anclarme en el pasado e ignorar los nuevos formatos y todo lo que viene. Tengo que adaptarme.

Por eso te hablaba de la constancia y de la ilusión. Hay que seguir, porque lo que hiciste ayer ya no cuenta, porque la gente no se va a acordar de que has estado en un Mundial, de que has seguido durante quince años a los equipos de la región o de que has cubierto unos Juegos Olímpicos. La gente solo recuerda lo que haces ahora. Y, si fallas, probablemente eso sea con lo que se quede.

—La inmediatez de las redes sociales obliga a informar cada vez más rápido. ¿Cree que esa velocidad ha mejorado el periodismo o, por el contrario, ha hecho que se pierda profundidad?

Creo que una de las cosas que hemos perdido es, efectivamente, ese rigor. Ahora todo el mundo, a través de las redes sociales, puede informar y, muchas veces, ni siquiera se contrasta la información.

Echando la vista atrás, en mis primeros años trabajando, las redes sociales estaban naciendo —Twitter, ahora X, llegó en 2010; Instagram apareció un poco más tarde— y no tenían ni mucho menos el peso que tienen hoy. Antes tardabas un poco más en dar una información y no existía tanta prisa. Tenías que contrastarla, incluso con varias fuentes, y, aun así, podías equivocarte.

Ahora, a golpe de móvil, puedes dar una información inmediatamente. Y creo que ahí hemos perdido algo importante: el rigor y la necesidad de contrastar antes de publicar.

¿En qué hemos ganado? Pues, evidentemente, en llegar a otros públicos. Hay sectores, especialmente entre los más jóvenes, que ya no son consumidores habituales de radio, pero a los que puedes llegar a través de un pódcast, de un clip o de otros formatos.

También puedes contar historias que antes no tenían espacio. En televisión, por ejemplo, el tiempo en los medios tradicionales es oro: tienes unos minutos y no puedes ampliar todo lo que te gustaría. Sin embargo, en plataformas como YouTube puedes desarrollar una historia con mucha más profundidad.

Por tanto, creo que las nuevas plataformas han ampliado muchísimo las posibilidades de informar y de llegar a más gente. Pero también han traído uno de los grandes problemas actuales del periodismo: las noticias falsas, las fake news. Información falsa, fotografías manipuladas, contenidos que se difunden sin ningún tipo de verificación… Todo eso nos obliga a los periodistas a combatirlas y, sobre todo, a reivindicar algo que nunca debería perderse: la necesidad de ofrecer información rigurosa.

Vivencias Compartidas

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Luis Castro Luna

—¿Qué recuerdos guarda de su infancia en El Picazo y qué papel ha desempeñado su pueblo en su manera de entender la profesión periodística?

Te diría que no son solo los recuerdos de infancia. Voy todo lo que puedo, todo lo que me permite mi vida. Me considero alguien de El Picazo, a pesar de que desde hace ya muchos años estoy fuera y actualmente resido en Madrid.

El Picazo me ha ayudado en todo. De joven, me ayudó a construir una personalidad, a soñar con qué quería ser de mayor o qué quería hacer con mi vida. También me ayudó a rodearme de buenos amigos, de gente que está ahí, en el pueblo, y a ser, te diría, más sencillo; a tomarme la vida de otra manera, a disfrutar.

Y, sobre todo, cuando las cosas se han torcido, he tenido algún problema o estaba triste, El Picazo ha sido mi refugio. Puedo ir allí, rodearme de los míos, estar en mi casa con mis padres, a quienes afortunadamente todavía puedo disfrutar. Y eso me ayuda a pensar, a desconectar y a recuperar fuerzas, porque regresar al pueblo y a todo su entorno me ayuda muchísimo.

Por tanto, te diría que para mí ha sido fundamental. Allí tengo mis primeros recuerdos de querer dedicarme al periodismo y a la comunicación, aunque cuando tienes ocho o diez años quieres disfrutar, ser futbolista o ciclista cuando veíamos a Miguel Indurain ganar el Tour de Francia. Pero allí están mis primeras vivencias narrando partidos cuando jugábamos a las chapas, con los cromos de fútbol, de la Vuelta a España o del Tour; inventándonos que estábamos haciendo un programa en la plaza del pueblo…

Quiero decirte que todo eso es fundamental para mí. Sin el pueblo, sin El Picazo, sin mi casa, creo que no hubiera sido capaz de llegar hasta donde estoy actualmente.

—Hemos llegado a convencernos de que parar es perder el tiempo, pero en realidad necesitamos momentos de no hacer nada. En su vida cotidiana, ¿es partidario de hacer pequeñas pausas para mejorar su bienestar?

Sin duda, hay que hacerlo. El problema es que no siempre se puede… O tal vez sí podemos y lo que ocurre es que no queremos. Caemos en la vorágine del día a día, tanto a nivel profesional como personal, y somos incapaces de desconectar y, al final, uno mismo se resiente. Por eso, evidentemente, soy partidario de esas pausas.

Y, enlazando con la respuesta anterior, en mi caso es ir a casa, es ir a El Picazo. Ahí es donde puedo estar más tranquilo, porque es quizá donde te molestan menos las cosas.

Profesionalmente, uno mismo se exige muchísimo. Tienes que estar actualizado, tienes que estar pendiente de todo. Y luego está la vida personal, las circunstancias de cada uno. Pero también esta nueva forma de vida hace que parezca que tienes que ser el mejor amigo, el mejor marido, el mejor padre y, hasta te diría, el mejor vecino. Parece que tienes que ser el mejor en todo, hagas lo que hagas y te dediques a lo que te dediques.

Soy partidario de esos momentos de descanso porque la salud mental es fundamental. Así que, si alguien lee esto y me pide algún consejo, el que puedo dar, porque a mí me ha funcionado, es parar y resetear la mente algunas veces. Porque, por estar aburrido o mirando al infinito durante una hora, no vas a perderte nada; al contrario, vas a recuperarte y a hacer las cosas con más calidad.

Así que, evidentemente, sí, soy partidario. Lo hago cuando puedo y me gustaría hacerlo más a menudo, pero, lamentablemente, la sociedad y la vida nos llevan a un ritmo que a veces es infernal.

—Miguel de Cervantes puso en boca de Don Quijote la célebre frase: «El que lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho». En su caso, ¿qué enseñanzas de las que «guarda en el zurrón» le gustaría compartir con nosotros?

Esta frase me gusta mucho. Hay otras frases del Quijote que también me gustan, como, por ejemplo, esta otra que, de alguna manera, me ha marcado mucho: «Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades». Es una frase que, en cierto modo, viene a decir que aguantes, seas perseverante, sigas trabajando, porque tu momento llegará y el paso del tiempo acabará allanando los contratiempos.

Te diría que es un poco lo mismo que te decía antes, cuando hablábamos de las enseñanzas que puedo compartir con vosotros: no creerse más que nadie, por mucha relevancia que tengas en tu puesto, ser humilde, ser trabajador y tener constancia con lo que hagas.

—En The Climb, Miley Cyrus nos habla de perseguir un sueño a pesar de los obstáculos y de los momentos de duda. Si tuviera delante a ese niño que narraba partidos con sus chapas en las calles de su pueblo, ¿qué le diría hoy después de lograr retransmitir un Mundial de fútbol?

Si tuviera una máquina del tiempo y pudiera volver atrás, le diría que a veces he tenido momentos difíciles por no encontrar mi sitio o por tener dificultades y, a pesar de eso, me considero un privilegiado porque no he dejado de trabajar nunca. Lo animaría a seguir porque él puede. Que no piense que es peor que los demás, que no tenga ese complejo.

Es cierto que también, a lo largo de mi vida, me he imaginado cómo serían muchas cosas y he tenido la suerte de que muchas de ellas se han cumplido, pero fíjate qué curioso: la mayoría no ha sido como yo me las imaginaba. Se han cumplido, pero no como yo pensaba que iban a hacerlo. Por tanto, que sueñe con cosas, pero que tampoco piense demasiado en cómo van a ser. Yo me imaginaba de pequeño cubriendo un Mundial, pero no me imaginaba que fuera a ser de esta manera.

Así que, por ponerte el ejemplo que nos trae aquí, hay que soñar, pero también hay que dejar que las cosas sucedan. Pueden ser mejores o peores de como las imaginaste, pero serán diferentes.

En definitiva, le diría: puedes, sigue, lucha, trabaja y no te comas demasiado la cabeza pensando en lo que vendrá. Las cosas van a venir y serán muy distintas a como tú las imaginaste.

Nuestra Tierra en el Corazón

—¿Cuál es el paisaje de Castilla-La Mancha más inspirador que ha visto y qué sensaciones le evocó?

Alfonso, he tenido la fortuna de vivir en muchísimos sitios de Castilla-La Mancha. Aunque soy de El Picazo, mi familia vive en Cuenca, con lo cual he vivido mucho allí; también he vivido en Albacete, en Toledo durante muchos años y en Guadalajara durante otros tantos. Es decir, conozco muy bien la región.

Hay muchísimos sitios que me evocan recuerdos, pero, si tengo que elegir, te voy a decir dos. Uno es el río Júcar, en mi pueblo. El río viene desde Alarcón, que es una auténtica maravilla; quien no haya estado, por favor, que vaya. El castillo, la fortaleza y todo su entorno natural son una pasada.

Y después está el recorrido desde Alarcón hasta El Picazo. Son unos ocho o diez kilómetros de río en un entorno natural precioso, hasta llegar al valle donde está mi pueblo. Especialmente la zona donde el Júcar llega a El Picazo, con ese remanso, los chopos y los pinos… Es un sitio de tranquilidad y a mí me transmite mucha paz y me trae recuerdos muy bonitos.

Así que me quedaría con esos dos lugares, porque representan dos partes de un mismo paisaje: la de arriba, con la fortaleza de Alarcón, y la de abajo, donde está El Picazo y el curso del río Júcar.

—En su opinión, ¿qué características hacen que nuestra comunidad autónoma sea un destino destacado para los visitantes?

Nuestra comunidad lo tiene todo: cultura, historia, gastronomía, naturaleza. Aunque algunos dirían que le falta playa, tiene enclaves naturales de baño.

Puedes hacer un turismo más de interior y también un turismo de desconexión, incluso de sol. Creo que la Administración lo ha hecho bien a lo largo de los últimos años, intentando potenciar todo esto, pero ojalá se potencie más.

Tenemos que dejar de ser un sitio de paso. Uno de los eslóganes que me hizo gracia hace poco decía: «Para cuando vayas a la playa, para». Y es verdad: para, porque tenemos tantas cosas que te sorprenderán. No quiero ponerme a enumerarlas, pero ir a Toledo es idóneo para empaparte de historia; ir a Cuenca o descubrir muchos de los paraísos naturales que hay en Guadalajara o en Ciudad Real…

Y a la gente que nos lee, que tradicionalmente es gente de Castilla-La Mancha, la animaría a abrazar mucho más nuestra tierra; y a la gente de fuera, a venir a descubrirla. Con lo cual, por favor, venid a Castilla-La Mancha, porque es el mejor sitio del mundo.

—Para finalizar, ¿qué frase o eslogan inspirador compartiría con nosotros para reforzar el orgullo por nuestras raíces y los talentos que nos unen como comunidad?

Soy un admirador de Manolo García, tanto de su etapa con El Último de la Fila como en solitario. Creo que es un poeta; tiene muchas letras, muchas historias, muchas canciones que a mí me gustan mucho.

Hace poco escuchaba En mi pecho, que me ha acompañado mucho durante el Mundial. Y en una parte de la canción dice: «Todo tiene quien todo da», y creo que esa frase define un poco al castellanomanchego: somos gente abierta y lo damos todo.

A nivel personal ocurre lo mismo: si tú das todo, todo tienes. Así que me quedo con esa frase entre tantas otras de Manolo García porque, además, mucha de la gente que me he encontrado durante el Mundial —no solo compañeros, también muchos paisanos— es así: gente que está deseando entregarse y compartir.

Así que me quedo con esa frase: «Todo tiene quien todo da».

Alfonso Miñarro López
Alfonso Miñarro López
Ingeniero Técnico en Telecomunicaciones con más de 26 años en Telefónica, experto en redes móviles y fijas. Autor de Acortando Distancias (2020) y conductor del pódcast Un libro, una conversación. Colabora en somosclm.com con "Talentos de nuestra tierra", entrevistando a figuras destacadas de Castilla-La Mancha en ciencia, arte, cultura y deporte.

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