viernes, 30 enero 2026

· Manzanares | Toledo ·

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo

El traductor de Manzanares, pone voz en RTVE a líderes mundiales como presidentes, reyes y Papas

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Daniel Sánchez Reinaldo, nacido en Manzanares (Ciudad Real) es pentalingüe: domina inglés, francés, italiano, catalán y castellano. Intérprete especializado en medios de comunicación, desde 2008 trabaja en RTVE donde pone voz a algunos de los protagonistas más influyentes del panorama internacional, como presidentes de Estados Unidos, reyes de Inglaterra, presidentes de Francia e incluso Papas. Además, también acompaña al oyente de la Cadena SER y del canal de cine TCM. Manzanareño de corazón, Daniel siempre regresa a sus raíces, convencido de que, aunque su voz recorra el mundo siempre hay un lugar al que volver.

Entrevista

Lokinn

Hablar otro idioma no te hace ser traductor ya que también se requiere transmitir emociones. ¿Qué cualidades cree que debe tener un buen intérprete y cómo se traduce lo que no siempre se dice con palabras?

Desde luego, no solo saber un idioma te permite interpretar. Recuerdo cómo fue mi primera práctica de la carrera en la asignatura de interpretación, cuando nos dijeron precisamente eso: “¿Creéis que por saber muy bien otro idioma, eso ya os permite interpretar?”. Y nos hicieron un ejercicio que consistía en escuchar un mensaje en español e interpretarlo nuevamente al español, y aunque era la lengua materna de todos, nos perdimos a los tres segundos. La interpretación requiere una técnica que se va aprendiendo poco a poco mientras estudias y, sobre todo, mientras la pones en práctica trabajando. Es aprender a escuchar y hablar a la vez, y que mientras hablas, ese mensaje que tú estás lanzando y que se oye en voz alta, no tape lo que estás oyendo, que es lo que pasa al principio.

Es un círculo que consigues perfeccionar a lo largo del tiempo, y te permite hablar y escuchar a la vez. Para eso un intérprete lo que necesita es ser rápido porque las frases pasan en un segundo y tienes que pegarte a aquellas personas que interpretas todo lo que puedas, sabiendo también las diferencias de estructura de los idiomas. En inglés, por ejemplo, los adjetivos van delante del sustantivo. Entonces, hasta que a lo mejor alguien no ha dicho cuatro adjetivos, no sabes a qué sustantivo se refiere. Tienes que esperar, y por lo tanto tener buena retentiva, buena memoria, y, una vez que has escuchado que es grande, bonita, azul y lo que sea, la casa, pues ya tienes que decir tú que la casa es grande, bonita y azul, sin olvidarte ningún adjetivo.

Evidentemente tienes que saber la cultura del idioma que estás hablando y, sobre todo, estudiar a la persona a la que interpretas, escuchando discursos previos suyos y teniendo documentación para saber de lo que se va a hablar, porque yo siempre digo que podemos ser expertos en idiomas, pero no lo somos en todo. Te puedes ir especializando en ciertos campos, pero nunca seré más experto que un médico si estoy en un congreso médico, o más experto que un abogado si estoy en una reunión con abogados. En definitiva, necesitas toda la información posible para intentar acercarte al conocimiento que tiene la gente a la que estás interpretando.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo

Son innumerables las situaciones en las que es imprescindible la mediación de intérpretes, ¿En qué situaciones es más habitual su intervención y qué dificultades presenta cada ámbito?

Todas tienen su dificultad a la hora de ser lo más fiel posible, y eso no siempre es fácil, por distintos motivos. Por lo que más se me conoce es por trabajar en Televisión Española, y ahí tienes que tener mucho cuidado porque lo que dices, en un momento dado, puede causar cierta polémica.

Hace muchos años, me pasó con el embajador de Estados Unidos. Él hablaba, en un momento de su intervención, de lo ocurrido con José Couso; dijo la palabra killing y yo la traduje como asesinato, que lingüísticamente no está mal, pero se quejaron porque el embajador nunca habría dicho que era un asesinato, por lo que siempre tienes que intentar tirar un poquito por lo bajo.

Y, por ejemplo, recientemente me pasó con Trump, que hablaba en estos términos del gasto de defensa de España en la OTAN, “they want a free ride”. Y yo lo traduje como que quieren que les salga gratis. Luego, lo que hizo el canal fue subtitularlo y pusieron que quería ir por libre. Y yo dije: “cuidado, porque no es por libre, es que quieren que les salga gratis”. Y lo cambiaron.

Vinícola de Tomelloso

Luego, dependiendo del contexto, del tipo de cliente, tienes unas características que tienes que cuidar más y estar atento a más cosas que muchas veces no son la mera interpretación. Por ejemplo, en reuniones de empresa —que también hago muchas—, tu papel, además del de intérprete, en ocasiones puede ser también el de mediador o apaciguador.

En una reunión, por ejemplo, en la que se están poniendo sobre la mesa muchos millones de euros, de un contrato, de una inversión o de lo que sea, sabes cuándo la otra parte empieza a enfadarse y ver que la reunión puede saltar por los aires. Ahí intentas redoblar tus esfuerzos para que ambas partes se entiendan correctamente y lleguen a un acuerdo. O cuando ves que quien te está escuchando no lo tiene claro, bien sea porque tú no estás preciso o porque a quien traduces no se está explicando con claridad. Ahí lo que hago es parar y decir: «Creo que esto no está claro, vamos a intentar reformularlo porque no nos están entendiendo“.

Cada ámbito profesional desarrolla su propia jerga. ¿Qué dificultades le plantea y cómo se prepara para manejar ese tipo de lenguaje especializado?

Para eso lo que hace falta es estudiar mucho, ser muy metódico y también humilde, porque es lo que te decía al principio, no puedo pretender tener los conocimientos de un abogado, salvo que lo fuera. Es cierto que hay algún intérprete que es abogado o algún intérprete que es ingeniero industrial y se especializa más en cosas de su campo. Yo no lo soy, entonces, pues con humildad y con mucho estudio. En definitiva, mucha dedicación.

Por un lado, también necesitas que el propio cliente te pase documentación; es vital. No te puedes meter en una reunión donde se va a hablar de un tema en concreto o se va a negociar algo, yendo a ciegas. Entonces, al cliente se lo dices claro: “Si quiere que la reunión salga bien, necesito información; si no, vamos mal”.

Pero, con todo y con eso, yo siempre digo que esto es un poco como el carné de conducir, que te permite conducir, pero no es que sepas conducir plenamente. Como mejor conoces una jerga es trabajando. Entonces, por decirlo de manera sencilla, el primer día que voy a una reunión con economistas, me saldrán cosas que ya me las he aprendido previamente, pero hay otras muchas que no, o que creía que se decían de una manera determinada y ellos lo dicen de otra. Esto es simplemente experiencia. A fuerza de hacer reuniones, poco a poco, te vas especializando y te vas haciendo con la jerga hasta que ya lo haces con los ojos cerrados.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo

La confidencialidad es una parte invisible pero esencial del oficio de intérprete, ¿Qué peso tiene en su trabajo la firma de los acuerdos de confidencialidad y qué riesgos conlleva no respetarlos?

Sí he firmado algunos, pero muchos otros no. Hay clientes muy importantes con los que trabajo y con los que no tengo ningún acuerdo de confidencialidad por la confianza que hay. Pero haya o no haya acuerdo, guardas esa confidencialidad.

Al final, por suerte, he estado en reuniones donde se han puesto cientos y miles de millones de euros sobre la mesa; o sea, auténticas barbaridades de inversiones, y por mí ha pasado información que a más de uno le gustaría tener, y habrían pagado lo que fuera. Nadie se me ha acercado nunca, pero si se me hubieran acercado… tengo un defecto —una virtud, en este caso—, que mi memoria es de pez: yo oigo algo, lo interpreto y ya se me ha olvidado.

Entonces no, nunca se me ocurriría. Pero es una cosa que tienes que llevar muy clara, porque al final tú estableces una relación de confianza, haya o no un contrato de confidencialidad, y te debes a eso. Como profesional que eres, no puedes hacerlo de otra manera.

En un mundo en el que la información y la formación continua son claves para mantenerse actualizado ¿Qué herramientas o recursos considera hoy fundamentales para estar al día?

La posibilidad que me da la tele es que luego puedo escucharme, y eso me permite ver si he balbuceado, si he tartamudeado, si me saltado una frase… Porque muchas veces también aquí —y voy a romper una lanza por nosotros— se nos critica. Solemos ser bastante invisibles, salvo cuando hacemos algo mal, y se nos critica sin saber muchas veces por qué.

Metemos la pata a lo mejor porque el sonido no era bueno o porque no hemos tenido tiempo de prepararnos las cosas. Es decir, hay que saber un poco las raíces del error. Pero me gusta escucharme para ver en qué puedo mejorar; eso, digamos, a nivel de interpretación, de lo que es la técnica.

Luego, a nivel del propio idioma, porque un idioma es algo vivo. Imagínate si yo solo me muevo con gente en español, solo veo y leo medios y noticias en español… Me dejo una parte muy importante de lo que me viene a mí para traducir. Entonces tengo que ver la tele en los idiomas que sé, hablar con gente, ver por dónde va el idioma al final, porque si lo desconozco, me pasa de largo como un tren.

Y, sobre todo, lo que te decía del contenido. Ahí hay una mejora constante: aprender los términos, los temas que vas a tratar. Hay mucha diferencia en la seguridad que tienes al interpretar cuando sabes de qué se va a hablar. Vas cuesta abajo. Cuando dudas mucho, además del esfuerzo mental adicional que supone, tienes más posibilidades de cometer un error.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo
Con William Nicholson (guionista de Gladiator)

Cómo cree que la tecnología y la inteligencia artificial están cambiando la traducción y la interpretación?, ¿qué retos afronta hoy la profesión?

Esta es la pregunta del millón. Mi respuesta no deja de ser una opinión. Sí que veo —porque varios compañeros que son solo traductores escritos me lo han dicho, traductores que se dedican a traducir documentos de empresas y cosas así— que llevaban desde hace meses sin que les entre un solo trabajo.

Porque es verdad que, si pruebas las herramientas online que ya hay, traducen bastante bien. Y parece que la labor de ese traductor escrito ha pasado casi más a la de un revisor. Y eso es un inconveniente, porque se está perdiendo mucho trabajo. ¿Va a desaparecer todo para la traducción escrita? No lo creo. Igual que no me gustaría leer un libro original escrito por una máquina, tampoco me gustaría leer una traducción escrita por una máquina. Si permitimos que una máquina sustituya a una persona en eso, malo.

La interpretación creo que tiene un mayor recorrido. Es verdad que la inteligencia artificial, en este sentido, va a reducir el mercado un poco. Pero sigo pensando lo que te decía antes: cuando hay una reunión en la que se están jugando millones de euros, quieres a alguien que sepa de qué va la cosa.

Igual que tampoco creo que vaya a desaparecer el intérprete en esas reuniones, aunque se reduzca. Porque, puestos a pensar, también podríamos decir que desaparece la gente negociadora, la gente de cada empresa, y que negocian máquinas, pero no creo que lleguemos a eso.

Sí que va a servir para muchas cosas, para facilitarnos la vida. Me voy a China, no tengo ni idea de chino, me pongo unos auriculares y hablo con la gente. Que también es una pena, porque aprender un idioma te da cosas más allá de lo puramente lingüístico: el conocimiento de la gente, de la cultura, de la historia. Y eso, si acaba pasando, se va a perder, y sería una pena.

Creo que nos va a empobrecer a todos, porque también eso lo vemos: se hablará con un argot mucho más reducido para que, cuando se utilice la máquina, entienda. Y quien no lo quiera seguirá tirando de lo que ha habido hasta ahora, en este caso de nosotros. Pero está por ver.

Además de su labor como intérprete, ejerce como traductor jurado. ¿En qué consiste exactamente esta faceta y en qué se diferencia la traducción jurada de otro tipo de traducción?

Un traductor jurado, siempre digo cuando alguien me lo pregunta, que es como un notario de traducciones. No somos un notario, no es ese nivel, pero nos nombra el Ministerio de Asuntos Exteriores tras pasar un examen o haber cursado determinadas asignaturas y contenidos en la carrera.

Un traductor jurado, en traducción escrita, lo que hace es que, a partir de un documento concreto en un idioma, lo traduce y da fe de que esa traducción es fiel al original, es decir, certifica que lo que está traducido —que, además, lo he hecho él— es fiel a lo que pone el original, que usted no entiende, pero que con mi traducción ya entiende. Y eso sirve para muchas cosas: para homologación de títulos, todo el tema jurídico, certificados de nacimiento, de matrimonio, de defunción, escrituras, documentos notariales, etcétera.

Luego, la interpretación es un poco lo mismo y se suele dar, pues, en juicios, en arbitrajes, en este tipo de cosas, donde acompañas a un testigo o estás presente en el desarrollo completo de un juicio. Y se debe tener mucho cuidado, porque lo primero que le dice el juez es que una mala praxis puede ser constitutiva de delito. Como siempre, has de realizar el trabajo de forma profesional y que no haya ningún interés que distorsione la realidad del mensaje que se está diciendo.

En la última edición de TEDx Manzanares, tuvo oportunidad de llevar el conocimiento más allá de los círculos habituales y compartir ideas con impacto. ¿Qué quiso transmitir en su ponencia que llevaba por título Todas las voces del presidente y qué sintió frente a sus paisanos?

La verdad es que lo pasé muy bien. Muchas veces la gente me dice que qué chulo es mi trabajo, que qué interesante, que es glamuroso porque te permite conocer a famosos y te da cierta fama —yo creo que poca, pero bueno—. Yo siempre tengo los pies en el suelo.

Y lo que quería explicar allí era que sí, que es verdad que es un trabajo llamativo, todo lo que se hace en televisión, pero explicarlo desde la sencillez: que simplemente es un trabajo, un hábito que vas cogiendo, una práctica que vas desarrollando. Y hacerlo con toda humildad, contando anécdotas para que la gente entendiera, sin ser nada técnico.

Aunque me puse un poquito técnico en un par de ocasiones, pero de una manera simple y sencilla, para dar a conocer en qué consiste nuestra labor. Además, muchas veces somos bastante invisibles: solo se nos oye, no se piensa muchas veces en nosotros.

Y qué mejor sitio para estar con los pies en el suelo que en mi casa, donde tengo mis raíces y siento mucho apego, sigo muy vinculado y donde tengo a mi gente. Me gustó mucho porque me permitió ver a gente que conocía: amigos, familia, incluso me encontré allí a amigos de la universidad de Ciudad Real que hacía mucho tiempo que no veía y me hizo mucha ilusión.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo
Con el pianista Lang Lang en La Ventana

Considerando que su voz es una de sus principales herramientas para desarrollar su trabajo ¿cómo la cuida para mantenerla en buen estado?

Te diré que después de ponerla a prueba muchas veces, mi voz tiene mucho aguante. No hago nada en especial: intento cuidarla y no forzar cuando no es necesario. Sí que es verdad que, cuando estás un día seguido interpretando, o estás dos o tres jornadas en un congreso, al final de cada día notas cierto agotamiento de la voz. Eso es lógico. Pero lo bueno que tengo es que, por no sé qué razón, se recupera muy rápido.

Entonces no sufro mucho de ello y contadísimas veces me he quedado afónico o con un nivel de voz que ves que está un poquito por debajo de lo normal.

Vivencias Compartidas

¿Cuándo nació su interés por los idiomas y en qué momento supo que quería dedicarse profesionalmente a la traducción e interpretación?

Desde bien pronto, porque siendo ya bastante pequeño, mi madre empezó a enseñarme inglés y francés, y después seguí en la Escuela de Idiomas para continuar con la carrera.

Pero saber que quería dedicarme a intérprete, lo supe desde el instituto. Yo te diría que desde 3.º de la ESO con 14 años. No sé, de siempre me ha gustado y me han llamado mucho la atención los idiomas. Sabía que me quería dedicar a algo donde pudiera tratar con los idiomas de forma activa, y si a eso le unimos que siempre me ha gustado mucho poder hacer de puente entre dos personas que no se entienden y ayudarles a entenderse, creo que era la mejor opción.

¿Qué ventajas cree que aporta el tener las cosas claras desde un principio como en su caso?

Como en toda esta vida, ni todo es bueno ni todo es malo. Lo positivo fue que me ahorré muchas reflexiones por el hecho de tener claro lo que quería. También me gustaba muchísimo el periodismo, y mira dónde he acabado, casi puedo compaginar las dos cosas. Pero tenía claro que lo mío era la interpretación, y eso está bien.

La parte no tan buena es cuando las cosas se te tuercen, te quedas bloqueado, y a mí me pasó eso. Cuando acabé el instituto, me iba a ir a Granada a estudiar Traducción e Interpretación. Y, por cosas del destino, ese año subió mucho la nota de corte y me quedé fuera por siete centésimas. Y empecé a estudiar Filología en Ciudad Real.

No lo digo como una cosa negativa, en absoluto: ahí conocí a mucha gente que sigue siendo amiga y fueron unos años maravillosos. Pero cuando lo tienes tan claro, está muy bien; pero si por lo que sea no sale, está muy mal. Al principio fue como: “Pero ¿por qué?, si lo tengo tan claro, no entiendo por qué no lo puedo hacer”.

Pasados unos años, me cambié a Madrid y empecé a estudiar Traducción.

En Manzanares, la Escuela de Ciudadanía forma parte de su compromiso social. ¿En qué consiste esta asociación, qué objetivos persigue y qué le llevó a implicarse en ella?

Empiezo por el final, y un poco va a responder también a la primera parte de la pregunta. Me impliqué porque pensaba que lo que estaba pasando con la Escuela de Ciudadanía en Manzanares era algo único. Es decir, esto empieza como una idea de Román Orozco, que, se asentó en Manzanares cuando se jubiló. Era justo cuando se aprobó la asignatura de Educación para la Ciudadanía, y él quería crear una especie de foro, trayendo gente que él conocía, muy destacada en distintos ámbitos de la vida cultural, política y social, para hablar de aquello que mejor sabían hacer, relacionado con qué es ser ciudadano y cómo mejorar como ciudadano

A mí me pareció que eso era una idea genial, que había que cuidarla, que tenía mucho mérito, sobre todo en un sitio relativamente pequeño como Manzanares. Es decir, que viniese gente de la talla de —como fue al principio— Almudena Grandes, Miguel Ángel Aguilar, Miguel Ríos, Carlos Francino, Iñaki Gabilondo…

Reconozco la dificultad de conseguir ponentes de esa talla, y sobre todo que un viernes, a las ocho y media de la noche, seas capaz, como hacemos normalmente, de reunir a 200, 300 o 400 personas, no solo de Manzanares, sino de pueblos de la provincia e incluso de otras provincias. Eso es un lujo, que no lo tienes ni siquiera en Madrid.

Pensé que era algo que había que cuidar y, para ello, hablé con Román para echar una mano en lo que se pueda. Y lo hago con mucho orgullo, porque creo que es algo que nos mejora a todos y que siempre sirve para aprender.

Cuando preparamos los cursos, ya viéndolo un poco desde fuera, como si fuéramos el público que viene, siempre decimos: puede que conozcas al ponente y te apetezca ir porque te gusta, pero sabes que la Escuela ya tiene un sello de calidad. Si viene alguien que no conoces por cualquier motivo, vas igual, porque sabes que te va a gustar, que vas a aprender, que te va a hacer pensar, reflexionar y abrirte nuevos horizontes. Y eso es un poco lo que nos hace falta; tener nuevos conocimientos, no centrarnos solo en lo que ya sabemos, porque si no, estamos perdidos.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo
entrevista en Torrespaña

El 30 de septiembre se celebra el Día Mundial de la Traducción. ¿Qué representa para usted y por qué cree que sigue siendo necesario celebrarlo?

Pues porque muchas veces no estamos reconocidos. Ya no es que sea necesario que se nos reconozca, sino que se nos conozca. Básicamente es lo que decía antes, que muchas veces somos invisibles. Y, si no lo somos, suele ser por algo malo, como cuando un entrenador de fútbol le echa una bronca al intérprete porque no ha interpretado como él creía que tenía que interpretar. Y eso no significa que lo haya hecho mal.

Está bien que se reconozca nuestro trabajo, que se sepa cómo se hace y de qué va. A mí, el año pasado, por ejemplo, me hizo mucha ilusión que justo por el Día de la Traducción, en el canal 24 Horas, Ángeles Bravo nos hiciera una entrevista, a Nuria Barrios —que es escritora y traductora también— y a mí, para hablar precisamente de en qué consistía nuestro oficio.

Y me parece que está muy bien que, poquito a poco, se vayan dando pasos, por ejemplo, apareciendo nuestro nombre en las obras literarias y nombrándonos cuando interpretamos… Antes eso no ocurría en absoluto, y me parece que es necesario. Es un trabajo que también tiene que ser visible.

Siendo pentalingüe, ¿sigue despertándole curiosidad aprender nuevos idiomas? ¿Hay alguno que tenga en mente incorporar en el futuro y por qué?

Eso siempre. Otra cosa es disponer de tiempo para aprenderlos. A mí hay una cosa que me gusta mucho, que es ir a un país y hablar su idioma como cualquiera. Aunque, al hablar varios idiomas, tenga más posibilidades de que, cuando vaya a un sitio, resulte que alguno de ellos me sirva.

Por eso me da mucha rabia cuando voy a un país cuyo idioma no hablo, porque el idioma va unido a la cultura, y hablas con la gente, y puedes entender por qué algo es así y por qué no … Por eso mismo veo que hay una barrera invisible que me gustaría poder franquear para entenderme mejor, para hablar con la gente. Y es verdad que con el inglés lo puedes hacer, pero no es igual.

Yo siempre digo que, si pudiera aprender todos los idiomas del mundo, los aprendería. Y es verdad lo que dicen, que una vez que has aprendido varios, el resto se te hacen más fáciles. No sé hasta qué punto; no sé si el húngaro sería muy fácil o el chino, nunca lo he probado. Pero sí que me gustaría aprender más.

El problema es la falta de tiempo disponible. Entre Trump, y todo lo que tengo que hacer en el día a día, es complicado porque no me queda mucho tiempo libre. Pero quizá, aprenda alguno más pasado un tiempo.

En la canción Persona vitamina de Álvaro García se pone el acento en quienes nos sostienen cuando todo se tambalea ¿qué papel han jugado esas personas en su crecimiento personal o en su trayectoria profesional?

Pues enorme, como creo que para cualquier persona. Sin nuestra familia, sin la gente a la que queremos, no somos nadie; y quien diga lo contrario, no creo que sea verdad. Rosa, mi mujer, y mis hijas, Ana y María, que tienen ocho y seis años, lo son todo, a nivel personal y profesional. Y es que va ligado. Muchas veces no separas lo profesional de lo personal, porque en ocasiones cuando llegas a casa después de pasar un mal rato interpretando cosas difíciles, simplemente cambiar de tema, escucharlas y que puedas desahogarte ya es muchísimo.

Rosa es la razón por la que yo estoy donde estoy, en Televisión Española. Ella fue quien me animó a mandar un currículum a la tele, en los primeros momentos, que empezaba como autónomo y buscaba clientes. Y yo le decía que no, que no, que cómo me iban a llamar de ahí, que era imposible. Le hice caso, como muchas veces en la vida, y no me lo acababa de creer cuando me llamaron.

Y las niñas, además, son una cosa muy curiosa, porque claro, en esta casa la política internacional es el pan de cada día. Están súper puestas en política internacional. Tanto que, cuando Ana, la mayor, tenía tres años —el primer año que estaba en el cole—, un día nos llamó la profesora y nos dijo: “Oye, mira, no sé, es que quería preguntaros algo. Me parece un poco extraño para una niña de tres años esté en clase todo el día diciendo “Biden sí, Trump no”.

Y luego, en lo personal, son un apoyo enorme. No sería quien soy sin ellas. No puedo tener más suerte.

Cuando piensa en su infancia en Manzanares, ¿qué imagen o momento le viene primero a la memoria y qué valores de aquella etapa sigue llevando consigo?

Me viene a la cabeza mi barrio, la plaza, donde jugábamos, donde pasábamos el día entero sin preocupaciones, sin coches, sin peligros, sin nada raro, jugando, creciendo y pasándolo muy bien. Mi recuerdo es ese: mi colegio, el Tierno Galván; mi instituto, el Sotomayor.

Ese recuerdo lo que hace es llevarme a un momento en el que es verdad que todo era más fácil. Ojalá todo pudiera ser como era antes. Pero eso es lo que me permitió construir la base de persona que soy hoy. Y era una base —y sigue siéndolo— de normalidad, de ser una persona sencilla, a la que le gusta estar cerca de la gente que quiere, y disfrutar de las pequeñas cosas, sin grandes aspiraciones. Porque, a ver, siempre quieres lo mejor en la vida, pero te das cuenta de que lo sencillo, sigue siendo muy válido. Y a veces se nos olvida, pero muchas veces pensar en eso me lo recuerda.

Talentos de nuestra tierra: un diálogo con Daniel Sánchez Reinaldo
En los BAFTA (TCM)

Nuestra Tierra en el Corazón

¿Cuál es el paisaje de Castilla La Mancha más inspirador que ha visto y que sensaciones le evocó?

Cuando tenemos, por suerte, una comunidad tan grande en extensión y tan rica en paisajes y en cosas distintas es complicado quedarse con uno. Pero te diría uno que, además, es la foto que tengo de perfil en WhatsApp, a las afueras de Manzanares, con toda la llanura por delante… dando un paseo por el campo con las peques, contemplando una puesta de sol en verano y esos colores en el cielo tan característicos, rojos, naranjas. Me parece una de las cosas más bonitas que se pueden ver.

Hay muchas otras bonitas, pero esta es nuestra y hay que cuidarla. ¿qué más lugares te puedo decir? La Ciudad Encantada de Cuenca, las Tablas de Daimiel, Almagro, Ruidera con sus cascadas, Toledo, los pueblos negros de Guadalajara… Es que, por suerte, tenemos una comunidad que lo tiene todo, y aunque no es un sitio súper turístico, también sorprende lo desconocida que es. Al fin y al cabo, quizá por eso le gusta tanto a quien la descubre.

En su opinión, ¿qué características hacen que nuestra comunidad autónoma sea un destino destacado para visitantes?

Lo que sí creo es que, el turismo no ha estado tan desarrollado como hasta ahora. Castilla-La Mancha está viviendo un boom y el turismo rural lo desarrollará aún más. Está creciendo mucho, y eso está muy bien porque permite crear riqueza y, al final, vertebra una comunidad.

Todos esos espacios naturales —o no tan naturales— que hasta ahora no eran conocidos para mucha gente, y la interacción con los habitantes de las zonas visitadas les permite a los visitantes darse cuenta de que es un sitio sencillo, humilde, auténtico, donde no impostamos nuestra forma de ser, donde lo que ven es lo que somos en realidad y no hay vuelta de hoja. Más allá de lo que tenemos, del patrimonio tangible, está lo intangible, que es nuestra forma de ser, y yo creo que eso se valora mucho.

¿Qué frase o eslogan inspirador compartiría con nosotros para reforzar el orgullo por nuestras raíces y los talentos que nos unen como comunidad?

Te diría, algo así como: auténticamente de aquí; somos verdad. Hablando con amigos de Manzanares o castellanomanchegos, nos sentimos orgullosos y creo que eso se ha ido desarrollando a lo largo del tiempo. No sé si mis padres o gente mayor que yo cuando eran más jóvenes tenían ese sentimiento.

En mi caso, cuando voy a algún sitio, siempre lo tengo en la boca. Lo primero que digo es, “soy de Manzanares”. Y creo que desde que se creó la Comunidad Autónoma se ha ido creando también ese sentimiento de pertenencia y de enorgullecernos de formar parte de algo que va más allá de tu propio pueblo.

Realmente lo siento así, y creo que hemos desarrollado ese orgullo de ser castellanomanchegos, y está muy bien, además que, en mi opinión es necesario.

Alfonso Miñarro López
Alfonso Miñarro López
Ingeniero Técnico en Telecomunicaciones con más de 26 años en Telefónica, experto en redes móviles y fijas. Autor de Acortando Distancias (2020) y conductor del pódcast Un libro, una conversación. Colabora en somosclm.com con "Talentos de nuestra tierra", entrevistando a figuras destacadas de Castilla-La Mancha en ciencia, arte, cultura y deporte.

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