Acabamos de dejar atrás la Semana Santa, pero eso no significa que las figuras religiosas desaparezcan de nuestro día a día. En Cuenca, de hecho, ocurre todo lo contrario: hay una que sigue muy presente, vigilando desde lo alto a vecinos y visitantes. Hablamos del Sagrado Corazón de Jesús, una imponente figura que se ha convertido en parte inseparable del paisaje conquense.
Situado en lo alto del cerro del Socorro, a más de 1.100 metros de altitud, este monumento destaca tanto por su tamaño como por su ubicación. Desde allí, domina el horizonte de la ciudad y se convierte en un punto de referencia visible prácticamente desde cualquier rincón, especialmente cuando cae la noche y queda iluminado.
La construcción de esta estatua arrancó en 1951, impulsada por el entonces obispo Inocencio Rodríguez Díez. El diseño fue obra del arquitecto Eduardo Torallas, mientras que la ejecución corrió a cargo del estudio de Andrés Rodríguez Escribano. No fue un camino fácil: las obras se paralizaron durante un tiempo por falta de financiación, lo que obligó a buscar apoyos económicos. Finalmente, con aportaciones institucionales y la implicación de los propios vecinos, el proyecto salió adelante.

La inauguración tuvo lugar el 14 de julio de 1957, tras una inversión que alcanzó el millón de pesetas. Aquel día, miles de personas se reunieron para asistir a la consagración del monumento, que desde entonces forma parte del perfil más reconocible de la ciudad.
En cuanto a sus dimensiones, impresiona. La figura de Jesús alcanza los 30 metros de altura y se eleva sobre un pedestal de unos 20 metros construido con piedra de las canteras de Cuenca. La escultura fue realizada por José Bieto Masip con piedra procedente de Torrubia del Campo. En la parte superior destaca una gran aureola metálica en forma de cruz, mientras que en la base se puede ver una imagen de la Virgen del Perpetuo Socorro.

Pero más allá de su valor religioso, el lugar se ha convertido en uno de los mejores miradores de Cuenca. Desde sus pies se puede contemplar una panorámica espectacular del casco antiguo, con sus casas colgadas y el trazado de las hoces. Subir hasta allí merece la pena solo por las vistas.
El entorno también guarda historia. Antes de levantarse el monumento, en este mismo punto hubo una antigua ermita y restos defensivos de la Guerra Civil, como un fortín y el conocido blocao de Mirabueno, de los que aún quedan vestigios. Además, el camino tradicional hasta la cima seguía un vía crucis con catorce estaciones, lo que refuerza el carácter simbólico del enclave.
Hoy en día, llegar hasta el Sagrado Corazón es mucho más sencillo. Se puede subir en coche o a pie, en un recorrido de unos 30 minutos, siendo una de las rutas más habituales la que parte desde el Parador Nacional. Un paseo que combina naturaleza, historia y unas vistas que difícilmente se olvidan.

Ubicado sobre la Hoz del Huécar, este monumento no solo es uno de los más emblemáticos de Cuenca, sino también una presencia constante. Pasees por el centro o recorras el casco antiguo, la figura de Jesús aparece en el horizonte, recordando que, más allá de fechas señaladas, sigue formando parte del día a día de la ciudad.


