Las calles de Villarta de San Juan han vuelto a retumbar este 24 de enero con motivo de la festividad de Las Paces, en una edición marcada por la emotividad, la pólvora y, especialmente, por su estreno oficial como Bien de Interés Cultural (BIC). Por primera vez, la procesión de la Virgen de la Paz ha sido celebrada bajo esta figura de protección que reconoce y refuerza el valor patrimonial y cultural de una fiesta con más de 650 años de historia.
Desde el mediodía y durante más de cinco horas, el municipio ciudadrealeño se ha envuelto en un estruendo incesante de más de 100.000 cohetes, lanzados por cerca de 30 peñas coheteras que, generación tras generación, mantienen viva una de las tradiciones más singulares del calendario festivo castellano-manchego.
“Cada cohete es una ofrenda a la Virgen de la Paz”
El sentimiento religioso ha impregnado toda la jornada, con miles de villarteros y visitantes acompañando a la imagen de la Virgen de la Paz en su recorrido procesional. Las calles, llenas de humo, ruido y emoción, han sido testigo del fervor que caracteriza a esta celebración. “Cada cohete es una ofrenda a la Virgen. Es una forma de decirle: ‘Gracias, estamos aquí’”, explicaba Jesús González, cofundador de la peña Tirantilla. “Muchos lo hacemos por nuestros hijos, por la salud, por el trabajo… es nuestro agradecimiento anual”.
Desde dentro de las peñas, la emoción se percibe con intensidad. Para Fernando García, también miembro de la peña Tirantilla, el momento más impactante es claro: “Cuando le cantamos a la Virgen, y cuando llega la Operación 2000. Ese canto es lo más bonito que se puede hacer aquí en Villarta”.
Luis Urbano, otro integrante de Tirantilla, destacaba que la pólvora es “una forma de aplaudir, de hacer ruido para que la Virgen nos escuche y siga bajo su manto protegiéndonos todo el año”.
Una fiesta de transmisión intergeneracional
Lo que comenzó como una devoción familiar se ha convertido en una poderosa seña de identidad compartida. Jóvenes, mayores y niños viven Las Paces como un vínculo irrenunciable con su tierra. Fátima, una villartera que reside fuera del pueblo, lo resume así: “Siempre que puedo vengo. Esta fiesta es alegría, es unión y emoción. Nos conecta con los que estamos y con los que ya no están”.
La tradición se transmite desde la infancia. Muchos niños, aún sin poder tirar cohetes por edad, ya viven la jornada desde dentro: “Nos ponemos en los balcones o seguimos a la Virgen. Lo que más me gusta es cuando la sacan, porque es muy bonita”, explicaban varios menores.
También Ana Filoso compartía cómo su familia ha ido integrando a los más pequeños: “Aunque no tiramos cohetes, cada año venimos a desayunar con la peña, acompañamos a los nuestros y compartimos ese momento tan nuestro”.
La Operación 2000, el clímax de la fiesta
Uno de los momentos más esperados y simbólicos de la jornada llegó a media tarde con la Operación 2000, en la que desde el mirador de la iglesia de San Juan se lanzan de forma casi simultánea 2.000 docenas de cohetes. “Ha salido muy bien, a pesar del viento. Es un momento único, y lo mejor es ver cómo la gente disfruta”, destacaba uno de los responsables de la organización.
Esta descarga masiva de pólvora simboliza una ofrenda colectiva del pueblo a su patrona. “Es una tradición que surgió para quienes no podían tirar cohetes durante toda la procesión, pero querían ofrecer algo a la Virgen. Ahora es un momento que nos pone la piel de gallina”, aseguraba otro cohetero veterano.
Reconocimiento y preocupación por el futuro
La alcaldesa de Villarta, Irene Ruiz, puso en valor el nuevo estatus legal de Las Paces: “Este reconocimiento como Bien de Interés Cultural es un paso necesario para proteger una tradición única, mantenida con esfuerzo por generaciones de villarteros”.
Sin embargo, hay inquietud sobre las crecientes restricciones administrativas para el uso de pólvora. “El miedo no es que los jóvenes no quieran continuar —porque lo hacen—, el problema está en la legislación, cada vez más complicada”, alertaba Jesús González.
Pese a ello, el sentimiento general es de orgullo. María Antonia Marchante, cohetera mayor 2026 y además veterana participante, así lo expresaba: “Esto no se puede explicar. Se lleva en la sangre.”.
Con la vista puesta en el próximo año
Tras el regreso de la imagen de la Virgen a su templo y la tradicional subasta para determinar quién la portará en 2027, Villarta de San Juan se despide de una edición inolvidable de Las Paces. Ya con el nuevo título de Bien de Interés Cultural, la fiesta no solo gana en protección institucional, sino en proyección hacia el exterior.
“Las Paces no se pueden entender si no eres de aquí, si no las has vivido desde pequeño”, sentenciaba una joven participante. Pero quienes las visitan por primera vez, vuelven. Y es que Las Paces son, por encima de todo, fe, ruido, memoria y comunidad.










































