Hacer deporte al aire libre y contemplar la belleza de la naturaleza no debería tener límites. En Castilla-La Mancha, esto es una realidad gracias a itinerarios como el Sendero de la Isla del Pan, en el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel, adaptado para personas con movilidad reducida.
Este recorrido también es una opción ideal para familias que acuden con carritos de bebé, permitiendo a todos vivir una experiencia inmersiva en uno de los espacios naturales más emblemáticos del país.
Se trata de una ruta circular, de baja dificultad y de unos 2,5 kilómetros, con un tiempo estimado de dos horas para completar ida y vuelta. El itinerario parte desde el Centro de Recepción de Visitantes y discurre sobre pasarelas de madera perfectamente acondicionadas, tanto sobre el agua como sobre las islas. Salvo un pequeño tramo entre la Isla de la Entradilla y la de El Descanso, todo el sendero es accesible.
Un paseo por las islas del humedal
El recorrido atraviesa cinco islas del parque, situadas en su parte más oriental: La Entradilla, El Descanso, Isla del Pan, Isla de los Tarayes e Isla del Maturro, unidas entre sí por puentes y pasarelas de madera. A lo largo del sendero, hay varios miradores y balcones sobre el agua que permiten contemplar la fauna en su hábitat natural, haciendo del paseo una experiencia didáctica y relajante a partes iguales.

La Isla de la Entradilla es el primer punto del trayecto. Desde aquí se observan las primeras “tablas”, zonas inundadas características del parque. El paisaje está dominado por los tarayes, que rodean la isla como un cinturón vegetal. En este tramo es habitual ver aves como la focha común, la gallineta de agua o incluso algunos ánades en vuelo. Durante la época de cría, es frecuente escuchar el canto de carriceros y ruiseñores bastardos. En invierno, el mosquitero común es otro de los protagonistas.
Desde la Isla del Descanso, los visitantes pueden asomarse a la tabla del mismo nombre. En época seca, abundan aquí las aves limícolas, mientras que en épocas más húmedas son las anátidas y las fochas quienes toman el protagonismo. Durante la primavera es habitual ver el vuelo de garzas sobre las aguas.
El corazón del sendero: la Isla del Pan
Tras una pasarela se alcanza la Isla del Pan, la mayor de todo el recorrido. Se cree que su nombre se debe a antiguos hornos que los pescadores usaban para cocer pan, aunque actualmente no queda rastro de ellos. La isla acoge uno de los observatorios mejor situados del parque, desde el cual se pueden contemplar grandes extensiones del humedal y observar a las aves sin molestarlas. Es un punto ideal para quienes lleven prismáticos o telescopio.

En esta isla crece un frondoso bosquete de tarayes que sirve de refugio a especies como el jilguero, el autillo o el búho chico. El canto del jilguero en época de celo o el sonido aflautado del autillo al anochecer añaden una dimensión sonora al paseo. También es común ver conejos en sus madrigueras entre los matorrales.
Desde la Isla del Pan se llega a la Isla de los Tarayes y de ahí a la Isla del Maturro, cruzando por otro observatorio de fauna donde es posible ver una gran variedad de anátidas. El circuito termina con el paso sobre el puente de las tablas del Maturro, desde donde se puede observar al cuchara común, especie habitual durante el invierno.
Además, el sendero se puede completar con una visita a la cercana Laguna de Aclimatación, donde se muestra una representación de las aves acuáticas que se encuentran en Las Tablas durante todo el año.

Naturaleza accesible y para todos
Este itinerario ofrece una oportunidad única para conocer uno de los ecosistemas más singulares de la península de manera cómoda, segura y adaptada a todas las edades. La posibilidad de avistamiento de fauna es alta durante todo el año, especialmente si se visita el parque a primera hora de la mañana o al atardecer, cuando muchas aves realizan sus vuelos o cortejos.
En definitiva, el Sendero de la Isla del Pan es un ejemplo claro de cómo los espacios naturales pueden abrirse a todos los públicos sin renunciar a su valor ecológico ni a su belleza. Una ruta pensada para disfrutar del medio ambiente sin barreras.



