Un estudio científico desarrollado por el Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), centro mixto del CSIC, la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) y la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha, ha demostrado que un olor artificial como el de la vainilla puede ayudar a que depredadores como el zorro aprendan a evitar determinados alimentos.
La investigación plantea una posible nueva herramienta para reducir los conflictos entre la fauna silvestre y las actividades humanas, especialmente en zonas donde ambos comparten espacio y donde los ataques de depredadores a ganado doméstico o especies cinegéticas generan impactos económicos, sociales y ecológicos.
En los últimos años ha crecido el interés por métodos de gestión no letales que permitan modificar el comportamiento de los animales sin eliminarlos. Entre estas estrategias se encuentran los repelentes químicos, que provocan rechazo cuando los animales los detectan por el olfato o el gusto, así como técnicas basadas en aprendizaje por aversión condicionada, mediante las que el animal asocia un alimento con una experiencia negativa y aprende posteriormente a evitarlo.
Un experimento con zorros y olor a vainilla
En este trabajo, los investigadores analizaron la eficacia de combinar capsaicina —el compuesto picante presente en los chiles— con un olor artificial de vainilla, para comprobar si los depredadores podían aprender a relacionar ese olor con una experiencia desagradable.
Para el experimento se utilizó el zorro rojo como especie modelo, un mesocarnívoro abundante que con frecuencia se ve implicado en conflictos con actividades humanas.
Los investigadores colocaron 226 cebos de carne en ocho puntos del campo, vigilados mediante cámaras de fototrampeo que permitían registrar el comportamiento de los animales que acudían a alimentarse.
Aproximadamente el 70 % de los cebos fueron consumidos, siendo el zorro la especie que más los aprovechó, seguido por jabalíes y otros mesocarnívoros como el meloncillo o la garduña.
Cambios de comportamiento tras la experiencia negativa
Los resultados mostraron que la presencia del repelente no redujo el número total de cebos consumidos por los zorros, pero sí produjo cambios significativos en su comportamiento.
Cuando los cebos incluían capsaicina y olor a vainilla, los animales tardaban más tiempo en consumirlos tras encontrarlos. Este mismo comportamiento se repitió posteriormente incluso cuando los cebos solo contenían olor a vainilla, lo que sugiere que los animales habían aprendido a asociar ese olor con una experiencia desagradable.
Las cámaras registraron además reacciones típicas ante el picante, como frotarse la cara contra el suelo, rascar el cebo, salivar o mostrar signos de incomodidad. Estas respuestas también aparecieron en fases posteriores en las que ya no estaba presente el repelente.
Una posible herramienta para la gestión de fauna
Los investigadores interpretan estos resultados según la teoría del riesgo-beneficio, que explica que el animal puede percibir el posible malestar pero aun así decidir consumir el alimento si la recompensa es suficientemente valiosa.
Aun así, los autores advierten de que se trata de un estudio piloto con un número limitado de puntos de muestreo y de individuos, por lo que será necesario realizar nuevas investigaciones para confirmar los resultados.
Pese a ello, el trabajo sugiere que el uso de olores asociados a repelentes podría convertirse en una herramienta innovadora, segura y de bajo coste para reducir los daños causados por depredadores en cultivos, granjas o especies amenazadas, contribuyendo así a mejorar la convivencia entre la fauna silvestre y las actividades humanas.



