viernes, 9 enero 2026

Ayer y hoy: así lucían estas 5 conocidas plazas de Castilla-La Mancha hace cien años

Un recorrido visual por algunos de los espacios urbanos más emblemáticos de la región, comparando su aspecto actual con imágenes tomadas entre finales del siglo XIX y el siglo XX

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Las plazas han sido históricamente el corazón de pueblos y ciudades. Lugares de encuentro, comercio y celebración que, con el paso del tiempo, han ido adaptándose a nuevas necesidades sin perder su esencia. Las imágenes antiguas que acompañan esta información permiten comprobar cómo ha cambiado —o se ha mantenido— el aspecto de cinco plazas muy conocidas de Castilla-La Mancha a lo largo del último siglo.

  • Plaza de Zocodover, Toledo

Considerada la plaza principal de Toledo, Zocodover tiene un origen muy antiguo que podría remontarse a la época romana, aunque conserva sobre todo la huella de la arquitectura y la cultura árabe. De hecho, su nombre procede de la castellanización de un término árabe que significa “mercado de las bestias”, en referencia al zoco que se instalaba en este espacio.

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Desde la Edad Media, su trazado casi triangular, sus límites y accesos apenas han variado. En 1465, el rey Enrique IV autorizó la celebración de una feria semanal en este lugar, conocida popularmente como el “Martes”. La fotografía que acompaña esta plaza corresponde a la década de 1920 y muestra un espacio ya consolidado como punto de encuentro para vecinos y visitantes, función que mantiene en la actualidad.

La Plaza del Altozano es uno de los espacios más representativos del centro histórico de Albacete y su origen se sitúa en la Edad Media. Como ocurre con muchas plazas antiguas, resulta complejo determinar con exactitud cuándo se configuró y qué denominaciones tuvo antes de la existencia de un callejero oficial.

Su regulación urbanística comenzó a finales del siglo XIX, en un contexto de crecimiento y transformación de la ciudad. La imagen adjunta, datada en 1885, permite observar un Altozano muy distinto al actual, previo a las grandes intervenciones urbanas que acabarían definiendo su papel como nodo central de la ciudad. A lo largo del tiempo, factores sociales, políticos y demográficos han ido marcando su evolución.

  • Plaza Mayor de Ocaña

La Plaza Mayor de Ocaña es un ejemplo característico de las plazas castellanas de planta regular y arquitectura monumental. Diseñada por el arquitecto Francisco Sánchez de Madrid, su construcción comenzó en 1782 y tres de sus cuatro fachadas quedaron finalizadas en 1791, durante el reinado de Carlos III.

De grandes proporciones y marcada simetría, el espacio es rectangular, casi cuadrado, y está completamente porticado. A lo largo de su historia ha sufrido diversos episodios y reformas, desde los daños ocasionados durante la Guerra de la Independencia hasta las actuaciones del siglo XX que culminaron con su pavimentación en 1969. La fotografía de los años 60 refleja una plaza ya muy similar a la actual, aunque todavía en proceso de adaptación a los nuevos usos urbanos.

  • Plaza Mayor de Ciudad Real

Centro neurálgico de la capital provincial, la Plaza Mayor de Ciudad Real ha sido desde sus orígenes el principal espacio público y social de la ciudad. En la Edad Media albergaba mercados, ferias y actos colectivos, funciones que han ido transformándose con el paso de los siglos.

Durante el siglo XIX se produjeron importantes cambios urbanísticos, con la construcción de edificios administrativos y comerciales. Ya en el siglo XX, la plaza fue progresivamente peatonalizada, reforzando su papel como lugar de encuentro ciudadano y escenario de actividades culturales. La imagen de 1979 que acompaña esta información muestra una plaza en plena transición hacia el modelo actual, rodeada de edificios tan reconocibles como el Ayuntamiento, la Casa del Arco y numerosos comercios.

  • Plaza Mayor de Chinchilla de Montearagón

La Plaza Mayor de Chinchilla de Montearagón quedó configurada arquitectónicamente en el siglo XVIII y presenta una planta rectangular rodeada de edificios de gran valor patrimonial. Entre ellos destacan la iglesia arciprestal de Santa María del Salvador, el Ayuntamiento con su fachada barroca y el medallón de Carlos III, el Casino y la torre del reloj de estilo neoclásico.

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Históricamente, este espacio era más cerrado que en la actualidad, con casas, soportales y arcos que condicionaban los accesos. La plaza se comunicaba a través del Arco de la Villa y estaba custodiada por dos cañones procedentes del castillo, que aún se conservan y que fueron dañados en 1812 por las tropas francesas. La fotografía de 1930 permite apreciar un entorno más recogido, muy diferente al aspecto abierto que presenta hoy.

Las imágenes históricas de estas cinco plazas reflejan cómo el paso del tiempo ha transformado los espacios urbanos de Castilla-La Mancha, manteniendo en muchos casos su esencia original, pero adaptándolos a nuevas formas de vida y convivencia ciudadana.

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