Aunque el verano está cada vez más cerca de acabar, todavía queda tiempo para apurar esos últimos planes que saben a escapada, naturaleza y días largos. Y mientras las altas temperaturas sigan acompañando, cualquier propuesta capaz de hacer compatibles el ocio y el calor gana unos cuantos puntos. Por eso, hoy ponemos rumbo a Aýna, en la provincia de Albacete, para descubrir un rincón donde el agua, la sombra y las enormes paredes de roca hacen buena parte del trabajo.
El destino es El Rincón de la Toba, un paraje situado entre paredes que superan los 100 metros de altura y al que se llega a través de un paseo arbolado junto a las piscinas municipales. Es el conocido como Paseo de La Toba, que conduce hasta el manantial y una zona recreativa.
A partir de ahí, el agua se convierte en la protagonista. Sale del manantial y avanza por acequias y balsas, entre canales, fuentes y pequeños saltos que acompañan el recorrido. Un paisaje especialmente agradecido en verano, cuando la sombra de los árboles y el sonido continuo del agua ofrecen una alternativa a los planes bajo el sol.
Pero estas acequias tienen también una función más allá de refrescar el ambiente. El agua procedente del manantial forma parte del sistema tradicional de abastecimiento de Aýna y sirve para el riego de las huertas de los alrededores.


Entre paredes de roca y bajo el Mirador del Diablo
El escenario pone el resto. El Rincón de la Toba queda encajado entre grandes paredes rocosas, bajo el Mirador del Diablo. A mitad de una de ellas puede distinguirse la Cueva del Tío Fiel, mientras que la propia roca muestra las huellas que el agua ha ido dejando con su acción.
No hace falta demasiado para disfrutar del lugar: caminar sin prisas, escuchar el agua correr por las acequias y dejar que el ruido de las aves sustituya durante un rato al habitual sonido de coches y calles. Una pequeña tregua en plena naturaleza dentro de Aýna, localidad conocida también como la «Suiza manchega«.
El área recreativa permite alargar esa parada. Cuenta con zonas de sombra, espacios para sentarse y comer y un parque infantil, por lo que puede encajar tanto en una salida familiar como en una escapada para quien simplemente busque descansar un rato.
Y todavía queda una última parada.


Una cascada antes de llegar al río Mundo
Junto al Puente de las Correras, tomando un camino que sale desde una de sus orillas, se encuentra la Cascada del Arroyo de la Toba. El agua procede del mismo manantial y termina precipitándose en un salto de unos 20 metros antes de desembocar en el río Mundo.
La cascada puede visitarse dando un paseo desde el casco urbano de Aýna. También es posible acercarse en coche y aparcar en las proximidades, junto al Puente de las Correras.
Antes del salto, el agua del manantial alimenta la acequia histórica de Aýna. El sobrante cae prácticamente sobre el río Mundo y da lugar a una toba viva: la cal presente en el agua continúa acumulándose poco a poco sobre la roca y haciendo crecer la formación.
Sobre la cascada aparecen además numerosas cuevas, de diferentes tamaños. Algunas fueron utilizadas como refugio natural para el ganado y pueden contemplarse mejor desde el otro lado del Puente de las Correras.
Entre acequias, árboles, roca y una cascada como recompensa final, La Toba deja uno de esos planes sencillos con los que todavía se puede arañar un poco más al verano antes de darlo por terminado.
