Hoy, 28 de abril de 2026, se cumple un año del apagón generalizado que dejó sin suministro eléctrico a millones de personas en España. El suceso, que se prolongó durante varias horas, supuso una amenaza directa para las personas electrodependientes con discapacidad, cuya supervivencia depende de equipos médicos eléctricos como respiradores, sillas motorizadas o camas articuladas.
En Castilla-La Mancha, los afectados y sus familias han aprovechado este aniversario para reclamar un plan de acción específico que les proteja ante futuros cortes de luz.
Las interrupciones del suministro eléctrico han evidenciado la vulnerabilidad de este colectivo y la necesidad de reforzar su protección legal. El Ministerio de Sanidad trabaja actualmente en la regulación de la electrodependencia para garantizar la protección ante posibles apagones, aunque las familias insisten en la urgencia de medidas concretas.
Fernando, padre de ‘Chencho’, un joven electrodependiente de Toledo, relató cómo vivieron la jornada del apagón. El respirador de su hijo, aunque dispone de una batería interna de 3 a 4 horas, depende fundamentalmente de la red eléctrica. «Siempre que se va la luz, tengo una ligera sensación de angustia», reconoce Fernando, quien recuerda cómo aquel día la preocupación aumentó al recibir la llamada de un amigo desde 500 kilómetros de distancia preguntando si tenían luz.
A pesar de que su vivienda está considerada domicilio vulnerable, lo que les garantiza el suministro, Fernando lamenta que ese día fue imposible contactar con la distribuidora eléctrica. «Estaba todo cerrado, no había ningún tipo de información y era imposible saber nada de lo que estaba ocurriendo», explica.
Ante la gravedad de la situación, mientras otros vecinos compraban pilas para sus transistores, él buscó pilas para el marcapasos diafragmático de su hijo y preparó el coche para recargar los equipos médicos. «Mi angustia como padre y como cuidador principal de mi hijo se unía a la necesidad de evitar que mi hijo percibiera lo que estaba pasando», subraya Fernando, quien destaca la importancia de contar con un plan de acción y puntos de recarga en caso de emergencia. «No he recibido ninguna instrucción de los organismos competentes de dónde dirigirse en el caso de que vuelva a ocurrir», denuncia.
El testimonio de Fouad Akoudad Omoum, padre de Salma, una joven de 19 años con una discapacidad del 96% que requiere respiración asistida y se desplaza en silla de ruedas motorizada, refleja una experiencia similar. «Fue de mucho caos y pánico, porque es una cosa que nunca la hemos vivido y nunca lo habíamos tenido en cuenta», admite Fouad.
El apagón sorprendió a Salma en el colegio, y al regresar a casa, la familia se vio obligada a llevarla corriendo al hospital al no funcionar el ascensor. «El hospital está bien preparado» para emergencias energéticas, señala Fouad, quien reconoce que fue una suerte tener un hospital cerca. La incertidumbre vivida le ha llevado a plantearse la compra de un generador. «El aparato le da la vida a ella. Es un pulmón», enfatiza, y pide medidas específicas para las personas electrodependientes, a quienes considera especialmente vulnerables.
«Siempre estamos luchando para ella», añade, agradeciendo el apoyo de la enfermera que permite a Salma llevar una vida lo más normal posible.
Enrique Alarcón, presidente de la Confederación de Personas con Discapacidad Física y Orgánica (Cocemfe) de Castilla-La Mancha, también sufrió las consecuencias del apagón. Alarcón, de 69 años y con una lesión medular, destaca la importancia del ascensor para su movilidad. «Vivo en un ático y el ascensor es fundamental para que pueda salir y entrar en casa», explica.
Describe el 28 de abril como un día de «incertidumbre e intranquilidad», agravado por el recuerdo reciente de la pandemia. «A los que somos electrodependientes estas situaciones nos dejan completamente bloqueados», afirma. Durante el apagón, apenas se movió para no agotar la batería de su silla de ruedas, contando con el apoyo de su familia.
Alarcón lamenta que la falta de comunicaciones impidiera a Cocemfe movilizarse como en otras emergencias. «En la dana, Cocemfe se movilizó rápido porque sabemos dónde está la gente, qué problemas tiene y podemos desplazar recursos para ayudarlos», recuerda. Aunque reconoce que la Administración actuó con rapidez en Albacete, reclama la elaboración de protocolos específicos.
«No recuerdo que hayamos elaborado algún itinerario de este nivel», señala, y propone que Protección Civil contacte primero con los portavoces de las personas con discapacidad, «porque los conocemos y sabemos qué clase de ayuda necesita cada uno».


