El cómico Millán Salcedo, natural de Brazatortas, Ciudad Real, ha sido homenajeado en el festival de comedia Gacha’s Comedy, donde recibió el reconocimiento de su tierra y el cariño del público. El acto tuvo lugar en el Teatro Circo, coincidiendo con la gira de su espectáculo ‘Preguntamelón’.
«Me encanta el nombre, me vuelve loco. Y que me hagan un homenaje en mi tierra… estoy encantado», declaró Salcedo en conversación con Europa Press antes de subir al escenario. El galardón, que lleva el nombre del deslenguado Sancho Panza, conecta al humorista con sus raíces. «El humor intrínseco manchego ya viene en el Quijote», explicó. «En mi generación aprendíamos a leer y a escribir con el Quijote. Soy de La Mancha, hidalgo, me tenía que servir», añadió con su característico sentido del humor.
Salcedo se encuentra actualmente inmerso en la gira de ‘Preguntamelón’, un espectáculo en el que responde a preguntas del público. «Hago entre una hora y media y hora y tres cuartos de ‘show’, y luego me tiro una hora más haciéndome fotos y hablando con la gente», detalló. Sobre la dinámica del espectáculo, comentó: «Hay una serie de preguntas que siempre me hacen, así que las rentabilizo en un escenario, que es mi sitio». Para el humorista, el escenario es mucho más que un lugar de trabajo: «Necesito del espacio escénico, para mí es, como cantaba Antonio Vega, el sitio de mi recreo. Medicamento puro».
Durante el acto, Salcedo también abordó aspectos personales de su vida, que ahora comparte abiertamente con el público. «He salido del armario, aunque todo el mundo ya lo sabía, pero bueno. ¿Por qué lo hago? Quizás parezca que no es necesario pero sí lo es, aunque solo sea porque quiero compartir con el público esa parte de mi vida, y reírnos juntos con algunas anécdotas», explicó.
El espectáculo revive momentos icónicos del dúo Martes y Trece, como el famoso ‘sketch’ de Encarna y las empanadillas. Salcedo relató cómo surgió ese número: «Ese especial de Nochevieja era en directo, solo se hacía un ensayo de escaleta el día antes para calcular tiempo. Preparamos un desfile de pastores, y yo tenía que salir con un borrego vivo sobre los hombros. Insistimos mucho en que el borrego tenía que ser de verdad, si no, no tenía gracia. Al día siguiente llegamos, y el borrego era de peluche y encima fucsia». Ante la imposibilidad de cambiar la escaleta, improvisaron el sketch que se convertiría en historia de la televisión española. «Dijimos que no lo hacíamos, pero la escaleta ya no se podía cambiar, teníamos que actuar el mismo tiempo. Así que ahí nos tienes a Josema [Yuste] y a mí pensando qué podíamos hacer. Se nos ocurrió lo de Encarna, las empanadillas. Salimos y lo hicimos. Recuerdo que yo me tenía que cabrear, no me podía reír, pero veía que todo el mundo estaba tronchado. Todo salió en el momento».
La espontaneidad, según Salcedo, era una de las señas de identidad del dúo: «Casi todos los números de Martes y Trece surgieron por sí solos. Había mucha química entre nosotros, nos hacíamos gracia mutuamente, y cualquier parida cobraba otra dimensión».
Tras la disolución de Martes y Trece en 1997, Salcedo ha desarrollado una carrera centrada en el teatro, la zarzuela y el espectáculo unipersonal. «Yo me subí a un piano verde, que se extendió durante diez años. También ha publicado tres libros y actualmente es muy activo en Instagram», afirmó. Sin embargo, reconoce que en España existe «la manía, sin mala intención seguramente, de poner una etiqueta». «Y mucha gente piensa: este siempre hace lo mismo», lamentó.
Salcedo también reflexionó sobre los claroscuros de la fama. «Mucha gente me dice: ‘mira Pajares cómo evolucionó, que hizo ¡Ay, Carmela! y le dieron un Goya’. ¡Coño, ya me hubiera gustado a mí que me cayera ese guion y ese director!», expuso. Además, señaló la presión que puede suponer la popularidad: «Hablo de cierto sector del público, que te exige de una manera loca que hagas lo del ojo o lo que sea. Hay algo que se llama estado anímico que lo tenemos todos, y a veces no te apetece». Recordó situaciones incómodas: «Alguna vez me ha pasado que viene alguien y suelta de la nada: ¡cuéntame un chiste! Pues discúlpeme, es que estoy con unos amigos. ¡Pues qué borde, es tu obligación, porque tú vives gracias a nosotros! Eso me ha pasado un par de veces o tres. Piensan que tienes que ser gracioso y ocurrente en ese mismo momento, y si no, pasan de quererte a odiarte para siempre».
Finalmente, Salcedo compartió una experiencia personal que ilustra la exigencia de su profesión: «El día que murió mi madre era el anterior a nuestro debut en una sala de fiestas. Y cuando llegó el momento salí y actué. No me digas cómo, pero salí a hacer de reír, como decía ella. No tengo ni idea de lo que hice, de cómo lo hice, pero fui capaz. Y ella estaba allí, viéndome desde algún lado y partiéndose con esas risotadas que tenía. De eso estoy seguro».



