Juan López García tiene 82 años, vive en Toledo y se ha convertido en un caso fuera de lo común en el ámbito del envejecimiento saludable. Lo que empezó como un intento casi fallido de correr una milla tras su jubilación ha terminado situándole en lo más alto del atletismo mundial en su franja de edad y bajo la lupa de investigadores europeos especializados en fisiología del ejercicio.
Cuando se retiró a los 66 años después de toda una vida trabajando como mecánico en Toledo, Juan apenas había hecho deporte. Su actividad física se limitaba a lo que le exigía el taller. De hecho, la primera vez que intentó correr una milla no consiguió terminarla. Apenas pudo arrancar. Sin embargo, decidió insistir.
Con constancia y sin prisas, fue aumentando las distancias. A los 70 años ya competía, primero en pruebas de 800 metros, después en distancias más largas y, con el tiempo, en maratones y ultramaratones. Hoy, más de tres lustros después de aquel primer intento, ostenta el récord mundial de maratón en la categoría de 80 a 84 años. Hace dos años ganó el campeonato mundial de su grupo de edad con un tiempo de 3 horas y 39 minutos, estableciendo además una nueva marca. Y es capaz de completar 50 kilómetros —distancia propia de ultramaratón— con una solvencia impropia de su edad.

Sus logros despertaron el interés de un equipo de científicos europeos que decidieron estudiar su caso en laboratorio. Tras someterle a distintas pruebas, los primeros resultados se publicaron en la revista especializada Frontiers in Physiology. Las conclusiones son llamativas: Juan presenta la mayor capacidad aeróbica registrada hasta ahora en un octogenario, con valores comparables a los de hombres sanos de entre 20 y 30 años.
Además de su elevado consumo máximo de oxígeno, los investigadores observaron que sus músculos son especialmente eficaces a la hora de captar y utilizar ese oxígeno, lo que le permite mantener ritmos rápidos y constantes durante largos periodos. Esa eficiencia muscular es una de las claves que explican su rendimiento en pruebas de larga distancia.
En otros aspectos, sin embargo, su perfil no resulta tan extraordinario. Mide aproximadamente 1,57 metros y pesa unos 59 kilos. Su biomecánica y su estructura corporal no difieren de manera llamativa de las de otras personas de su edad. Tampoco su entrenamiento es especialmente sofisticado: combina sesiones de carrera con ejercicios de fuerza varias veces por semana, la mayoría en casa y utilizando su propio peso corporal. A eso suma una alimentación de estilo mediterráneo.

Antes de aficionarse al atletismo, una de sus experiencias físicas más exigentes fue recorrer a pie unos 800 kilómetros del Camino de Santiago, entre Francia y España. Más allá de eso, el deporte nunca había sido una prioridad en su vida.
El estudio sobre Juan López García pone en cuestión algunas ideas muy extendidas sobre el envejecimiento. Sus resultados sugieren que empezar a correr a una edad avanzada no solo es posible, sino que puede generar adaptaciones fisiológicas sorprendentes. Su trayectoria demuestra que, incluso después de décadas de sedentarismo relativo, el cuerpo aún puede responder al entrenamiento de forma notable.
Desde Toledo, este antiguo mecánico convertido en récord mundial se ha transformado en un ejemplo de hasta dónde puede llegar la perseverancia. Su caso, ahora analizado por la ciencia, reabre el debate sobre los límites reales de la edad y sobre si, en realidad, alguna vez es demasiado tarde para calzarse unas zapatillas y empezar a correr.



