Las lluvias han vuelto a provocar graves goteras en los juzgados de Almagro, obligando a cerrar algunas zonas y a extremar las precauciones ante el riesgo que supone la acumulación de agua en el edificio.
Las precipitaciones de los últimos días han vuelto a poner en evidencia los graves problemas estructurales del edificio de los juzgados de Almagro, donde las filtraciones de agua son constantes cada vez que llueve. Una situación que se arrastra prácticamente desde su construcción, en torno a los años 2012 y 2013, y que ha llegado a un punto que los propios trabajadores califican de peligroso.
Según ha explicado la magistrada del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción nº 1 de Almagro, Lucía Montiagudo-Mena, el edificio “está mal hecho desde el primer momento”. Las goteras no son puntuales, sino continuas, hasta el punto de convertirse en “auténticos ríos de agua” que obligan a colocar cubos, pasar la fregona de forma constante y acordonar zonas con cinta para evitar caídas.
Las escaleras interiores presentan acumulaciones de agua, varias dependencias han dejado de funcionar y algunos equipos informáticos han quedado inutilizados debido a que el cuadro eléctrico se ha visto afectado por la entrada de agua. “Llega un punto en que esto es peligroso para cualquier persona; puede producirse un chispazo o algo más grave”, ha advertido la magistrada.
La zona más afectada es el ala izquierda del edificio, donde se concentran la oficina civil, el despacho del letrado de la Administración de Justicia y varias salas. Aunque, por el momento, no se han tenido que suspender juicios, al no estar dañada la sala de vistas, el acceso al edificio sí se ha visto alterado. La puerta principal permanece anegada y ciudadanos y profesionales se ven obligados a entrar por la puerta de emergencia y acceder por las escaleras interiores.
Desde el juzgado recuerdan que este no es un problema puntual causado por un episodio aislado de lluvias, sino la consecuencia de años de deficiencias estructurales y reparaciones parciales. A las goteras actuales se suman problemas históricos de climatización, con veranos en los que se han alcanzado los 35 grados en el interior e inviernos con temperaturas de hasta 8 grados, una situación que no se resolvió hasta el año pasado.
Tanto trabajadores como usuarios continúan desarrollando su actividad entre cubos, suelos mojados y zonas restringidas, confiando en que no se produzca ningún incidente grave.











