Las iglesias, catedrales y edificios religiosos forman parte esencial del legado histórico y cultural de España. A lo largo de los siglos, estos espacios no solo han sido centros de fe y espiritualidad, sino también pilares de desarrollo artístico, político y social. Desde las grandes catedrales góticas hasta los humildes templos rurales, cada estructura ha contribuido a moldear la identidad del territorio y a preservar las huellas del pasado.
Uno de los ejemplos más singulares de esta riqueza patrimonial se encuentra en tierras toledanas. Se trata de Santa María de Melque, un enclave que alberga el conjunto monástico más antiguo que se conserva en toda la Península Ibérica. Situado a escasos cinco kilómetros al noreste del municipio de San Martín de Montalbán, el lugar sorprende tanto por su valor histórico como por su buen estado de conservación.

El yacimiento, conocido como “Conjunto de Melque”, ha sido reconocido doblemente como Bien de Interés Cultural: la iglesia, en categoría de monumento; y el entorno, como Sitio Histórico. Todo el complejo se asienta sobre una finca rectangular de 25 hectáreas y tiene su origen en una antigua villa romana, lo que añade un estrato más a su rica historia.
Construido entre finales del siglo VII y comienzos del VIII, el monasterio fue ocupado por una comunidad de monjes que logró mantener el culto cristiano incluso tras la llegada del Islam.
Esta continuidad se prolongó hasta finales del siglo VIII, cuando los conflictos derivados de la nueva dominación provocaron su transformación en fortificación. Prueba de ello es la torre islámica levantada sobre el crucero de la iglesia, de la cual todavía se conservan vestigios.
El conjunto incluye elementos de gran interés como un recinto amurallado, cinco presas —algunas de origen romano, como la llamada “noroccidental”—, viviendas monacales y la iglesia propiamente dicha, cuyo estilo refleja influencias visigodas y mozárabes.

Con la Reconquista, Santa María de Melque volvió a ejercer su función litúrgica sin abandonar su papel defensivo, lo que favoreció la repoblación de la zona. Durante la Edad Media, fue ocupada por la Orden del Temple y pasó a formar parte de la Encomienda de Montalbán. Sin embargo, con el paso de los siglos fue perdiendo población hasta quedar como una sencilla ermita rural.
Este enclave no pasó desapercibido para los estudiosos: aparece mencionado en las Relaciones de Felipe II, y fue redescubierto a comienzos del siglo XX por el Conde de Cedillo, quien llevó a cabo una primera descripción en 1907. A partir de la década de 1960, diversas campañas de excavación y restauración han permitido conocer mejor la historia del lugar, así como acondicionarlo para su visita pública.

Hoy en día, la entrada a Santa María de Melque es gratuita y cuenta con un centro de interpretación anexo. En este espacio, los visitantes pueden profundizar en la ubicación geográfica y cultural del monumento, así como en la evolución del cristianismo primitivo y las características arquitectónicas de las iglesias visigodas y mozárabes. Todo ello convierte a este conjunto en un recurso de enorme valor tanto para estudiosos como para el público general.
Santa María de Melque es, sin duda, una joya histórica que no solo habla de un pasado remoto, sino que sigue viva como testimonio de la resistencia cultural y espiritual que ha marcado la historia de España.



