Escribo estas líneas para intentar decirte que no te sientas culpable si hoy, a mitad de la mañana, ya estás cansado del día, del mes y hasta del año; o empiezas a reconocer que, tal vez, has gestionado mal tus propósitos de año nuevo. No es falta de disciplina ni un signo del deterioro de tu carácter que se esté volviendo pusilánime. Es posible que estos días grises, fríos y empinados, con todo por hacer en este año recién estrenado hayan resultado propicios para que te haya visitado el “demonio del mediodía”, una criatura antigua, muy poco llamativa, pero muy persistente. Los monjes del desierto lo conocían bien, lo llamaban así porque atacaba cuando el sol estaba en lo más alto y el día se estancaba para ofrecerles esa mezcla incómoda de aburrimiento, desgana y una necesidad urgente de estar en cualquier otro lugar que no fuera el de siempre.
Ahora, esto se vende bajo el señuelo de una marca moderna y bien empaquetada, lista para ser consumida. Según el dichoso algoritmo, se manifestará este lunes, tercero, de enero, a eso de las doce, cuando el café ya no haga efecto y el “Blue Monday” empiece a cumplir su profecía. Será la acedia en horario fijo.
Es así como el “día más triste del año” tiene nombre, fecha y hashtag, en su versión anglosajona; como si nosotros no tuviéramos desde siempre nuestra cara de lunes o la cuesta de un mes que no termina nunca al comienzo del año, cuando se nos pide más energía de la que tenemos. En fin, queramos o no, el “Blue Monday” está aquí, con puntualidad británica, para que anotemos la tristeza en nuestra agenda. No será una verdad científica, pero no hace falta, porque enero pesa y no solo por el ánimo.
Por supuesto, no habrá que preocuparse mucho, porque para eso ya están las soluciones del mercado en cómodas cuotas; o las tentaciones, según se mire: rebajas, viajes, inscripciones al gimnasio o promesas renovadas de una versión de nosotros mismos que apenas hemos empezado a diseñar.
Quizá la clave esté en no tomarse demasiado en serio ni al demonio ni a este tercer lunes de enero; en aceptar que hay horas tediosas y días grises en los que, a veces, lo mejor es no hacer nada para negar el desánimo y aburrirse sin culpa ni dramatismos. Al fin y al cabo, mañana ya será martes.



