La localidad toledana de El Puente del Arzobispo, situada en la comarca de la Campana de Oropesa, ostenta el título de ser el municipio más pequeño de Castilla-La Mancha con una superficie de 0,98 km². Según los últimos datos del INE de 2024, cuenta con 1.151 habitantes, la cifra más baja de la última década, tras una pérdida progresiva de población desde los 1.337 vecinos que registraba en 2015.

El origen del municipio se remonta al siglo XIV, cuando Don Pedro Tenorio, arzobispo de Toledo y duque de Estrada, mandó construir un puente sobre el río Tajo en 1380. Su objetivo era facilitar el paso hacia el Santuario de la Virgen de Guadalupe en Extremadura, aunque la infraestructura también sirvió como vía de comunicación hacia Lisboa y Ávila. Alrededor de ese puente surgió el asentamiento que dio lugar a la actual localidad.
La construcción, realizada en sillares de piedra, contaba en un inicio con ocho arcos, a los que se añadieron tres más en el siglo XVIII para prevenir los efectos de las crecidas del Tajo. Seis siglos después, el puente se conserva en perfecto estado, siendo tanto un símbolo patrimonial como una infraestructura aún en uso.

El trazado urbano mantiene su carácter medieval, con edificios significativos fechados entre los siglos XIV y XVII, junto a vestigios anteriores como los molinos de Santa Catalina, del siglo XII. Entre su patrimonio civil destacan el Rollo jurisdiccional y la casa de Diego de Villarroel, además de las casas populares encaladas y con soportales que conservan la estética manchega.
En el ámbito religioso, sobresalen la iglesia de Santa Catalina, de estilo gótico-mudéjar, el convento franciscano dedicado a Nuestra Señora de Majano y la ermita de Nuestra Señora de la Bienvenida.

La cerámica constituye uno de los principales emblemas de El Puente del Arzobispo. Con una tradición que se remonta al menos al siglo XV, la localidad ha desarrollado una producción artesanal propia, diferenciada de la de Talavera de la Reina desde el siglo XVIII. El uso de óxidos minerales como el cobalto, el cobre o el manganeso ha permitido a los artesanos mantener una paleta de colores característicos en tonos azules, verdes, amarillos y anaranjados.
El 11 de diciembre de 2019, la UNESCO reconoció esta tradición inscribiendo la cerámica de El Puente del Arzobispo en su Lista Representativa del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. La organización destacó que los procedimientos de fabricación, decoración y esmaltado se mantienen idénticos a los practicados en el siglo XVI.

Hoy, además de su patrimonio histórico y arquitectónico, la localidad continúa celebrando su identidad artesanal con fiestas en honor a las patronas de los ceramistas, Santas Justa y Rufina, y con el tradicional “bautizo de barro”, reforzando así el vínculo entre la comunidad y una de las tradiciones más arraigadas de Castilla-La Mancha.