Me preguntan en las últimas semanas en los medios de comunicación por los pronósticos dentro de un mes en las urnas: Si la ciudadanÃa elegirá mayoritariamente dar continuidad al proyecto polÃtico actual, o si elegirán derogación, atrasismo, polÃticas ya ensayadas con nefastas consecuencias para la gente. Algunos lo tienen claro, yo no tanto.
Sinceramente, me cuesta ver dónde ha fallado el discurso polÃtico y público para que los evidentes signos de mejora, los resultados objetivamente positivos de las polÃticas sociales y económicas adoptadas estos años, no sean valoradas por una parte considerable de las personas llamadas a las urnas. Hay quien dice que es que ahora la polÃtica va más a las emociones, quizá, pero yo ya sé qué clase de emociones provocan las polÃticas del recorte, la privatización, los privilegios para los amigos, y los ricos cada vez más ricos. No es lo que quiero para mi paÃs.
A quienes han visto las recetas y las formas de gobernar de unos y otros, a quienes hemos vivido los efectos crueles de las polÃticas neoliberales, nos tiene que sorprender sin remedio el anunciado castigo a un gobierno occidental y europeo, el español, que se ha atrevido a pensar en un proyecto de paÃs más allá del aquà y ahora, afrontando la modernización pendiente de cuestiones estratégicas para una sociedad: Cómo es el trabajo que queremos, qué polÃtica económica necesitamos, qué merecen las personas que llegan a la jubilación, qué papel deben jugar los servicios públicos, cómo actuar ante la emergencia climática, cómo poner a las mujeres a la altura de los hombres en cada faceta de la vida pública y privada.
Ese es el proyecto polÃtico que se decide en pocas semanas, si continuamos en la dirección de modernizar este paÃs, cambiando las relaciones laborales, cambiando la forma de producir y de relacionarnos con el medio ambiente, desde un Estado emprendedor que tenga más peso en la vida diaria de la gente y asegure la cobertura de sus necesidades.
De todo eso va lo de gobernar, y en CCOO desde luego defendemos una agenda polÃtica que además sea dialogada y participada desde el diálogo social. Porque nos toca decidir no solo quién gobierna, sino para qué gobierna, para quién, y quiénes deberÃan tener interés en esa agenda polÃtica.
¿Nos interesa una polÃtica energética que con la llamada excepción ibérica haya ahorrado a los hogares y empresas de este paÃs más de 5.000 millones en un año, eso que para Núñez Feijoo era un timo? ¿Interesa a los pensionistas garantizar una revalorización de sus pensiones, tras toda la vida trabajando? ¿Interesa a los jóvenes un gobierno que decida acotar la subida de precios de la vivienda, poner un salario mÃnimo más alto, o cargarse las trampas en la contratación? ¿Interesa a las mujeres un gobierno ocupado en que se pueda conciliar la vida familiar, los cuidados, y el desarrollo profesional? ¿Interesa a quien va tener un primer empleo saber que la administración pública vigila los abusos, las horas sin cobrar? ¿Interesa a una pequeña empresa un gobierno que deje de legislar para las grandes compañÃas, y se ocupe en cambio de sus problemas?
DecÃa Virginia Woolf que no se puede ser feliz en la vida si las condiciones no te lo permiten. De eso tratan las próximas elecciones. Nos jugamos un cambio de modelo social, y lo que tienen que ofrecer extremistas y radicales no es lo que este paÃs, ni esta sociedad ni Europa ni el mundo necesitan. Dar marcha atrás en lo que hemos caminado en esta legislatura es su programa, precisamente porque ese camino ha desmontado todos y cada uno de los mantras del neoliberalismo.
Pero ni España ni Europa están para volver a la senda equivocada, menos aun con una derecha desquiciada que va de la mano con la ultraderecha, los herederos de la cultura de la patada al perro, la mujer a fregar, Santiago y cierra España. No hay nada en ese camino que nos vaya a ayudar como comunidad, como sociedad, ni a nosotros ni a nuestros hijos.
Está en nuestras manos elegir. Estamos a tiempo.